amparo a cambio de petróleo barato
Un país oficialmente laico y una teocracia islámica han alimentado durante décadas su relación simbiótica. No pregunta China, paradigma del pragmatismo, al otro Gobierno por su credo ni su sistema político, ocupada sólo en explorar las vías de cooperación. Abundan con Irán, abastecedor de petróleo barato y puerta de entrada a Oriente Medio de la Nueva Ruta de la Seda, su megaproyecto comercial. A cambio ha recibido Teherán su amparo tras la desconexión económica y diplomática de Occidente. Con la posible caída del régimen de los ayatolás anuncian muchos el fin del eje Pekín-Teherán, pero la geopolítica es más prosaica. Gobiernos surgidos tras revueltas aplaudidas por Occidente han seguido alineados con China porque hoy es un suicidio económico darle la espalda.
[–>[–>[–>Sobre el petróleo han construido sus vínculos. No hay cifras oficiales sobre el caudal porque las sanciones empujan a la clandestinidad pero las consultoras independientes y Washington apuntan a que China recibió el 80% de la producción iraní del pasado año. Son 1,38 millones de barriles diarios, lo que supone el 13,8% de los 10,27 millones que importa China, el mayor comprador del mundo. Tan relevante es el volumen para Pekín como el precio: le descuenta Teherán hasta 10 dólares por barril. La pulsión sancionadora de Occidente a todos los regímenes que la irritan nutre de chollos a China: sólo en los nueve primeros meses de 2023 ahorró casi 10.000 millones de dólares recurriendo a petróleo iraní, ruso y venezolano, según la agencia Reuters.
[–> [–>[–>El precio y la alta calidad del petróleo iraní sobrevuelan los riesgos y para lidiarlos han sofisticado los mecanismos de cooperación. Las grandes empresas estatales dejaron de comprar petróleo iraní seis o siete años atrás. Sus clientes son pequeñas refinerías independientes, conocidas con desdén como ‘teteras’ y ubicadas en su mayoría en la provincia costera de Shandong, que operan al margen de la arquitectura financiera estadounidense. La actual operación militar de EEUU e Israel contra Irán despierta las dudas sobre el futuro del suministro barato proveniente del país persa.
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«Flotas fantasma»
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Hasta China suele llegar el crudo a través de las llamadas «flotas fantasma» para eludir la fiscalización marítima. Son cargueros sin una propiedad clara que desactivan el transpondedor (un sistema de localización similar al de los aviones) o lo sitúan en alejadas coordenadas. La entrega ocurre en alta mar con barcos cisterna, casi siempre en el sudeste asiático. Así figuran en los registros los países de la zona, principalmente Malasia, como el origen del petróleo iraní.
[–>[–>[–>La posición de Irán la convierte en clave para la Nueva Ruta de la Seda pero siempre ha lamentado Teherán que China riegue de yuanes con más generosidad a sus vecinos del Golfo. En 2021 firmaron con mucha pompa un acuerdo estratégico para los siguientes 25 años con inversiones chinas de hasta 400.000 millones de dólares. Estaba llamado a compensar las sanciones estadounidenses y de «amigo en tiempos difíciles» calificó Teherán a Pekín. El resultado, un lustro después, queda muy atrás de la urgente y plena modernización de las infraestructuras nacionales que soñaba Irán. La rampante corrupción y los cíclicos desórdenes sociales han frenado el impulso inversor chino. El comercio total de China con los seis países del Consejo de Cooperación del Golfo de 2024 alcanzó los 257.000 millones de dólares; con Irán apenas llegó a los 14.000 millones.
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En la arena internacional ha sido más contundente el auxilio chino. Pekín ha arruinado el aislamiento ansiado por Washington con la bienvenida a organizaciones paralelas al orden occidental. En 2023 fue el primer país de Oriente Medio en ingresar en la Organización de Cooperación de Shanghái, una alianza nacida a principios de milenio para fortalecer la seguridad de China, Rusia y repúblicas centroasiáticas, y que ha ido expandiendo su ámbito geográfico y competencial. Un año después fue recibida Irán como miembro de pleno derecho en los BRICS, que ya supera en PIB al G-7. También le ha ofrecido Pekín alternativas al software occidental. En los últimos años ha adquirido los sistemas cerrados chinos para robustecer su programa nuclear frente a los sabotajes israelíes y estadounidenses y otros ciberataques.
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