La fiesta es el mayor patrimonio que podemos legar a las futuras generaciones
Juan José Domínguez, Guaracha, es hijo de alcalde, impulsor del deporte local, belenista, cantante con Los Ñerbatos y cronista oficial del concejo de Siero. Y desde este jueves, puede sumar a su extenso currículo otro galón más: el de ser el pregonero de las Fiestas del Carmen y el Carmín de La Pola. En un auditorio a reventar de público (la tormenta obligó a cambiar el escenario previsto, en la plaza del Ayuntamiento), Domínguez tiró de su enorme archivo y su fino humor poleso para hacer un repaso por la historia de las fiestas locales.
[–>[–>[–>El pregonero recordó el origen de la celebración, que se remonta a 1695, cuando Andrés del Quintanal Nosti donó los terrenos de El Castañéu para levantar una ermita dedicada a la Virgen del Carmen. En torno a aquel templo nacieron las primeras romerías y, con el paso del tiempo, una segunda celebración el martes posterior dio lugar al Carmín. También evocó la desaparición de la antigua ermita durante la ocupación francesa y cómo, pese al paso de más de tres siglos, la esencia de la fiesta se ha mantenido viva en tradiciones como la procesión, la Salve o la Danza Prima.
[–> [–>[–>Público asistente al pregón / Luján Palacios
[–>[–>[–>
A partir de ahí, Domínguez emprendió un viaje por la memoria colectiva de La Pola. Recordó que el Concurso Hípico fue durante años uno de los grandes atractivos de las fiestas, convirtiendo la villa «en un auténtico punto de encuentro para aficionados y grandes figuras de la equitación llegadas de numerosos lugares de España» y otorgando un enorme prestigio a las celebraciones. También rememoró las regatas en el río Nora, por cuyas aguas compitieron palistas como los sierenses Jaime e Íñigo Noval o el diez veces campeón del mundo Manolo Busto.
[–>[–>[–>
Bandas
[–>[–>[–>
El pregonero dedicó asimismo un espacio a la evolución del ambiente festivo: desde las históricas bandas de música, con las que «cada desfile era una auténtica fiesta», recordó, citando especialmente a la banda de la base americana de Torrejón de Ardoz, hasta la aparición de las charangas. Evocó con cariño a aquella primera formación integrada por músicos de Los Pepitas, componentes de la Banda y vecinos como Manteca, Antonio el de Amador, Chema Correos, José Cezón, Marcos «el Caja» o Primi, precursores de una tradición que hoy sigue representando Los Cascaos.
[–>[–>[–>Tampoco faltó el recuerdo para el desaparecido toro de fuego. «No siempre terminaba la noche sin sobresaltos. Más de un vestido de estreno y más de un traje recién estrenado acababan con algún agujero provocado por aquellas chispas», rememoró entre las sonrisas del público. El tono desenfadado continuó con varias anécdotas protagonizadas por personajes populares de la villa, como el hostelero Tino Carrión, cuya respuesta a un inspector sanitario al ser interrogado por el botiquín del bar provocó una de las mayores carcajadas del auditorio: era una caja de puros con tiritas y un rollo de esparadrapo. «Pues aquí solo hay dos opciones: o le pongo una tirita… o llamamos al Hospital General», espetó Carrión a la autoridad.
[–>[–>[–>[–>[–>[–>
Domínguez cerró el pregón reivindicando la importancia de conservar las tradiciones y la identidad local con un mensaje que resumió el espíritu de su intervención: «Las fiestas del Carmen y el Carmín son mucho más que un programa de actividades. Son la memoria compartida de un pueblo. Son el reencuentro con quienes vuelven cada verano. Son abrazos, música, tradición y orgullo de pertenencia. Y mientras existan vecinos dispuestos a mantener viva esa ilusión, estoy convencido de que nuestras fiestas seguirán siendo el mayor patrimonio que podemos legar a las futuras generaciones».
[–>[–>[–>
Suscríbete para seguir leyendo
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí