Atraco a la familia Bolaños: cinco horas de secuestro y 24 años para resolverlo
Cinco horas de torturas y 24 años para depurar responsabilidades. El secuestro de la familia Bolaños y la compleja investigación que le siguió para localizar a sus autores parece llegar a su fin. Solo entrará en prisión Siugzda Daivaras, uno de los cinco encapuchados que el nueve de mayo de 2002 se colaron en la vivienda del empresario José Bolaños, propietario de una cadena de supermercados, en Vecindario (Las Palmas) y lo torturaron junto a su mujer y su hijo para hacerse con el dinero de la caja fuerte. De los otros cuatro criminales no hay rastro.
[–>[–>[–>El golpe fue fruto de un plan establecido para hacerse, a cualquier costo, con los 500.000 euros que la familia custodiaba. El reloj marcaba las nueve y cuarto de la noche cuando cinco hombres ataviados con monos de trabajo azules, encapuchados y portando armas falsas se colaron en el domicilio del empresario, en la Avenida de Canarias, a través de un local contiguo.
[–> [–>[–>Las únicas personas que se encontraban en el interior en ese momento eran Ana Marrero, mujer de Bolaños, y su hijo Francisco, de 17 años, que estaba viendo la televisión. Los maniataron, les pegaron y esperaron con tranquilidad a que llegara el cabeza de familia para reducirlo y dar comienzo a un angustioso interrogatorio.
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Amenazas de muerte
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Los atracadores se aprovecharon del cariño que se guardaba la familia entre sí para chantajear al empresario. Puñetazos, patadas y amenazas de muerte. O les daba los dígitos de la caja fuerte o mataba a su hijo, un escenario que cada vez parecía más plausible y que llevó a Bolaños a ceder a sus exigencias.
[–>[–>[–>El más pequeño de la familia logró quitarse esa noche las cintas con las que les ataron las muñecas y pedir ayuda al 112 y a su hermana. Solo podía identificar que los atracadores tenían un acento como «árabe», pero las prendas con las que se taparon le impedían reconocer sus caras o cualquier rasgo físico.
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La investigación fue compleja porque los atracadores iban encapuchados y nadie vio sus rostros
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Comenzó entonces lo que parecía un callejón sin salida. No había apenas pistas, ningún hilo del que tirar, lo que conllevó el sobreseimiento provisional de la causa en 2003. Y, cuando todo apuntaba a que este golpe iba a quedar impune, Daivaras se persona en 2012 en la comisaría de la Policía Nacional de Maspalomas y confiesa los hechos.
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[–>Había cometido el atraco, aseguró, siguiendo órdenes de dos españoles «del entorno de la seguridad privada de Anfi del Mar y del centro comercial Águila Roja». Les dieron la información necesaria para entrar en el domicilio, según su versión, a otros cuatro lituanos a cambio de 25.000 euros cada uno, de los que Daivaras habría cobrado 70.000.
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Sin embargo, nueve años después, en el juicio, se retractó de sus palabras y aseguró «no reconocerse» en el atraco. La Audiencia Provincial de Las Palmas lo condenó a tres años y medio de cárcel por delitos de detención ilegal, en concurso medial con robo con violencia, dos detenciones ilegales y tres lesiones.
[–>[–>[–>Cinco años fugado
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Sin embargo, en un último intento de esquivar la acción de la justicia, se dio a la fuga. Pasó cinco años escondido en el complejo de apartamentos del Campo Internacional de Maspalomas, hasta que un error reveló su paradero. La dueña de un gimnasio lo denunció por agresión y la Policía Nacional, al comprobar los datos de los implicados en el altercado, lo identificó y arrestó.
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El juez ha decretado su ingreso en prisión, por lo que será la primera persona que cumplirá condena por el atraco de 2002. También deberá indemnizar a la familia con 500.000 euros, la cuantía que les sustrajeron, 2.073 euros por las lesiones y 446 por las secuelas.
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