Rajoy y las cloacas de los otros
Antes de su última crónica sobre el Mundial, los textos de Rajoy resultaban divertidos porque mostraban que tampoco sabe de fútbol. El expresidente cultiva esa supuesta sorna gallega que todos sabemos identificar, pero que no podríamos describir, y ahí es precisamente donde se sustenta el género. La duda, al principio, consistía en si sus frases eran involuntariamente irónicas o si, dado su repertorio de lapsus y emulaciones del Ozores farfullero, ha acabado acomodándose a su personaje para no defraudar como monologuista, ya que no pudo evitarlo como presidente. El problema es cuando del arsenal de recursos extrae guiños que no hacen maldita la gracia porque contienen ofensas y desvelan las claves de un sentido del humor que caducó con los chistes de Franco. Su humorada más lograda ha consistido en publicar un libro que se pretende un manual del buen gobernante. Quién nos iba a decir que Rajoy acabaría siendo algo así como un rapero Baltónyc de derechas.
[–>[–>[–>Pero la cuestión no está en que sus simplezas acaben creando un conflicto diplomático. Nadie puede pedirle que deje de ser lo que parece y lo que es. Antes de esto, la responsabilidad es del PP. Del PP de Feijóo, que mientras denuncia razonablemente la corrupción en el PSOE y la existencia de cloacas en Ferraz para taparla, sigue exhibiendo a Rajoy en mítines y actos públicos, el más reciente la toma de posesión de Moreno Bonilla. ¿Qué credibilidad puede tener un partido que reivindica a un expresidente bajo cuyo mandato se extendieron las tramas Gürtel y Bárcenas y que para tapar sus consecuencias alentó una cloaca policial a fin de neutralizar las pruebas documentales que podrían implicar a Eme Punto Rajoy? El hecho de que, de momento, este último caso no haya tenido una repercusión judicial de alcance, no exime a Rajoy de una grave responsabilidad política, de la misma naturaleza de la que el PP exige a Sánchez. Es algo tan evidente que causa grima verlo bajo palio en las procesiones de los populares.
[–> [–>[–>Que Rajoy sea racista es una lacra suya y de su conciencia. Lo peor es que , después de lo de Bárcenas, todavía le permitan representar a su partido mientras dicen condenar la corrupción. La corrupción de los otros.
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