Barbón y la gata Flora
En una declaración de mete y saca, Barbón despachó desde México el asunto Cerredo con una alusión a la gata Flora. Mientras en Asturias estallaba el obús minero, en la capital azteca sonaban trompetas y guitarrones. No es una metáfora: el presidente autonómico se encontraba al otro lado del charco, entre coros y danzas institucionales, cuando en Oviedo la comisión parlamentaria que investiga la tragedia minera de Degaña levantaba acta de defunción de la nefasta forma de gobernar una consejería.
[–>[–>[–>Hasta que aludió a la gata Flora, Barbón no había valorado políticamente el dictamen de la comisión, parecía que al siempre locuaz le había comido la lengua un gato. Los peor pensados resuelven que el presidente salió por piernas, como el gato con botas, para evitarse el sonrojo del dictamen. O sea, que como decía mi abuela Angelita, el líder de los socialistas asturianos “hizo fu, como el gato”.
[–> [–>[–>Tiene razón el presidente en que diga lo que diga, haga lo que haga, le van a criticar. Acuda en misión comercial a México o se desplace a los Fiordos a anillar el campanu. Para eso está la oposición: para buscarle los tres pies al gato y publicitar las contradicciones de un gobierno que, en Cerredo, no atendió a quien pulsó el botón de alarma.
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Dicho lo cual, hasta que lo pronunció Barbón a medias desconocía el dicho popular de la gata Flora. Preguntaré a mi amigo veterinario si la felina casera grita y llora cuando le meten y le sacan la aguja de la vacuna trivalente.
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