Acabé llorando de la ansiedad y la impotencia
«Vivo gracias a una máquina de hemodiálisis, y qué pena que sea el sistema el que me dificulte vivir y disfrutar». Son palabras de Aida, una gijonesa que sufrió una auténtica odisea en un vuelo reciente desde Mallorca a Asturias junto a su pareja.
[–>[–>[–>«Vamos al aeropuerto tres horas antes. Me llevan la máquina (su novio) porque pesa horrible», comienza contando a través de un vídeo en redes sociales. Allí, «empieza lo que ya sabíamos: enseñar informes médicos, aprobación de Volotea, ficha técnica de la máquina… Llevamos preparando todo esto durante muchos meses». Una hora y media después, Aida y su pareja siguen en facturación. «Menos mal que soy paciente joven y que hoy me encuentro bien», apunta.
[–> [–>[–>«¡Por fin! Nos dicen que tenemos la aprobación de Volotea (una vez más) y que podemos irnos al avión». Pero la pesadilla lejos de acabar, continúa. Ahora con el control de seguridad. «Vuelven a decirme que no. Finalmente acaban haciéndome abrir la máquina para hacer un control de drogar y nos dejan pasar», prosigue.
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Llegan a la puerta de embarque
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Tras más de horas «peleando», llegan a la puerta de embarque. «Nos dicen que están al tanto y que debemos esperar a que suba todo el mundo para que sea más fácil entrar con la máquina«. Esperan y esperan. Hasta que les acompañan al avión. Son las once de la noche y ni han cenado. «¿Creíais que ya estaba? Nosotros también… Pero ya en el avión nos dicen que el piloto considera que no podemos viajar porque excede dimensiones del equipaje de cabina. Discuto con ellos, les explico que no pueden negármelo porque es un dispositivo médico necesario y vital para mí. Conozco bien mi derecho, pero parece que ellos no», manifiesta indignada.
[–>[–>[–>Al final, Aida llama a la Guardia Civil. «Vienen cinco guardias que también discuten con el piloto. Yo ya estaba llorando de la ansiedad y de la impotencia», relata. «Me recomendaron denunciar y me tranquilizaron diciéndome que me harían un auxilio para poder dializarme. Le pidieron los datos para la denuncia al piloto y a la tripulación… Y casualmente eso le hizo darse cuenta de que deberían dejarnos volar«.
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El vuelo, una hora de retraso
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Todo ello provocó una hora de retraso del vuelo. Una hora, apunta la gijonesa afectada, «porque no le dio la gana a escucharme en un primer momento». Aida remata su vídeo dando las gracias a los pasajeros «por entenderlo» y a los guardias civiles «por ayudarme y tranquilizarme». «Ojalá esto pase cada vez menos y el sistema nos ayude a tener una vida lo más normal posible», remata.
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