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un siglo de automoción entre Panhard 1899 y Lexus LFA

un siglo de automoción entre Panhard 1899 y Lexus LFA
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  • Publishedjulio 16, 2026



En el Museo del Automóvil Toyota de Nagoya la historia del automóvil no se cuenta sólo desde el punto de vista de la marca que le da nombre. Casi 150 vehículos, repartidos en dos plantas y acompañados de una galería cultural con carteles, juguetes y folletos, trazan un camino que va desde el Panhard et Levassor Type B2 de 1899 -el primer automóvil con motor delantero y propulsión trasera- hasta el prototipo Lexus LFA de 2009. Es un canon de coleccionismo que ningún aficionado debe perderse, y no sólo por lo que muestra, sino por cómo lo hace.

Las claves de esta historia

  • Lo más importante: El museo alberga una de las colecciones más eclécticas del mundo, con casi 150 coches que trazan la evolución global del automóvil, no sólo japonés, en impecable orden cronológico.
  • No te lo puedes perder: La réplica meticulosamente reconstruida del Toyoda Modelo AA de 1936, el primer automóvil de pasajeros de la compañía, como único ejemplar original que se conserva, se encuentra en mal estado en el Museo Louwman de los Países Bajos.
  • Datos y producción: Entre las casi 150 piezas expuestas destacan rarezas como el Toyota 2000GT (sólo se produjeron 337 ejemplares), el Tucker 48 (51 ejemplares) o el Mazda Cosmo de 1969, precursor de la saga rotativa de la marca.

Un museo fuera de lo común: del Panhard al Lexus LFA

La ruta comienza en el tramo dedicado a los albores del automóvil, donde el Panhard et Levassor Type B2 de 1899 marca el punto de partida. Ese modelo estableció la configuración de motor delantero y tracción trasera que dominaría la industria durante un siglo y que todavía define muchos autos deportivos en la actualidad. La colección continúa con un Stanley Steamer E2 de 1909, uno de los pocos supervivientes de la breve era del vapor, y el Cadillac Modelo 30 de 1912, pionero en incorporar un arranque eléctrico eficiente y faros eléctricos como equipamiento estándar.

El recorrido europeo se enriquece con un imponente Hispano-Suiza H6b de 1928, que gracias a los servofrenos en las cuatro ruedas -de origen aeronáutico- y su motor de aluminio de 6,6 litros con árbol de levas en cabeza, fue considerado uno de los mejores coches del mundo. No muy lejos, la silueta azul de un Bugatti Type 35B de 1927 nos recuerda que el automovilismo también encontró su altar: su motor sobrealimentado de 2,3 litros producía 138 CV, una cifra formidable para la época.

El viaje por el continente americano se completa con dos rarezas: un Cord 812 de 1937, con tracción delantera, faros escamoteables y sobrealimentador, cuyo diseño no salvó a la empresa de la quiebra ese mismo año; y un Tucker 48 «Torpedo» de 1948, que con su motor bóxer de seis cilindros y sus innovadoras medidas de seguridad sólo llegó a 51 unidades antes del colapso de la empresa. Ambos demuestran que el genio y el riesgo a menudo viajan juntos.

No es sólo un museo Toyota: es una máquina del tiempo que explica cómo la industria automotriz se convirtió en un fenómeno global.

Las joyas del escaparate japonés: del Toyoda AA al Toyota 2000GT

El espacio dedicado a Japón cobra vida con testimonios de antes de la Segunda Guerra Mundial. El Tsukuba-go de 1935, con su motor delantero de 737 cc y su inconfundible estilo Austin Seven, representa la ingeniería local pionera. Lo acompaña el Datsun Modelo 11 Phaeton de 1932, un roadster de líneas británicas que dio origen al imperio Datsun bajo la tutela de Nissan. Pero el protagonista indiscutible es el Toyoda Modelo AA, una fiel réplica realizada según los diseños originales porque el único ejemplar auténtico conservado, en el Museo Louwman, está demasiado deteriorado para ser expuesto.

La joya de la corona japonesa es el Toyota 2000GT de 1966. Nacido de la colaboración con Yamaha, con su motor DOHC de 2 litros y una línea que aún hoy deja sin aliento, está considerado el primer verdadero deportivo japonés. Su presencia en la película de James Bond “Sólo se vive dos veces” lo inmortalizó y con sólo 337 unidades producidas su precio actual se mide en millones. Junto a él, el Mazda Cosmo de 1969, pionero del motor rotativo Wankel, y el prototipo Lexus LFA de 2009 cierran el círculo de la evolución japonesa hacia la más alta tecnología.

Otras piezas notables de la colección: el Packard Twelve de 1939 de Franklin D. Roosevelt, completo con chaleco antibalas y cristal a prueba de balas; la Cisitalia 202 de 1947, una escultura de Pininfarina que el MoMA consagró como obra de arte; o el Subaru 360 de 1958, el «mariquita» que impulsó a Japón con su pequeño bicilíndrico de dos tiempos. Cada uno refuerza el mensaje de que el museo no es sólo un almacén de Toyota, sino un archivo vivo de la creatividad humana.

El valor activo de un archivo sobre ruedas

Desde el punto de vista del coleccionista, el Museo del Automóvil Toyota sirve como termómetro del estado de la técnica. La presencia de ejemplos con historia documentada -como el Packard presidencial o el Tucker- nos recuerda que la procedencia es un factor determinante en el mercado clásico. La capacidad de reunir en un mismo espacio a pioneros como el Panhard y superdeportivos como el LFA permite crear una narrativa que ningún museo monográfico puede igualar.

Vale la pena centrarse en la lección que ofrece la respuesta de AA. Lejos de ser un sustituto, su meticulosa reconstrucción mediante ingeniería inversa demuestra el compromiso de Toyota con su historia. Es un ejemplo de cómo la industria japonesa, tantas veces acusada de falta de tradición, ha sabido construir una historia sólida basada en la documentación y la artesanía.

Para los fanáticos que viajan a Japón, la visita es imprescindible. A sólo 100 minutos en tren de alta velocidad desde Tokio, el museo se convierte en un santuario que trasciende las marcas. Aquí no hay espectacularidad de ninguna marca, sólo un hilo cronológico que va desde la cadena de montaje hasta la conciencia medioambiental. Y en esa gira, el Panhard de 1899 y el Lexus LFA se enfrentan, recordándonos que el automóvil es, ante todo, una historia universal.



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