ALTO EL FUEGO | Ni EEUU ni Israel consiguen sus objetivos en una guerra contra Irán “catastrófica”
El acuerdo de alto el fuego que firmarán previsiblemente este viernes en Suiza Estados Unidos e Irán anticipa buenas noticias para las partes y para el resto del mundo a corto plazo: el fin de las hostilidades y la reapertura del estrecho de Ormuz a la navegación internacional. Pero, para Donald Trump y Benjamín Netanyahu, salvo sorpresa de última hora, supone una derrota estratégica sin precedentes.
[–>[–>[–>El presidente estadounidense y el primer ministro israelí no han conseguido por el momento ninguno de los objetivos pretendidos cuando lanzaron la guerra el pasado 28 de febrero. Ni los de máximos (la rendición total y el colapso del régimen iraní) ni los de mínimos (un compromiso iraní sobre sus programas nuclear y balístico antes de detener las hostilidades). Más bien al contrario: Teherán surge de esta prolongación del alto el fuego fortalecido y con una nueva arma: el control del 20% flujo del petróleo y gas global.
[–> [–>[–>«Esto es una catástrofe para Israel», ha declarado el político israelí Avigdor Liberman. «Es una derrota estratégica», afirma Yair Golan
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Un repaso a las fechas clave de este largo conflicto expone la situación de fracaso estratégico con claridad.
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En noviembre de 2018, la Agencia Internacional de la Energía Atómica certificó que Irán no había enriquecido uranio por encima del 3,67% y que disponía de 149,4 kilos de uranio enriquecido hasta ese nivel. Estaban muy por debajo del máximo permitido por el acuerdo de 2015, alcanzado tras año y medio de negociaciones pacíficas entre Estados Unidos e Irán, junto con Rusia, China, Reino Unido, Francia y Alemania.
[–>[–>[–>Trump decidió entonces romper el acuerdo, tras acusar a su predecesor, Barack Obama, de haber permitido sin indicio alguno que Irán se acercara a la fabricación de una bomba nuclear. La respuesta del régimen de los ayatolás fue inmediata: comenzaron a enriquecer uranio hasta acumular unos 409 kilos de material fisible al 60%, un nivel mucho más cercano al necesario para fabricar una cabeza nuclear.
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Una mujer pasa junto a un cartel gigante con la bandera iraní, este domingo en Teherán. / ABEDIN TAHERKENAREH / EFE
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En junio de 2025, Israel y Estados Unidos decidieron bombardear las instalaciones nucleares iraníes de Fordow, Natanz e Isfahán. Israel atacó además numerosos objetivos no nucleares: fábricas y depósitos de misiles balísticos, lanzaderas, defensas antiaéreas, bases militares, centros de mando y algunas instalaciones energéticas. Según Donald Trump, habían «borrado del mapa» la amenaza nuclear iraní.
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[–>Netanyahu lleva a Trump a la guerra
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En febrero de este año, Netanyahu acudió a la Sala de Crisis de la Casa Blanca, algo extraordinario para un líder extranjero, y convenció a Trump de que era el momento de derribar al régimen de los ayatolás. Estaba debilitado tras las protestas de enero, en las que las autoridades masacraron a miles de personas. Si atacaban, todo caería como un castillo de naipes: los iraníes se alzarían, las minorías kurdas tomarían las armas y ellos conseguirían redibujar el equilibrio militar en la región para siempre.
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Trump decidió hacerle caso, algo que todos sus predecesores habían evitado hasta entonces. Se lanzó a una guerra sin un final claro. Prometió que solo aceptaría la rendición total de Teherán.
[–>[–>[–>Este domingo, tras un mes de violencia y tres de precario alto el fuego, parece que comienza el camino hacia el silencio de las armas. Es cierto que Trump ha prometido lo mismo en hasta en 39 ocasiones anteriores. La diferencia es que, esta vez, altos cargos iraníes han confirmado que hay un «memorando de entendimiento» destinado a poner fin a las hostilidades durante al menos dos meses, reabrir el estrecho de Ormuz y detener los combates en Líbano. En los próximos 60 días deberán negociarse los detalles de un eventual acuerdo de paz entre las partes.
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Irán se sale con la suya
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El orden de los factores de la negociacioón es clave para interpretar quién ha tenido la sartén por el mango en estas conversaciones. Irán se negaba a negociar si Israel seguía atacando Líbano, y pedía que Trump levantara el bloqueo marítimo a sus puertos y detuviera los bombardeos antes de hablar nada del programa nuclear. Así parece que va a hacerse este viernes en Ginebra, donde está previsto que sea el vicepresidente J.D.Vance el que firme por la parte estadounidense ese marco de entendimiento.
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RAWALPINDI (PAKISTÁN), 11/04/2026.- El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, llega a la base aérea de Nur Khan para participar en conversaciones con Irán / Wang Shen / Europa Press
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Trump tratará ahora denodadamente de imponer el relato de que ha ganado tanto el pulso bélico y como el diplomático.
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Es cierto que los bombardeos estadounidenses han dejado a Irán sin flota y han acabado con la vida de 7.000 personas, en su mayoría civiles, incluido el líder espiritual del país, el ayatolá Alí Jameneí. Pero el Gobierno iraní sigue en pie y la Guardia Revolucionaria y el Ejército aún conservan el 70% de su capacidad de lanzamiento de misiles y drones, según la inteligencia estadounidense.
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Los ataques de Irán contra los países del Golfo aliados de Estados Unidos —Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Bahréin, entre otros— han conseguido dañar una docena de bases estadounidenses en la región. También han mermado el arsenal estadounidense de misiles defensivos hasta niveles que llevará años recuperar y han derribado o dañado decenas de aeronaves.
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Clamor en Israel contra Netanyahu
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Trump ha tenido que ceder en este escenario porque la guerra estaba haciendo descarrilar la economía mundial. Máximos de inflación global, del 4%, y mínimos de crecimiento desde la pandemia, del 2,5%, según el último informe del Banco Mundial. Los países del Golfo iban a crecer un 4% este año; ahora se espera que su crecimiento sea nulo de media.
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Mientas, las consecuencias políticas para Trump podrán medirse en las elecciones de medio mandato de noviembre. Las consecuencias para su aliado Netanyahu empiezan a ser más evidentes.
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Archivo – Imagen de archivo del primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu / Bernd von Jutrczenka/dpa
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La oposición casi al completo ha salido en tromba contra Netanyahu por lo que considera el mayor error estratégico desde los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023. «Esto es una catástrofe para Israel», ha declarado Avigdor Liberman, exministro de Defensa y líder del partido Yisrael Beitenu.
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«Trump firma un acuerdo que inyecta miles de millones al régimen de los ayatolás, deja intactas las infraestructuras nucleares, mantiene la amenaza balística tal como está y ofrece una cuerda salvavidas al régimen asesino de Teherán», ha escrito en X el líder de la oposición Yair Golan, antiguo subjefe del Estado Mayor y presidente de Los Demócratas, la alternativa del campo liberal-demócrata israelí. «Netanyahu es el hombre que durante años vendió al público la ilusión de ser el “señor Seguridad” y que, en la práctica, se convirtió en el padre del mayor fracaso estratégico de la historia de Israel. Netanyahu es bueno para Hamás. Netanyahu es bueno para Irán. Netanyahu es bueno para Hezbolá. Quien prometió una ‘victoria absoluta’ termina su mandato con los enemigos de Israel más fuertes, con Israel más débil y con la disuasión erosionándose ante nuestros ojos».
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En la misma línea se ha expresado el otro hombre fuerte de la política israelí y posible candidato a dirigir el país tras las elecciones previstas para otoño, Benny Gantz, exministro de Defensa con Netanyahu y presidente del partido Azul y Blanco: «El acuerdo que se perfila con Irán parece un fracaso estratégico que obligará a Israel a emprender una lucha diplomática, militar y legal durante los próximos años, que solo podrá liderar un Gobierno sionista amplio».
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Ni siquiera dentro de su Gobierno las cosas están claras. El ministro de Seguridad Nacional, el ultraderechista Itamar Ben-Gvir, ha asegurado que el acuerdo no los vincula porque Israel no lo ha firmado. El ministro de Defensa, Israel Katz, sostiene que sus tropas no se retirarán del sur de Líbano bajo ninguna circunstancia.
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Netanyahu tiene ahora todos los incentivos para volver a hacer descarrilar este acuerdo. La cuestión es hasta dónde le permitirá llegar Trump.
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