Baterías y ‘marcapasos’ en la red eléctrica, el plan de Lituania para evitar un apagón como el de la Península Ibérica
«Putin, (el Tribunal de Derechos Humanos de) La Haya te espera». El cartel, colocado en lo alto de uno de los pocos rascacielos de la capital de Lituania, resume el estado de ánimo de un país que nunca ha dejado de mirar con recelo a Rusia. Cincuenta años bajo el control de Moscú y una guerra librada a pocos cientos de kilómetros explican que su seguridad no se mida solo en soldados, tanques o sistemas antiaéreos, sino también en vallas, baterías o máquinas capaces de mantener en pie su red eléctrica ante un apagón como el que dejó sin suministro eléctrico a la Península Ibérica o un ataque deliberado contra su infraestructura más crítica.
[–>[–>[–>El 8 de febrero de 2025, Lituania, Letonia y Estonia dejaron de operar sincronizados con el sistema eléctrico ruso y pasaron a integrarse en la red de Europa continental. Era el final de un proceso iniciado dos décadas antes y que se vio acelerado tras la invasión rusa de Ucrania. En el caso lituano, la conexión se realizó a través de LitPol Link, el cable con Polonia que ya permitía intercambiar electricidad desde hacía una década, aunque la frecuencia de la red seguía dependiendo de Moscú: la energía cruzaba la frontera, pero el ‘latido’ del sistema lo seguía controlando Rusia.
[–> [–>[–>El barco al fondo alberga el compensador sincrónico Alytus. / Erikas Ovcarenko / LitGrid
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Esa desconexión obligó a rediseñar el funcionamiento de la red. Sin el respaldo ruso, Lituania necesitaba nuevas herramientas para garantizar su estabilidad en situaciones extremas. Una de las piezas clave fueron los llamados compensadores síncronos, una tecnología centenaria recuperada con el auge de las renovables. El país instaló tres: uno al norte, otro cerca de Vilna y un tercero en Alytus, donde se encuentra la interconexión con Polonia. Este último, bautizado Wilma por su fabricante, Siemens Energy, parece un gran cubo dentro de una nave industrial; pero el estruendo constante y el olor a goma quemada anuncian un interior formado por un enorme cilindro metálico cuyas bobinas giran para estabilizar, así, la frecuencia y la tensión de la red.
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Se trata de una suerte de ‘marcapasos’ que evita que un problema localizado desencadene un efecto dominó, parecido al ocurrido el 28 de abril de 2025 en la Península Ibérica. España no dispone de compensadores síncronos en el sistema peninsular, aunque tras el apagón el Gobierno anunció la instalación de ocho equipos. «Con un compensador síncrono es mucho más difícil derribar un sistema eléctrico», aseguró el responsable del programa de sincronización del operador LitGrid (el equivalente lituano a Red Eléctrica), Artūras Kuliešas, durante una visita organizada por la Comisión Europea, que ha financiado con 1.230 millones de euros el 75% del proyecto de sincronización, a Vilna.
[–>[–>[–>Kuliešas se resistió afirmar que una máquina de este tipo habría impedido el apagón ibérico, aunque su explicación sobre su funcionamiento apuntaba en esa dirección. Durante décadas, esa estabilidad la aportaban las centrales térmicas, nucleares e hidroeléctricas a través de sus grandes generadores que, además de producir electricidad, equilibraban el sistema. Las plantas solares y la mayoría de los aerogeneradores modernos no tienen generadores porque funcionan mediante electrónica de potencia. Eso reduce su capacidad de dar estabilidad a la red y hacen necesarios los compensadores síncronos.
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La segunda línea de defensa lituana son las baterías, aunque no las destinadas a aprovechar las variaciones del precio de la electricidad para vender energía. En Lituania pertenecen al operador del sistema y cumplen una misión distinta, la de servir como red de seguridad ante una perturbación. El país ha construido cuatro instalaciones idénticas en Vilna, Šiauliai, Alytus y Utena, con una potencia conjunta de 200 megavatios, el mayor sistema de almacenamiento con baterías actualmente en funcionamiento en Europa.
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Baterías ubicadas en la subestación de Vilnius que sirven de respaldo al sistema eléctrico lituano. / LitGrid
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La principal virtud de estas máquinas con forma de gigantescas neveras es que son capaces de responder en 200 milisegundos, mediante la inyección o extracción de energía, contribuyendo así a regular la frecuencia de la red. Una vez activado, el servicio de reserva de energía permanece disponible durante aproximadamente una hora o hasta que entren en funcionamiento otras fuentes de generación. «Están todo el rato en modo de espera, observando la frecuencia de la red y si esta cae, empezarían a funcionar», explican fuentes de Energy Cells, la compañía pública creada en 2021 para desarrollar este proyecto.
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«Tomamos todas estas medidas para garantizar que nuestros consumidores están protegidos ante cualquier tipo de pérdida de electricidad, aunque nunca se puede estar seguro al cien por cien. El sistema de baterías es muy importante para asegurar el balance del sistema, pero también debemos hablar de la seguridad física. Nosotros estamos en la frontera oriental de Europa y quizás tenemos riesgos distintos respecto a otros países, pero todos los Estados miembros deberían estar preparados para proteger físicamente su infraestructura energética ante sabotajes», explicó el hasta hace unas semanas ministro de Energía, Zygimantas Vaiciunas.
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Bloques de hormigón instalados en la subestación Alytus para proteger la infraestructura de un posible ataque. / Erikas Ovcarenko / LitGrid
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Se refiere Vaiciunas al plan de resiliencia lanzado por su departamento en los últimos compases de la sincronización europea (2024) para reforzar la protección de las infraestructuras críticas. El plan está formado por bloques de hormigón en forma de gigantescas piezas de Lego para proteger los transformadores, guardias de seguridad de las fuerzas especiales de la Policía, vallas, sacos de arena preparados para rodear subestaciones si aumenta el nivel de alerta, sistemas de videovigilancia con inteligencia artificial, equipos antidrones y protocolos de recuperación con salas de control alternativas o subestaciones móviles capaces de sustituir temporalmente a las dañadas, entre otras.
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«En Europa las medidas estaban pensadas para impedir que entraran niños o adolescentes en las instalaciones. Pero ahora emergen otro tipo de amenazas a las que los países deben hacer frente», explicaron fuentes del operador lituano.
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