Área recreativa
El día en el que a un prao con mesas dieron en llamarlo área recreativa, Asturias subió varios puestos en el ranking del domingueo. Porque vamos… ¡será por praos! Parece ser que fue un término que acuñó el ya extinto ICONA -Instituto para la Conservación de la Naturaleza- allá por la década de “Bohemian Rapsodi” y “Mamma Mía”. Y aunque Asturias no fue pionera (bendita palabra, cuántos titulares nos habrá dado), sí que se empleó a fondo en la materia. Alumna cum laude.
[–>[–>[–>Porque en realidad, de comer en el prao ya sabíamos mucho los asturianos. Cuenta mi madre el trabajo que daba dar de comer a todos los que esperaban en mitad de las faenas agrícolas. Y como no sólo de trabajo vivimos, teníamos también las romerías y jiras de fin de semana. Un gaitero, un acordeonista… y a bailar y a comer en el prado, entre todo tipo de animales domésticos y sin carteles de patrocinio. Mi abuelo iba de trompetista por aquellas pitanzas, hasta que vendió la trompeta para comprar dentadura y descubrió que le resultaba más lucrativo participar en campeonatos de bolos.
[–> [–>[–>Vamos, que ya estaba todo inventado, sólo faltaban las mesas de madera. Pero no hay como una buena etiqueta para lucir el producto. Y la comarca avilesina pronto contó con lugares donde dominguear de manera fina y moderna. Pulide, en Castrillón, fue una de las primeras, aprovechando la tradición ya existente de ir de jira una vez al año. Recuerdo aquellas fiestas, con la mirada de mis 10 o 12 años. Muchedumbres a caballo, a pie, también en coche, polvareda de bienvenida, costillas a la parrilla, alegría y mantel de cuadros con cuidado de no sentarte sobre los tojos. Luego aquello fue cambiando.
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Estuve en Pulide, hace poco, para un cumpleaños infantil campestre. A mis niñas les encanta ir allí, y eso me permite reencontrarme con un lugar mágico, un área recreativa que, de escondida y poco accesible (la carretera se las trae), parece salvaje. Pinos, castaños, abedules, avellanos, flores, setas, posibilidad de hacer casetas con palos, de trepar a los árboles… y unas vistas de la costa asturiana que, en día despejado, da gloria verlas.
[–>[–>[–>Lo que no está tan de revista es el mobiliario. Y es que en Pulide se invoca el fantasma de uno de los males endémicos de la región: el de inauguramos, pero luego no mantenemos, que no mola tanto. ¡Y eso que durante años el Ayuntamiento ha contado con la colaboración de los vecinos! Las mesas están aceptables, aunque faltan muchos bancos. Las barbacoas hubieran quitado la sonrisa al mismísimo Georgie Dann. Las papeleras son un engaño porque sólo sirven para desperdigar basura. Y la zona de juegos… ¿qué decir de una zona de juegos que no se reparó nunca, y que ahora parece una boca desdentada llena de ausencias?
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Anoche soñé que volvía a Manderley…. Quiero decir, a Pulide. En mis sueños regreso y tiene actividades medioambientales para niños, talleres de observación de la fauna y flora, acampadas de fin de semana… y columpios, tobogán y balancín. Ni más ni menos. Porque para algo tienen que servir las palabras: si aspiras a área recreativa, no puedes quedarte en prao con mesas. Y todos podemos colaborar en eso: asociaciones, administraciones, centros educativos… Quien tenga oídos para oír, que oiga.
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