ZENDAYA | Zendaya, la perfección existe
Con 14 años, y rodeada por más de 200 candidatas, Zendaya Maree Stoermer Coleman, sabía que interpretar a Raquel ‘Rocky’ Blue, una de las protagonistas de la serie Shake it up, era su gran oportunidad. Llevaba años viendo Hannah Montana, llorando y sintiéndose deprimida porque aquello, actuar, era lo único que quería hacer y no llegaban los papeles.
[–>[–>[–>Su madre trabajaba como profesora en el California Shakespeare Theater, así que desde los dos años la chiquilla se encontraba comodísima entre tramoyas y bambalinas; incluso, ya a los 8, se enroló en una crew de hip-hop de baile y no paró hasta hacerse con los servicios del agente que descubrió a Miley Cyrus, la Hannah que la obsesionaba. Por supuesto, en 2009, Zendaya Maree Stoermer Coleman (Zendaya, para abreviar: significa ‘gracias’ en shona, un idioma de Zimbabue) se impuso a las dos centenares de rivales y consiguió ser Rocky Blue porque, a sus 14 años, flaca como un pitillo, expresiva pero tímida, talentosa y trabajadora, ya era perfecta.
[–> [–>[–>Ahora, casi dos décadas después, se encuentra ante el verano de su vida: protagoniza los dos blockbusters de los que depende el futuro comercial inmediato del cine, La Odisea (Christopher Nolan) y Spider-Man: Un nuevo día (Destin Daniel Cretton), que se estrenan con apenas una semana de diferencia.
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Es la niña Disney definitiva: no ha dado un paso en falso jamás, no se le conocen pendencias con las drogas y el sexo furtivo, tampoco es asidua de los medios de gossipeo (a ver, lo es, pero los cotilleos acerca de ella son quizás los más aburridos de la historia) ni tiene página en Only Fans (no se puede decir lo mismo de su compañera en Shake it up, la simpar Bella Thorne).
[–>[–>[–>Algunos la consideran una artista demasiado perfecta para resultar interesante; no les falta razón, pero la manera en que ha moldeado su carrera (ella y un equipo astuto con expertos en branding personal y estrategias profesionales) no es por ello menos admirable: en tiempos de actores y actrices que comparten cotidianidades en sus redes sociales, Zendaya ha preferido mantenerse lejos (sin ser distante), espaciando sus apariciones públicas, concediendo escasas entrevistas más allá de las tournés promocionales de sus películas, no dejando jamás nada a la improvisación (fíjense, por ejemplo, en los atuendos con los que se presenta en sus compromisos profesionales: ejercicios de narrativa visual, que completan el motivo de cada aparición). Al final, Zendaya denota la manera en que nos relacionamos con la perfección. Que, por supuesto, existe.
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Después de Disney, otra factoría todopoderosa del entertainment, Marvel, se puso a tiro, y Zendaya, claro, no erró. Y eso que no tenía ni idea de que la buscaban para el papel estelar del ciclo de películas de Spider-Man de Tom Holland; en esa audición a ciegas que evaluó su idoneidad para encarnar a la magnética y sarcástica Michelle Jones encontró el segundo papel de su vida y también al que terminaría siendo su pareja (quizás esposo: rumores fundados, pero sólo rumores), Holland. Como pueden ver, todo seguía resultando perfecto.
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[–>Curiosamente, la actriz encontró su rol más de una chica ahogada por sus imperfecciones la tercera gran oportunidad de su carrera: Rue Bennett, la adolescente asolada por las drogas y los problemas mentales de la serie Euphoria (Sam Levinson). Su retrato empático e íntimo («Sigo llevando a Rue dentro de mí«», asegura) le llevó a recibir miles y miles de emails de adolescentes que se reconocían en su aproximación a una caída personal que parece infinita. Zendaya quiso con su trabajo transmitir algo muy concreto: «Es importante que haya personajes defectuosos como Rue, recordar que no nos definen nuestras peores equivocaciones y que la redención es posible». Todo muy pertinente y poderoso, y, claro, digno de elogios: Rue le ha regalado a Zendaya dos premios Emmy.
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El mundo ya era prácticamente suyo. Hasta la firma Valentino, una de las cinco casas de haute couture que la había rechazado años antes por estar «demasiado verde», terminó contratándola como imagen de la marca. Como también los directores que definen ahora la excelencia del medio en su faceta comercial: primero, Denis Villeneuve, para su trilogía de épica sci-fi Dune, y ahora, Christopher Nolan, para la adaptación de otro textazo no menos épico, La Odisea. «En cada escena, siempre, estaba perfecta»: así resumió Nolan, no demasiado amigo de elogios, la participación de Zendaya en su película. Y Holland, también en el filme y protagonista en la vida de Zendaya, lo tiene también claro: «No se puede encontrar nada contra ella, es la persona perfecta». Y él la ve los lunes por la mañana desgreñada.
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