No descansamos mucho, pero un día es un día
«Es uno de los días más flojos del verano, pero merece la pena porque somos campeones del mundo». La frase resume el ambiente con el que el mercado de Avilés despertó este lunes tras una madrugada histórica. Había menos compradores de lo habitual, muchas ojeras y algún bostezo, pero también banderas de España, camisetas de la selección y carteles improvisados en numerosos puestos. La actividad comercial trataba de recuperar el pulso mientras las conversaciones regresaban una y otra vez a la final y a una celebración que, para algunos vendedores, apenas había terminado unas horas antes de levantar la persiana.
[–>[–>[–>En Aceitunas Guinaldo, Jennifer Prendes atendía a la clientela y rellenaba con rapidez las bandejas de aceitunas y pepinillos. Dos banderines de España adornaban el puesto. Prendes había trabajado el día anterior en el rastro de Gijón, donde, según contaba, se había reunido «muchísima gente». «Fue impresionante», recordaba. Después llegó la celebración, que se prolongó hasta las dos de la mañana. Sin embargo, el descanso fue breve; a las seis ya estaba preparando todo para acudir al mercado avilesino. «No descansamos mucho, pero un día es un día», justificaba mientras continuaba despachando pedidos.
[–> [–>[–>A la izquierda, Jennifer Prendes y Manuel Prendes en su puesto. / P. M.
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Una escena parecida se vivía en Carnicería García, donde Francisco García preparaba la carne y echaba una mano a sus compañeros con la popular camiseta blanca de la selección escondida bajo el delantal. Él mismo reconocía que el movimiento era menor que cualquier otro lunes de verano. Muchos avilesinos, razonaba, habían salido a festejar el título y todavía estarían durmiendo o recuperándose en casa. A García le había tocado trabajar, pero tenía claro que no podía acudir como si fuese una jornada cualquiera. «Había que traer la camiseta sí o sí. Hay que lucirla con orgullo», afirmó.
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La compra después de una noche para la historia
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Entre los clientes estaba Mateo Suárez, que recorría los pasillos de la mano de su hijo Carlos. Los dos vestían la camiseta de Lamine Yamal. En su casa, explicaba Mateo, optaron por una celebración más tranquila: una cerveza durante el levantamiento de la copa y después todos a dormir. «Los peques estaban reventados», señalaba. Ya de vacaciones, padre e hijo aprovecharon la mañana para pasear por el mercado y comprar productos frescos para la comida, aunque sin quitarse todavía los colores de la campeona.
[–>[–>[–>Más dura había sido la mañana para Guillermo Domínguez, que apenas había dormido algo más de dos horas, pero su abuela necesitaba tomates y pan. Domínguez decidió bajar temprano y utilizar el trayecto para despejarse después de una madrugada intensa. «Cuando llegue a casa voy a volver a la cama», avanzaba entre risas. La falta de sueño, en cualquier caso, no empañaba el recuerdo de la final. Para él había sido «una noche tremenda», de esas que justifican afrontar el día siguiente con cansancio.
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Las tertulias futbolísticas dominaban cada rincón del mercado. Se discutía sobre el gol anulado a Nico Williams, se reconstruía el enganchón entre Paredes y Gavi y se elogiaba el poderío de una defensa española que resistió en los momentos más complicados. Los más optimistas miraban ya hacia el futuro y hablaban de las posibilidades de repetir el éxito en el próximo Mundial, con España como una de las anfitrionas. La sensación general era que este grupo todavía no ha alcanzado su techo y que cuenta con talento, juventud y carácter suficientes para volver a pelear por todo.
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Algunas de las plateas decoradas con la bandera. / P. M.
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Por encima del resto de nombres aparecía una y otra vez el de Ferrán Torres, protagonista de una final que ya forma parte de la historia del deporte español. Su actuación centraba los elogios de vendedores y compradores, que repasaban las jugadas entre pedidos de pescado, fruta, carne o encurtidos.
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Los homenajes a la selección no se limitaban a las conversaciones. Numerosos puestos incorporaron camisetas, banderas o pequeños carteles rojigualdos, aportando una imagen poco habitual en el mercado. Los vendedores de equipaciones de fútbol, además, ya habían recibido los primeros pedidos de la nueva camiseta de España con dos estrellas sobre el escudo. El mercado estaba más vacío y silencioso que de costumbre, pero la alegría seguía intacta.
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