Economia

Trump no entiende la negociación en Oriente Medio, el precio del petróleo tampoco

Trump no entiende la negociación en Oriente Medio, el precio del petróleo tampoco
Avatar
  • Publishedjulio 17, 2026




Treguas y acuerdos de alto el fuego, Las negociaciones entre Irán y Estados Unidos han resultado inestables y engañoso. ¿Por qué?

Porque se llevan a cabo entre dos culturas diferentes, en las que el proceso de negociación tiene reglas diferentes.

La cultura de Estados Unidos e Irán se origina en diferentes anclajes éticos.

Los estadounidenses parten de una cultura cristiana. En él, el último eslabón de la cadena de relaciones entre personas y grupos humanos es el perdón.

El perdón es el bálsamo que diluye todo conflicto en el Occidente tradicional Greco-judeo-romana-cristiana. Gracias al perdón una relación puede continuar, por muy conflictiva que haya sido anteriormente.

Parafraseando a Santo Tomás, se puede decir que en Occidente: “La justicia sin perdón es crueldad y el perdón sin justicia es tontería”.

Ésa es la forma de entender las relaciones a largo plazo en la cultura occidental. Lo importante en estas sociedades es restablecer la convivencia.

Y se puede decir que la experiencia ha demostrado que este principio del perdón, como parte de la justicia, ha dado resultados satisfactorios dada la evolución histórica de Occidente. Es la zona del mundo en la que hay mayor respeto a los derechos humanos y, al mismo tiempo, mayor desarrollo económico, institucional y humano.

Irán es parte de la cultura del principio de represalia. “Ojo por ojo, diente por diente”.

Entonces, en esa cultura, la justicia está fuera del perdón. No se trata de restablecer la convivencia, sino de compensar al perjudicado en su justa medida.

Eso crea un círculo vicioso sin fin. Como la compensación es subjetiva, cuando una de las partes la ha recibido, la otra se siente agraviada y busca su propia compensación, y así sucesivamente. No hay solución salvo la muerte repentina de una de las dos partes.

Estados Unidos e Irán parten de supuestos diferentes. Los estadounidenses esperan que perdonando a los iraníes pondrán fin al conflicto. Los iraníes consideran un alto el fuego un signo de debilidad, no lo conciben el carácter restaurador de la convivencia del perdón.

De este modo, mientras los negociadores estadounidenses consideran cada acuerdo como un punto a partir del cual avanzar, los iraníes lo acogen como un regreso al punto de partida.

Por eso los acuerdos de alto el fuego o moratorias que vende Trump son letra muerta y sus repercusiones en los precios del petróleo son materia de especulación.

A estos principios se superponen diferentes conceptos sobre lo que es una negociación. Para los occidentales Una negociación es un proceso de acuerdos sucesivos a través del cual se avanza.

Para los iraníes, un acuerdo se refiere a las circunstancias en las que se firmó. Las circunstancias que cambian, aunque sólo sea por el paso del tiempo, invalidan lo acordado.

Los negociadores occidentales parten de la base de que lo firmado es válido. Los iraníes creen que era válido en el momento en que se firmó, pero no necesariamente lo es después. Para desesperación de sus interlocutores, pueden argumentar: «Eso fue ayer, ahora tenemos que empezar de nuevo».

En consecuencia, cualquier acuerdo que Trump o sus negociadores anuncien no es un acuerdo, es sólo una ilusión de buenas intenciones. Deseo que los iraníes no tengan la intención de respetar. Especialmente cuando los ayatolás se consideran los representantes legítimos de su pueblo y representantes de Alá.

De ahí que los anuncios de treguas o acuerdos no deban tomarse en serio y su impacto en los precios del barril de petróleo se deba a una mala interpretación de lo firmado. La firma de los ayatolás no significa nada.

Entonces, ¿cuándo podremos decir que el Estrecho de Ormuz está estabilizado? Sólo cuando gana uno de los dos bandos. Lo que significa que el otro debe haber sido completamente derrotado. Algo muy difícil en este caso. Parecería imposible.

Por eso Trump no entiende lo que le está pasando. Está enredado en una telaraña tan difícil de desenredar como el nudo gordiano. Un enigma que Alejandro Magno desató con la espada. Pero Trump no es Alejandro y menos aún grandioso.

**JR Pin Arboledas es profesor del IESE.



Puedes consultar la fuente de este artículo aquí

Compartir esta noticia en: