El plan de Estados Unidos para medir la testosterona de los soldados expone la obsesión de Trump con la masculinidad
El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, anunció el pasado miércoles que obligará a los soldados de más de 30 años a someterse a exámenes para medir su testosterona. «Al abordar estos indicadores de salud de forma precoz, te mantenemos a la vanguardia de la letalidad». Para los militares que no alcancen los niveles requeridos de esta hormona, el Pentágono incluso propone ofrecer terapias voluntarias de inyección con la promesa de convertirles en mejores guerreros. «Se trata de restaurar y optimizar tus capacidades naturales, protegiendo tu longevidad y asegurándonos de que cuentes con la base biológica necesaria para mantener la lucha», añadió.
[–>[–>[–>Muchos biólogos se han puesto las manos a la cabeza. Aseguran que el plan es una boutade con implicaciones peligrosas. La testosterona, presente tanto en hombre como mujeres, está relacionada con un mayor rendimiento deportivo y un mayor crecimiento muscular e impacta en el deseo sexual, el estado de ánimo y otros aspectos de la salud. Sin embargo, la idea de que es un elixir antiedad para tener más fuerza no está respaldada por la ciencia. Sus niveles en sangre varían con la edad y el estado de cada persona y no hay consenso sobre si prolonga la esperanza de vida. Además, someter a alguien a una terapia de sustitución hormonal puede afectar la producción de esperma.
[–> [–>[–>Hegemonía del macho alfa
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Todo eso no ha evitado que, de la mano de Donald Trump, la testosterona haya sido instrumentalizada como una cuestión política para promover una estrecha visión de la masculinidad. Ya en 2016, durante su campaña presidencial contra Hillary Clinton, el magnate hizo alarde de unos niveles de testosterona que, por otro lado, eran normales. Sin embargo, con la presidencia de su lado, la derecha radical estadounidense ha abrazado la falsa idea de que esta hormona garantiza la pureza viril frente a la debilidad del resto.
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Elon Musk ha ampliado la idea de que «las mujeres y los hombres con bajos niveles de testosterona» no son aptos para el liderazgo, reservado a los «machos alfa»
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Pocas imágenes encapsulan mejor esa filosofía reaccionaria que la interacción que Elon Musk tuvo con un usuario de X que publicó que «las mujeres y los hombres con bajos niveles de testosterona» no eran aptos para el liderazgo porque su naturaleza les plegaba a las opiniones de la mayoría, mientras que los «machos alfa con altos niveles de testosterona» eran objetivos. «Una observación interesante», respondió el aliado trumpista y hombre más rico del planeta; un comentario estratégico que amplió la publicación a sus más de 240 millones de seguidores.
[–>[–>[–>Trump está haciendo de esta visión una política de Estado. Además de su última exigencia al ejército, Hegseth ha eliminado las políticas de inclusión trans, ha bloqueado el ascenso de las mujeres en el mando militar y ha disuelto el comité del Pentágono que apoyaba a las soldado, informa Mother Jones. El líder espiritual de Hegseth, el pastor nacionalista cristiano Doug Wilson dijo en febrero: «Deberíamos hacer todo lo que esté en nuestra mano para mantener a las mujeres fuera de los puestos de combate».
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El presidente estadounidense Donald Trump asiste a un combate de artes marciales con Elon Musk, Robert F. Kennedy, Jr. y el director del FBI, Kash Patel. / JOE RAEDLE / Getty Images via AFP
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Desde la administración conservadora, el activista antivacunas reconvertido en secretario de Sanidad, Robert F. Kennedy Jr., está fomentando activamente su uso, ha ampliado el acceso a las terapias de sustitución de testosterona y, desde este julio, está tratando de facilitar que los hombres obtengan recetas. Él mismo se hormona de forma habitual. El año pasado, la Administración de Alimentos y Medicamentos eliminó la advertencia sobre los posibles riesgos cardíacos asociados al consumo de esta hormona después que un estudio limitase su impacto.
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[–>Negocio al alza
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El Gobierno trumpista ha abrazado un fenómeno que empezó a acelerarse en la década de 2010, cuando las empresas farmacéuticas destinaron millones de dólares a anunciar productos con testosterona. Esto les permitió generar más de 2.000 millones de dólares en ventas anuales en 2013, aun sin contar con autorización de los reguladores, informa el canal PBS. En 2015, las autoridades obligaron a los fabricantes de esos medicamentos a aclarar que no estaban aprobados para problemas comunes y que tenían riesgos cardíacos. El regreso de Trump a la Casa Blanca se ha traducido con recortes a la agencia federal de salud pública, que pide relajar esas restricciones.
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El uso de la testosterona se ha disparado desde la pandemia del covid, y no solo en EEUU. Las ventas de tratamientos para teóricamente aumentar la libido, la masa muscular y la energía han aumentado un 15% en las farmacias españolas desde 2022, según un reciente estudio. Los analistas apuntan a que el mercado de las terapias podría dispararse hasta casi los 3.000 millones de dólares de valor en 2032.
[–>[–>[–>Las ventas en España de tratamientos de testosterona para aumentar la libido, la masa muscular y la energía han aumentado un 15% desde 2022
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Una moda explotada en Internet
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Esta suculenta oportunidad de negocio atrae a todo tipo de oportunistas, desde los gym bros o gurús de gimnasio obsesionados con atrofiar su musculatura hasta personalidades de extrema derecha. El mejor ejemplo de ello es el conspiranoico condenado Alex Jones, que construyó un imperio de suplementos dietéticos monetizando el miedo de sus seguidores a que el Estado haya vertidos sustancias químicas para limitar la fertilidad masculina de los blancos.
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En algunos casos, ambos mundos conviven dentro de la manosfera, el conjunto de subculturas digitales que promueven el antifeminismo y la supremacía masculina. Un reciente estudio que investigó a los influencers de la testosterona concluyó que sus publicaciones en redes sociales y plataformas de vídeo como TikTok e Instagram tratan «los niveles bajos de testosterona como una crisis de la masculinidad y del rendimiento sexual masculino» y «se aprovechan de las inseguridades de los hombres respecto a las relaciones y al rendimiento sexual» para venderles productos «sin pruebas que los respalden». Esta moda se ha viralizado tanto que ya ha sido bautizada con un nombre propio: Testmaxxing.
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Alex Jones, locutor de radio estadounidense y teórico de la conspiración de extrema derecha. / SAMUEL CORUM / ZUMA PRESS / CONTACTOPHOTO
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Los principales objetivos de ese mensaje son adolescentes y hombres jóvenes, condicionados por la presión estética de un ideal físico que también ha sido promovido desde Hollywood. No obstante, esta tendencia también seduce cada vez más a hombres mayores de 50 años que «quieren vivir una eterna juventud«, ha explicado el andrólogo Juan Manuel Corral, del Hospital Clínic, en EL PERIÓDICO.
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