GEOLOGÍCientíficos observan en tiempo real cómo nace nueva corteza oceánica bajo el Océano Índico
En un artículo reciente publicado en la revista Nature, un equipo de científicos franceses presenta observaciones sin precedentes de la separación de dos placas tectónicas bajo el Océano Índico. Se trata de un evento natural que ha creado cientos de millones de metros cúbicos de roca y nueva corteza oceánica, entre terremotos, subsidencias del suelo y erupciones volcánicas, todo ello en la oscuridad total de las profundidades marinas y bajo una aplastante columna de agua de dos kilómetros de grosor.
[–>[–>[–>Para entender la relevancia de esta investigación, primero conviene comprender los procesos geológicos involucrados. La superficie terrestre está dividida en diversas placas tectónicas que, como las piezas de un rompecabezas, se desplazan lentamente en distintas direcciones. Parte de este rompecabezas planetario son las dorsales oceánicas: colosales cordilleras submarinas donde dos placas tectónicas se separan. La investigación se realizó en uno de estos límites de placa.
[–> [–>[–>Dorsales oceánicas
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La roca se funde bajo las dorsales y asciende hacia la superficie en forma de magma. Los 20 kilómetros cúbicos de magma que se forman anualmente en las dorsales oceánicas representan casi la totalidad de la producción magmática global. Una parte llega a emerger durante erupciones volcánicas y el resto se enfría bajo la superficie en forma de intrusiones magmáticas. Ambas fracciones pasan a constituir lo que llamamos corteza oceánica: una capa de roca oscura, de varios kilómetros de grosor, que subyace bajo el fondo de los océanos.
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Sabemos que las placas se separan en las dorsales oceánicas y que la fusión parcial de las rocas del manto subyacente crea magma. Este magma, a su vez, se enfría y forma la corteza oceánica. Sin embargo, hasta hace poco la forma exacta en la que este proceso se producía seguía siendo incierta. A estas profundidades, la observación directa resulta extremadamente complicada y las erupciones y terremotos que allí ocurren no tienen un impacto directo en nuestras vidas.
[–>[–>[–>Vista global de la meseta submarina de Amsterdam Sant Paul y su cresta donde ocurrió el fenómeno de formación de la corteza oceánica (insertado en el mapa). / Nature (Nature) ISSN 1476-4687
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Observación inédita
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El artículo de Nature presenta un intento exitoso de observar estos procesos en tiempo real y con gran detalle. El lugar de los hechos se sitúa en el Océano Índico, entre África, Oceanía y la Antártida, a más de 3.000 kilómetros de cualquiera de estos tres continentes. La masa de tierra más próxima es la pequeña isla volcánica de Ámsterdam, territorio francés de ultramar que alberga una base científica permanente.
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Aprovechando los viajes frecuentes que el buque oceanográfico Marion Dufresne realiza para abastecer esta base, un equipo liderado por Jean-Yves Royer desplegó, en febrero de 2024, un sistema de monitorización en la dorsal oceánica adyacente.
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[–>Cuestión de suerte
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El equipo científico tuvo una suerte extraordinaria. Como ahora se sabe con mayor certeza, estos eventos de formación de corteza oceánica tardan décadas, o incluso más, en repetirse en un punto determinado. Sin embargo, el equipo de Royer apenas tuvo que esperar dos meses. Todo indica que la dorsal estaba a punto de ceder justo cuando tomaron la afortunada decisión de instalar los instrumentos.
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Los aparatos, instalados en el fondo marino y recuperados para su análisis un año después, incluían hidrófonos para captar los sonidos transmitidos por el agua y registrar así los enjambres sísmicos; faros acústicos capaces de medir las distancias entre instrumentos y, por tanto, los cambios en la forma del fondo rocoso; y sensores de presión hidrostática que detectaron los desplazamientos verticales del suelo marino.
[–>[–>[–>Además, los científicos buscaron cambios relevantes en el relieve mediante escaneos del fondo desde el buque oceanográfico: uno realizado en febrero de 2024, antes del episodio, y otro un año después, al recuperar los datos. Fueron medidas poco convencionales, adaptadas a las exigencias de un entorno submarino extremo.
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Registrado en directo
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Esta red instrumental quedó rápidamente inmersa en un cataclismo geológico que, de otro modo, habría pasado inadvertido. De forma repentina y sin señales previas, la roca se fracturó a varios kilómetros de profundidad. Las grietas se expandieron con rapidez, se llenaron de magma y se extendieron hacia el noroeste y el sureste.
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En apenas unas horas, el magma penetró en las rocas y avanzó casi 20 kilómetros a lo largo del eje de la dorsal oceánica. Al mismo tiempo se desencadenó un importante enjambre de terremotos, a medida que los cambios en el subsuelo activaban diversas fallas. El proceso llegó a provocar un terremoto de magnitud 5,9 en una falla transformante situada más al norte de la intrusión magmática.
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A las sacudidas sísmicas se sumaron cambios irreversibles en la forma del fondo marino: algunos instrumentos registraron hasta 4 metros de subsidencia. Lo más sorprendente fue la velocidad del episodio. El 80 % de la deformación del suelo tuvo lugar en apenas 16 horas. Por tanto, una gran parte de los cientos de millones de metros cúbicos de magma implicados debió de movilizarse durante esta breve ventana temporal.
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Referencia
Anatomy of a seafloor spreading event captured by in situ seismogeodesy. Jean-Yves Royer et al. Nature (2026). DOI: https://doi.org/10.1038/s41586-026-10785-0
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Desenlace telúrico
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El desenlace fue una erupción volcánica a lo largo de fisuras que abarcaban los 20 kilómetros invadidos por el magma. La erupción emitió 160 millones de metros cúbicos de lava sobre el fondo rocoso y generó un nuevo volumen de corteza oceánica.
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Esta investigación constituye tanto un hito científico como una hazaña tecnológica. Ha permitido comprobar que 39 años de tensión acumulada por la separación entre las placas Antártica e Indoaustraliana se liberaron de forma súbita en un violento episodio magmático y eruptivo.
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El estudio permite concluir con mayor precisión que la creación de corteza oceánica no es un proceso continuo y uniforme, sino intermitente: está marcada por episodios violentos separados por intervalos de varias décadas.
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Fuente: Levante – EMV
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