Condenado a 15 años de cárcel en Valencia el pederasta alemán vinculado a un movimiento de ultraderecha
De presunta víctima a verdugo. El conspiracionista alemán afincado en Anna Frank B., vinculado al movimiento germánico de extrema derecha de los Ciudadanos del Reich, ha sido condenado a 15 años de prisión por sendos delitos de agresión sexual -uno de ellos continuado y con acceso carnal- a dos menores de edad.
[–>[–>[–>Bajo el falso alias de Jessie Marsson, el recluso de 50 años -que está a punto de cumplir 24 meses de internamiento preventivo en la cárcel de Picassent- solía aparecer en medios de comunicación alternativos presentándose como una víctima de supuestas redes de explotación sexual infantil y abusos rituales que había consagrado su vida a rescatar y auxiliar a niños con problemas o atrapados en experiencias similares a la suya.
[–> [–>[–>Sin embargo, según ha considerado probado la Audiencia Provincial de Valencia, el acusado violó con una frecuencia casi diaria a un adolescente alemán de 14 años al que había acogido en su finca de Anna prometiéndole apoyo educativo tras haber padecido dificultades escolares a causa del ‘bullying’ y la pandemia de la covid. Frank B., que residía en el chalé junto a su madre y un amigo, visitaba por las noches al menor en la caravana en la que éste dormía y, después de ganarse su confianza, comenzó a efectuarle tocamientos en los genitales. Poco a poco, tal como describe la sentencia, los contactos se fueron intensificando y derivaron en masturbaciones, felaciones recíprocas y, finalmente, penetraciones anales que solo cesaron cuando el encausado se mudó a otra casa con una supuesta novia.
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La víctima viajó a España y se quedó bajo el cobijo y la protección del condenado con el consentimiento de sus progenitores. Frank B. lo atrajo a sus redes con la mediación de una conocida que en Alemania coordinaba un grupo de apoyo escolar para niños con problemas. Ambos propusieron al adolescente participar en un supuesto proyecto educativo alternativo para jóvenes. Carismático y con una personalidad arrolladora, Frank B. ofreció su cara más generosa y no tardó en granjearse la admiración del menor, que pronto comenzó a idolatrarlo como a un padre.
[–>[–>[–>Posteriormente, a principios de 2024, el acusado conoció a otro niño de 12 años recién cumplidos que se había establecido temporalmente junto a su madre en una autocaravana en una zona próxima a su domicilio. Tras haberse ganado la confianza de la progenitora, Frank B. propuso al niño acompañarlo a una vivienda propiedad de un amigo en Sellent. Una vez allí, según el relato que se ha establecido como probado, le ofreció golosinas, le bajó los pantalones y la ropa interior y le acarició la zona genital. El menor reaccionó asustado mostrándole su oposición y el condenado cesó en su conducta, si bien advirtió al niño de que si contaba algo a su madre, le ocurriría algo malo.
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El tribunal concede total credibilidad y coherencia al testimonio prestado por las dos víctimas a lo largo del proceso judicial y descarta cualquier ánimo espurio en sus declaraciones. Fue la madre del niño de menor edad la que denunció los hechos ante la Guardia Civil cuando ambos sacaron el valor para relatarle los abusos que habían sufrido. La acusación particular ha sido ejercida por el abogado Antonio Orea.
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[–>Argumentos no acreditados
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La sentencia tumba todos y cada uno de los argumentos de la defensa para tratar de demostrar la inocencia de Frank B. Un informe psicológico demostró que no resultaba una conducta extraña que el adolescente que sufrió las agresiones sexuales continuadas continuara viviendo en el mismo lugar y en las proximidades del agresor. Dos psicólogas forenses declararon que era posible la ambivalencia afectiva y que quien es víctima de hechos como estos pudiera moverse entre sentimientos de rechazo y gratitud o afecto. El relato de esta víctima, además, se ve respaldado por unos mensajes que intercambió con el agresor por Telegram. Igualmente, el adolescente declaró que el acusado tenía una cicatriz en la zona de la ingle (producto de una operación de apendicitis) y una especie de «agujero» en el pene, cuestiones que fueron confirmadas en un informe forense posterior.
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Jessie Marsson, popular en el mundillo de los teóricos de la conspiración y previamente condenado en Alemania por pornografía infantil, trató de desacreditar las acusaciones del primer agredido apelando a una serie de supuestos motivos económicos, de celos o de venganza. El tribunal no considera ninguno de dichos móviles «mínimamente acreditado» ni les concede credibilidad. También llama la atención sobre el hecho de que el propio acusado identificara móviles distintos y no coincidentes según el momento de su declaración.
[–>[–>[–>Jessie Marsson en una entrevista y una de las casas que frecuentaba. / S.G.
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Otro de los razonamientos de la defensa fue apuntar a la ausencia de lesiones físicas en la exploración pericial médica forense que se le practicó a la víctima. Sin embargo, el examen se hizo más de un año después de que finalizaran los hechos, por lo que resultaba factible que las secuelas hubieran desaparecido.
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En el juicio, un informe forense del Instituto de Medicina Legal de València desmontó la tesis de que el acusado no pudo haber cometido las violaciones porque sufría una presunta impotencia sexual severa de la que no hay evidencias a nivel físico. Tampoco se considera un impedimento duradero la factura de costillas que sufrió a raíz de un accidente en octubre de 2022. Frank B. no presentó documentación sobre el alcance de la lesión, que le habría dejado convaleciente unas semanas antes de poder retomar sus contactos sexuales.
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Vulnerabilidad y dependencia
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Para el caso del adolescente violado de manera continuada, el tribunal impone al acusado una pena de 13 años de prisión en aplicación de la Ley del «solo sí es sí» -en lugar de su revisión posterior de 2023- al entender que es la más favorable y la vigente a la fecha del cese de los hechos delictivos. En la calificación se tiene en cuenta el abuso de su situación de superioridad y la vulnerabilidad de la víctima, así como la dependencia física y emocional respecto al agresor.
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Respecto a la agresión al niño que todavía es menor de edad, la Audiencia aplica una condena mínima de 2 años de prisión. Por un lado, la sentencia pone el foco en que el acusado desistió de continuar con sus fines sexuales cuando la víctima mostró su rechazo y, por otro, no se ha declarado probado que el condenado se aprovechara de su superioridad ni se constata una particular vulnerabilidad del menor.
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Frank B. también ha sido condenado a indemnizar a sus víctimas con 60.000 euros y 5.000 euros respectivamente, así como a 12 años de libertad vigilada y 25 años de inhabilitación para desempeñar cualquier oficio o actividad que conlleve contacto regular con menores de edad.
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La acusación particular -representada por el abogado Antonio Orea- pedía para Frank B. una pena de 14 años de prisión por el primero de los delitos y de 8 años por el segundo: un total de 22 años de reclusión, por lo que no se descarta un posible recurso de apelación frente a la sentencia. La Fiscalía, en la última sesión del juicio, elevó su petición de condena hasta los 19 años.
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Jessie Marsson ya coleccionaba varios antecedentes penales en su país natal por delitos relacionados con la pornografía infantil. La última condena, de 2020, le prohibía realizar cualquier actividad con niños. Ese mismo año, en plena pandemia de la covid, se mudó a la Canal de Navarrés, donde frecuentaba diversas propiedades y llegó a recaudar fondos para impulsar un supuesto centro de formación y alojamiento para ayudar a víctimas de pederastia en un almacén de Anna. También atesora otros antecedentes penales por falsificar documentos, obstruir a la justicia o por hurto.
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Fuente: Levante – EMV
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