aparecen intactas las cuentas de una empresa del siglo XIX
No todos los días aparece un tesoro documental capaz de contar, con pelos y señales, cómo funcionaba una de las empresas que puso en marcha la industrialización asturiana. Un equipo de la Universidad de Oviedo ha encontrado en los archivos de la Real Compañía Asturiana de Minas una colección de libros contables que permite reconstruir, casi paso a paso, la vida económica de la compañía en el siglo XIX.
[–>[–>[–>El estudio se centra en el periodo comprendido entre 1833 y 1853, cuando la compañía explotaba las minas de carbón de Arnao. Lo extraordinario, explican los investigadores, es que se han conservado de forma casi completa los libros de contabilidad de aquella época, algo muy poco habitual en empresas privadas de la primera mitad del siglo XIX.
[–> [–>[–>El catedrático Javier de Andrés Suárez reconoció que su sorpresa fue mayúscula al acceder a la documentación: “Mi sorpresa fue encontrar la contabilidad desde principios del siglo XIX hasta el inicio de la mecanización de una forma muy completa”.
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Gracias a esos documentos, el equipo ha podido observar cómo evolucionó la contabilidad de la empresa, desde un sistema muy simple hasta métodos más complejos, como la contabilidad de costes y los primeros planes de cuentas.
[–>[–>[–>Un sistema eficaz
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Durante los años analizados, la Real Compañía Asturiana de Minas utilizaba un sistema basado principalmente en la partida simple, apoyado en libros auxiliares donde se registraban las operaciones antes de trasladarlas al libro diario.
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Manuel Fuente Bayón, investigador del proyecto, explica que “el sistema contable que utilizaba la compañía era muy sencillo”. Sin embargo, esa aparente simplicidad no impedía que los socios conocieran la evolución de la empresa de una manera rápida y económica. De hecho, una de las conclusiones más llamativas del estudio es que la contabilidad no estaba pensada tanto para tomar decisiones empresariales como para rendir cuentas y controlar la actividad. “La contabilidad estaba concebida principalmente como una herramienta de registro y control”, resume Javier de Andrés.
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[–>Anotaciones en los libros de contabilidad de la Real Compañía Asturiana de Minas que forman parte de la investigación. / Universidad de Oviedo
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Y claro, eso tiene sentido si se tiene en cuenta que la compañía contaba únicamente con tres socios, lo que permitía una relación directa y una rendición de cuentas prácticamente personalizada.
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Arnao, el origen de una revolución industrial
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La Real Compañía Asturiana de Minas fue fundada en 1833 para explotar la mina de Arnao, considerada el primer pozo vertical de España y la primera mina submarina de España y Europa.
[–>[–>[–>Pedro Lorca Fernández, catedrático de Contabilidad, destaca que se trata de “uno de los ejemplos de la primera industrialización en España y en Asturias”. Además, subraya que la conservación de sus registros contables convierte a esta empresa en un caso excepcional para estudiar cómo se financiaron y organizaron las primeras iniciativas industriales de gran dimensión.
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Los libros revelan detalles muy concretos de aquellos inicios: los primeros jornales aparecen registrados el 20 de diciembre de 1833, y pocos meses después ya se documenta el acopio de madera y materiales para la excavación del primer pozo.
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El reto de descifrar una caligrafía imposible
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No todo fue sencillo para los investigadores. Uno de los mayores obstáculos fue, curiosamente, la letra de los antiguos amanuenses. Fuente Bayón admitió que “en otras nos costó muchísimo llegar a comprender realmente lo que estaban reflejando los asientos”, debido a los distintos estilos de escritura utilizados en los libros contables.
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Aun así, el esfuerzo ha merecido la pena. El trabajo, publicado en la revista científica Revista de Contabilidad – Spanish Accounting Review, no solo recupera una parte esencial de la historia económica asturiana, sino que también demuestra que, hace casi dos siglos, una empresa minera podía gestionar su actividad con un sistema contable mucho más simple de lo que hoy imaginaríamos.
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