Si la normativa contemplara nuestra realidad, yo ya estaría jubilado
El año pasado, un buceador profesional de 63 años murió bajo el agua en una presa de Jaén, víctima de un infarto. José Antonio Bermejo se convirtió en el ejemplo más trágico de lo que Rafael Villegas Péreza sus 57 años y con tres décadas de experiencia a sus espaldas, viene denunciando desde hace años: el buceo profesional carece de un marco de jubilación que reconozca el castigo físico y mental que conlleva sumar 230 y 260 inmersiones al año más allá de los 55 años, edad a partir de la cual la propia medicina hiperbárica desaconseja seguir sumergiéndose.
«Si la normativa contemplara adecuadamente la realidad de nuestra profesión, probablemente ya estaria jubilado«dice Villegas, cuya carrera comenzó en 1988 con el curso de Buceador Restringido de 2da Clase en la Escuela Nacional de Formación Profesional Náutico-Pesca de Santander.
El desgaste no es una percepción subjetiva. Pérdida de concentración, disminuir del rendimiento físico debido a los esfuerzos repetitivos y las alteraciones del sueño que supone el embarque prolongado se traducen en un aumento directo del riesgo de accidentes y enfermedades descompresivas. Villegas describe jornadas de doce horas que puede incluir hasta 180 minutos de inmersión diarios, un ritmo que tu cuerpo ya no asimila como en tu juventud.
Esa vocación que despertó siendo niño viendo el programa mundo submarino y que le llevó a participar en campañas de recogida de algas y a trabajar en pantanos desde 1996, dio paso después a una carrera internacional obligada por la crisis de 2008, que le empujó a encadenar contratos en Argelia, Brasil, Arabia Saudí, Túnez, Egipto, Omán, Marruecos, Filipinas, Nigeria, Israel y la República del Congo.
Una lucha de dos décadas que ahora se traslada a Europa
El grupo de buceadores profesionales en España está formado por 700 y 900 trabajadores, una cifra tan pequeña que, según Villegas, dificulta que sus demandas logren impacto político. Desde hace más de veinte años han mantenido reuniones con grupos parlamentarios, con el Instituto Social de la Marina y con sucesivos gobiernos sin obtener una respuesta efectiva.
El coeficiente reductor actual de 0,15reconocido por la Ley de Pesca Sostenible e Investigación Pesquera, parece un logro insuficiente: por cada diez años trabajados, la edad de jubilación sólo se adelanta un año y medio y, además, se limita su aplicación retroactiva a 2023, lo que deja sin efecto la medida de efectos prácticos para los buceadores mayores de 50 años. «Cuando alcancen la edad ordinaria de jubilación, «Habrán acumulado una reducción muy pequeña»explica.
La comparación con otras profesiones de riesgo similar irrita especialmente al sector. Villegas enfatiza que el la minería o la Marina Mercante Gozan de coeficientes mucho más favorables, diferencia que considera difícil de justificar. Con un coeficiente de 0,40, un profesional con 35 años de actividad podría anticipar su jubilación entre 10 y 12 años, respetando siempre los requisitos de cotización.
Ante el bloqueo en España, el grupo ha decidido cambiar de estrategia y trasladar sus reivindicaciones a las instituciones de la Unión Europea, con la esperanza de mejorar la situación de todos los buceadores del continente. A la precariedad del reconocimiento legal se suma la enorme temporalidad de la profesión: no es extraño que un buceador español acumule entre 80 y 100 contratos de trabajo a lo largo de su vida profesional.
Una profesión invisible que respalda la infraestructura esencial
Villegas insiste en que la raíz del problema es ignorancia social. Muy pocas personas saben que detrás de la construcción y el mantenimiento de puertos, emisarios submarinos, presas, tendido de cables de telecomunicaciones transoceánicos o trabajos en instalaciones nucleares hay buceadores profesionales.
«Lo que no se sabe es difícil de valorar», resumir. Esta invisibilidad se traduce en normas de protección social y prevención de riesgos laborales que apenas tienen en cuenta la especificidad del trabajo subacuático.
Pese a todo, Villegas reconoce que hay un cambio generacional y que la profesión siga despertando vocaciones. El problema es que la mayor parte del trabajo se localiza fuera de España, en países como Suecia, Alemania, Marruecos, Nigeria o distintos destinos de Sudamérica, donde las condiciones económicas suelen ser más ventajosas. Esta diáspora laboral tiene profundas consecuencias personales: largos períodos fuera de casa, desarraigo y un impacto en la vida familiar que, según admite, Ha acabado en divorcio para muchos compañeros.
Para aquellos que recién comienzan, Villegas recomienda una formación sólida con reconocimiento internacional y aprendizaje de idiomas. También advierte del peligro de la proliferación de cursos rápidos ofrecidos por centros privados con pocas garantías, una tendencia que, a su juicio, está deteriorando la calidad formativa del sector.
Si tú, como Rafael, tienes algo que decir sobre tu profesión o simplemente quieres compartir las particularidades de la misma, escríbeme un correo a la dirección iago.rodriguez@difoosion.com; Estaré encantado de hablar con usted y considerar realizar una entrevista para escribir un artículo sobre sus experiencias.
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