Laporta conquista la Casa de España
Hay personas que entran en una fiesta y pasan desapercibidas. Y hay otras que, simplemente, la convierten en otra cosa. Joan Laporta pertenece claramente al segundo grupo. Lo comentaba un veterano periodista madrileño, de esos que llevan media vida frecuentando palcos y despachos del fútbol español. “Nunca había visto a tantos madridistas haciéndose fotos con el presidente del Barça”, decía todavía sorprendido. Y no era una exageración.
[–>[–>[–>La escena tuvo lugar el martes por la noche en la Casa de España de Dallas, donde la expedición de la selección española celebraba el pase a la final del Mundial. Bastó que apareciera Laporta para que el protocolo saltara por los aires. Durante más de una hora no dejó de hacerse fotografías, repartir abrazos, estrechar manos y conversar con todo el que se le acercaba. No hubo un solo desplante ni una mala cara. Cerca de 300 invitados desfilaron a su alrededor mientras el presidente azulgrana parecía disfrutar como si estuviera en el salón de su casa.
[–> [–>[–>En pocos minutos se le podía ver charlando y riendo a carcajada limpia con el presidente de Mercadona, Juan Roig; conversar amablemente con el máximo dirigente de la Federación Española, Rafael Louzán; o compartiendo confidencias con históricos madridistas como Emilio Butragueño, Fernando Hierro o Míchel Salgado. Cosas del fútbol. O, mejor dicho, cosas de Laporta, que hace tiempo entendió que las relaciones personales también forman parte del juego.
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Joan Laporta aplaude las palabras de Íker Casillas, ex portero de la selección española. / Cedida
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La ausencia de Florentino Pérez
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Su presencia durante toda la semana ha contrastado inevitablemente con una ausencia que no ha dejado de comentarse en los corrillos: la de Florentino Pérez. Mientras unos preguntaban dónde estaba el presidente del Madrid, el del Barça parecía multiplicarse entre recepciones, partidos y encuentros institucionales. Sin hacer demasiado ruido, pero estando en todas partes.
[–>[–>[–>Las fiestas americanas tienen códigos propios. Mucho nacho, hamburguesa, cerveza, esta vez Estrella Galicia, y algún jamón ibérico cortado en directo para recordar que, al menos por unas horas, aquello era territorio español. En ese escenario híbrido, entre Dallas y Madrid, Laporta se movía con una naturalidad envidiable. Tiene una virtud que nadie le discute, ni siquiera quienes no comparten muchas de sus decisiones: cuando quiere, sabe tratar a la gente como nadie.
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Y eso, en un mundo tan dado a las distancias, acaba marcando diferencias. Presidentes de clubes, dirigentes federativos, empresarios, políticos, periodistas o simples invitados. A todos les dedicó tiempo. A todos les regaló una sonrisa. Parece un detalle menor, pero no lo es. Incluso acabó aplaudiendo el ‘Viva España’, que soltó Iker Casillas en su discurso final. También apareció el incombustible chef José Andrés, siempre dispuesto a convertirse en el protagonista. Su facilidad para aparecer donde está la noticia sigue siendo casi tan legendaria como su cocina.
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[–>La anécdota del ‘influencer’ IShowSpeed
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Durante toda la gira, Laporta estuvo acompañado por dos de sus hombres de máxima confianza. O sea, por Alejandro Echevarría, amigo, asesor y eficaz solucionador de problemas, y Deco, cada vez más consolidado en la dirección deportiva azulgrana. A diferencia del presidente, ninguno busca cámaras. Ambos prefieren el segundo plano.
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La semana también dejó una curiosa postal lejos en el estadio. La presidenta del Banco Santander, Ana Patricia Botín, y el presidente de Mercadona, Juan Roig, compartieron un palco muy próximo al de la familia Beckham. La diferencia era evidente. Mientras los empresarios españoles podían caminar casi sin llamar la atención, el acceso al palco del exfutbolista inglés y de su mujer parecía la entrada a una cumbre internacional, con cinco miembros de seguridad custodiando permanentemente la puerta.
[–>[–>[–>La anécdota llegó con IShowSpeed, el fenómeno ‘influencer’ que suma más de 52 millones de seguidores en Instagram. Botín y Roig no desaprovecharon la ocasión para inmortalizar el momento con un selfie. La presidenta del Santander, además, hizo gala de su olfato comercial intentando explicarle al popular creador de contenido las ventajas de la cuenta joven de la entidad. Hay quien desconecta del trabajo al cruzar el Atlántico. Ella, evidentemente, no.
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Y mientras unos coleccionaban fotografías con ‘influencers’, otros seguían haciendo cola para llevarse una con el presidente del Barça. Una imagen que, hace solo unos años, habría parecido sencillamente imposible. La cosa no acabó aquí, Laporta viajó con la expedición, sin privilegio alguno, camino de Nueva York. Ahora solo queda por ver qué hará cuando Donald Trump se encuentre con Laporta este domingo en la final del domingo. Si hay abrazo será sonado.
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