Aquí hay dragones
Cuando los exploradores medievales y topógrafos, hasta el siglo XIX, dibujaban los mapamundis, al llegar a zonas inexploradas, que a menudo coincidían con territorios helados, norte de Canadá, de Escandinavia, de Siberia, la Antártida…, dejaban el mapa en blanco, trazaban líneas discontinuas delimitadoras, como una frontera, y escribían: «Hic sunt dracones»; «Aquí hay dragones». Una manera de advertir que ignoraban qué había al otro lado y a dónde llegaba.
[–>[–>[–>Mi libro de Geografía del Bachillerato aseguraba que el país de mayor extensión de Europa, Unión Soviética aparte, era Francia, y el segundo España. Entonces, Kazajistán y Ucrania pertenecían a la URSS, y Turquía no se consideraba Europa; estos tres países nos superan en kilómetros cuadrados. Sin embargo, la Dinamarca continental es pequeña, como la superficie de Extremadura, pero Groenlandia, nación constituyente del Reino de Dinamarca, es cuatro veces España, por lo tanto, era en aquellos años el país más grande de Europa. ¿Por qué nadie contaba con Groenlandia? Porque aún hace medio siglo estaba sin acotar, pendiente de medición, era un territorio de dragones.
[–> [–>[–>Con el calentamiento global y la merma sobrecogedora de glaciares, están quedando al descubierto en el Himalaya cientos de cadáveres de montañeros que se adentraron en esa cordillera y quedaron atrapados; en cierto modo, exploradores que desafiaron al Yeti, a Jack Frost, a Bóreas, a Ullr y al dios de las alturas. Pues bien, este cambio térmico que derrite el casquete polar y el manto blanco de los países que se asoman al Círculo Ártico, está descubriendo la tierra de Groenlandia, deja al aire sus costas insulares y no parece que existan dragones en la isla, al contrario, son los dragones los que quieren invadirla.
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