La ‘Fed’ devuelve protagonismo al riesgo
Durante años, los mercados vivieron con una convicción: si la Reserva Federal mantenía las tasas de interés sin cambios, los costos de financiamiento también se mantendrían estables. Esa relación ha comenzado a romperse. Esta semana se demostró dos veces. Primero, porque la ‘Fed’ decidió mantener el precio del dinero … y sin embargo Los rendimientos de los bonos del gobierno de EE. UU. continuaron aumentando a niveles más altos desde 2007. Luego, porque los datos de crecimiento del segundo trimestre –un PIB del 1,5%, por debajo de las expectativas– volvieron a mover el mercado de bonos, aunque por motivos diferentes.
Para muchos ciudadanos es desconcertante. Si la ‘Fed’ no sube tipos, ¿por qué aumentan los intereses que paga el Estado? La respuesta es sencilla, aunque sus implicaciones son enormes: los tipos oficiales los fija el banco central; El interés de la deuda lo fija el mercado..
Cuando el Tesoro emite bonos a diez o treinta años, miles de inversores deciden qué rentabilidad requieren para comprarlos. Si perciben más inflación, un mayor déficit público o más incertidumbre, exigirán un tipo de interés más alto, incluso si la Reserva Federal no ha movido ni un solo punto básico. Ésa es la prima de riesgo de un país. La decisión de mantener los tipos se interpretó como una señal de que el banco central prefiere dejar que el mercado endurezca las condiciones financieras. El rendimiento del bono a 30 años alcanzó el 5,23%, el nivel más alto en casi dos décadas, impulsado por los temores de que los mayores precios del petróleo provocados por la crisis con Irán reaviven las presiones inflacionarias.
Horas más tarde apareció un segundo mensaje. La economía estadounidense creció un 1,5% anualizado en el segundo trimestre, frente al 2,1% del primero. A primera vista podría ser una noticia que alivie la presión sobre la deuda: un menor crecimiento suele traducirse en menos inflación y, por tanto, tipos futuros más bajos. La realidad es más compleja. Los datos de crecimiento ocultan una economía que sigue mostrando fortaleza en su demanda interna. El consumo privado se aceleró hasta el 3,2% y la inversión empresarial sigue impulsada por el despliegue masivo de infraestructura vinculada a la IA. El menor crecimiento se debió principalmente al fuerte aumento de las importaciones -precisamente de equipos tecnológicos y semiconductores- y a la disminución del gasto público, factores que restan en el cálculo del PIB sin reflejar necesariamente debilidad económica estructural.
En otras palabras, la economía se enfría en cifras agregadas, pero no lo suficiente como para disipar el riesgo de inflación. Y mientras persista esa duda, los compradores de deuda seguirán exigiendo altos rendimientos. Esta es quizás la principal lección de la semana. Durante décadas, bastaba con mirar a la Reserva Federal para anticipar la evolución de los mercados de bonos. Hoy no. El verdadero árbitro vuelve a ser el mercadoque examina simultáneamente el déficit público, la inflación, la geopolítica, el precio del petróleo y la capacidad de crecimiento de la economía.
Es una transición relevante porque devuelve protagonismo al riesgo. Y porque recuerda a los gobiernos y a los bancos centrales que la confianza nunca es gratuita. La deuda pública no sólo depende de lo que haga la Reserva Federal; Depende, sobre todo, de lo que los inversores crean que sucederá a continuación. ●
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí