seis de cada diez españoles se plantean hacer un «simpa» por la lentitud
El verano ya está aquí y, con él, llega una de las épocas más importantes del año para la hostelería española. Con las terrazas llenas y la exigencia al máximo, falta de personal vuelve a ser uno de los principales retos del sector. Muchos bares y restaurantes tienen dificultades para ofrecer un servicio ágil, situación que no sólo deteriora la experiencia del cliente, sino que también reduce la facturación. Las largas esperas para ser atendido o pagar la factura provocan pérdidas de ventas e incluso llevan a que algunos clientes se vayan sin pagar.
Así se refleja en el informe «Revolución en la mesa», elaborado por Cegid Revo, que concluye que la combinación de plantillas ajustadas, alta rotación de personal y falta de herramientas de digitalización está poniendo a prueba la rentabilidad de los establecimientos en plena temporada estival.
El 62% de los españoles reconoce haberlo hecho una «simpa» o haber estado a punto de hacerlo porque la espera para recibir la factura o el datáfono fue excesiva. Además, el 70% afirma que penaliza la reputación de un restaurante si la cuenta tarda entre cinco y diez minutos en llegar a la mesa, mientras que cuatro de cada diez considera que el servicio ya es «malo» cuando la espera llega a los cinco minutos.
La lentitud del servicio también tiene un efecto directo en el consumo. Casi el 60% de los clientes afirma que ha renunciado a pedir un postre o una segunda bebida simplemente porque no tiene que buscar un camarero para que le atiendan.. A esto se suma que el 84% admite sentirse frustrado cuando tiene que “perseguir” al personal para pagar o solicitar un producto adicional, situación que se traduce en menores ingresos para los negocios.
La tecnología, aliada del personal
El verdadero desafío no es reemplazar a los camareros, sino Proporcionarles herramientas que les permitan gestionar el servicio de forma más eficiente. Este problema se ve agravado por un contexto de elevada rotación de personal, equipos con menor experiencia y dificultad creciente para coordinar el trabajo en las horas punta.
En este escenario, la tecnología surge como un apoyo para mejorar las operaciones sin perder el trato humano. De hecho, El 93% de los comensales dice confiar más en la recomendación de un camarero que conoce el producto que en las sugerencias generadas por la inteligencia artificialmientras que el 82% afirma acudir con más frecuencia a un restaurante donde el personal recordara sus alergias, intolerancias o platos favoritos.
Además, El 77% considera que la esencia de un buen restaurante se perdería si desapareciera el contacto humano y el 57% admite sentirse frustrado en establecimientos completamente automatizados donde no hay empleados disponibles para resolver dudas.
Un cliente cada vez más exigente
Los consumidores también tienen claro lo que esperan del servicio. Seis de cada diez españoles prefieren recibir asesoramiento de un camarero antes de realizar un pedido a través de una pantalla o un tótem, aunque requieren que la tecnología agilice procesos como la toma de pedidos o el cobro de pagos.
Esta necesidad de velocidad es especialmente relevante entre quienes salen a comer por motivos laborales.. El 54% de los españoles elige un restaurante en función de la rapidez del servicio entre semana, Incluso descartan establecimientos de mayor calidad si no pueden garantizar que la comida y el pago se realicen en menos de una hora.
«El cliente quiere al camarero presente, pero no puede permitirse el lujo de esperar. El reto del sector no es elegir entre personas y tecnología, sino conseguir que la gestión del servicio sea tan precisa que el personal pueda dedicarse a lo que realmente fideliza: conocer al cliente y acompañarle en su experiencia», concluye Diego Ramos, consultor Corporativo de Cegid Revo en España.
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