China dice que la guerra en Irán perjudica a todos pero suaviza el tono hacia Estados Unidos
Críticas a los ataques que padece Irán, muchas alusiones oblicuas a Estados Unidos como elemento perturbador global y enaltecimientos al rol estabilizador de China. Son las líneas maestras en la intervención del ministro de Exteriores, Wang Yi, quien pareció confirmar la cita en Pekín de Donald Trump y Xi Jinping a pesar de los recientes embates del primero a países cercanos a China.
[–>[–>[–>Es ya habitual que en la Asamblea Nacional Popular o Parlamento ofrezca el jefe de la diplomacia china su única conferencia de prensa frente a periodistas locales y extranjeros. Es un trámite del que sale airoso Wang, diplomático curtido en mil batallas, que fue devuelto a la cartera de Exteriores tras el cese de su antecesor cuando su edad sugería la jubilación. No aportó novedades pero afiló el mensaje y repasó todos los asuntos globales candentes. Solo aparcó la guerra de Ucrania aunque aclaró que sus vínculos con Moscú están a salvo de cualquier interferencia externa. “Son tan estables como una montaña, ni el viento ni la lluvia pueden moverla”, dijo.
[–> [–>[–>La actualidad pasa ahora por Irán. “Esta guerra nunca debería haberse producido y es una guerra que no beneficia a nadie”, afirmó. También pidió el diálogo inmediato para conseguir un alto el fuego y evitar “que la crisis escale y se extiendan las llamas de la guerra”. No parecen sus interlocutores interesados: Trump solo busca una rendición inmediata que Teherán ya ha descartado. Para explicar esta crisis y muchas otras ha usado Wang el habitual juego de espejos opuestos. Ha ensalzado a su país como “la mayor fuerza de paz, estabilidad y justicia del mundo” y afirmado que “un puño poderoso no es lo mismo que una razón poderosa”. “El mundo”, ha sentenciado, “no puede regresar a la ley de la jungla”.
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Estabilidad en Asia
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“Si China, como hacen otras potencias tradicionales, forjara esferas de influencia en su vecindario, fomentando la confrontación de bloques o incluso creando problemas a los vecinos, ¿sería Asia tan estable como lo es hoy?”, se ha preguntado en una probable referencia a Oriente Medio y Latinoamérica. Más tarde apuntó a la furia arancelaria de Trump, el otro frente abierto con Pekín: “Observamos que cierto país levanta muros al comercio y persigue la desconexión y romper las cadenas de suministro. Esas acciones equivalen a intentar apagar un fuego con gasolina; al final siempre acaban volviéndose en contra del que las practica”.
[–>[–>[–>Trump dirigió el timón hacia China con su segunda guerra comercial tras regresar a la Casa Blanca. La contienda se saldó con la derrota de Estados Unidos cuando su industria agotó las reservas de minerales raros y la tregua firmada por Xi y Trump a finales de año en Corea del Sur. China ha cumplido con las compras de productos agrícolas y de la inminente reunión presidencial se esperaba que saliera un acuerdo más sólido. Pero a las cuitas comerciales se han sumado las geopolíticas tras el secuestro de Maduro y los ataques a Irán.
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Visita de Trump a China
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Washington confirmó la visita de Trump entre el 30 de marzo y el 2 de abril pero Pekín nunca anuncia las llegadas de los dirigentes extranjeros hasta unos pocos días antes. El contexto enrarecido había disparado los rumores sobre su cancelación pero el tono conciliatorio de Wang parece desmentirlos. Las relaciones bilaterales, ha dicho, siguen su curso con normalidad y “este año será muy importante”. Ha repetido que China y Estados Unidos son diferentes y no pueden cambiar al otro “pero sí pueden cambiar la forma en que interactúan con el otro”.
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[–>También aludió a la romería de líderes occidentales. El francés Emmanuel Macron, el británico Keir Starmer y el alemán Friedrich Merz han visitado recientemente China y pronto regresará Pedro Sánchez. “Hemos notado que un creciente número de perspicaces figuras en Europa reconocen que China no es un competidor, sino un socio global”, ha dicho. El giro ha coincidido con el regreso de Trump.
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