Economia

No tengo grandes lujos, pero me da para invitar a comer

No tengo grandes lujos, pero me da para invitar a comer
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  • Publishedjulio 21, 2026




La cuestión del estipendio recibido por sacerdotes Suele ser un tema rodeado de cierta opacidad, pero juan orduñaun joven sacerdote español, ha decidido abrir la ventana de par en par. Durante su participación en el podcast La pera de Jobsel religioso respondió sin reservas a la pregunta sobre cuánto dinero ingresa a su cuenta cada mes.

La cifra, según admitió, no llega a los 1.200 euros, una cantidad que está por debajo del salario mínimo interprofesional. «No llega a mil doscientos, ¿Bueno? Y a eso le tenemos que quitar lo que me quitan de mi retiro y listo”, dijo ante los micrófonos del programa, citado como fuente de esta información.

Lejos de transmitir queja o amargura, Orduña explicó con mucha claridad su economía interna. naturalidad. El secreto para cuadrar las cuentas con esos ingresos radica en la estructura de gastos que conlleva tu ministerio. «I no tengo que pagar un piso«No tengo que pagar luz, no tengo que pagar agua», enumeró, para inmediatamente añadir un matiz importante: «Pero la gasolina sí, eso no…» Este desembolso en viajes representa, según dejó entrever, uno de los pocos juegos que consumen su presupuesto mensual.

Una vida sin fanfarrias

El testimonio del joven sacerdote derriba el cliché de una existencia precaria y lo sustituye por el relato de una vida austera pero cómoda. «Tampoco tengo grandes lujos. pero sí me da suficiente para invitar a la gente a comer», afirmó, equiparando su nivel de vida al de cualquier otro joven de su generación. La comparación no fue casual: «Lo mismo que «Esto tampoco es una fortuna», añadió dirigiéndose a los entrevistadores.

Orduña también explicó que su remuneración incluye un período de descanso acorde a lo estipulado para cualquier trabajador. «Sí, 30 días» Respondió cuando le preguntaron por las vacaciones, hecho que completó con una peculiaridad propia de su trabajo: «Eso más siete días de ejercicios espirituales». Esta semana adicional de retiro religioso, lejos de ser un típico período de vacaciones, constituye una práctica de recogimiento y oración que la tradición eclesiástica contempla para los sacerdotes.

Transparencia total ante una pregunta que todos nos hemos hecho

La intervención de Orduña en La pera de Jobs Llama la atención precisamente por la transparencia que exhibe al hablar de un tema tan privado como su salario, más aún cuando nos detenemos a pensar en la curiosidad que siempre ha generado la vida personal del credo.

La confesión del joven sacerdote, expresada sin victimismo y con un toque de despreocupación, aporta un dato concreto a esa conversación: un sacerdote puede cobrar menos de 1.200 euros y, al mismo tiempo, declarar con franqueza que «uno llega bien.»

La combinación de vivienda proporcionada por la diócesis, suministros cubiertos y un estilo de vida sin pretensiones conforma un modelo económico que, sin ser holgado, permite a Orduña vivir con dignidad y ejercer lo que él mismo describe como su verdadera vocación.

«No lo estoy haciendo mal» Explicó ante las risas cómplices de los presentadores.



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