El faro de la isla de Vierge, las islas Lofoten, el monasterio de Santo Domingo de Silos y otros destinos donde el wifi no llega (y tampoco lo necesitas) | Lonely | El Viajero
El nuevo lujo se llama desconexión. Una respuesta lógica a la saturación digital que padecemos. Pasamos casi siete horas al día conectados a internet. Nuestro descanso se interrumpe constantemente por notificaciones y nos persigue la ansiedad si no estamos “conectados” incluso en el rincón más remoto del planeta. En este mundo hiperconectado, se han convertido en todo un lujo las vacaciones sin wifi, sin mail, sin selfies, sin Stories, y sin consultar en todo momento a Google Maps. Esta necesidad de combatir la fatiga digital es la tendencia más potente e irreversible del turismo actual y ya hay incluso viajes en grupo para practicar el “detox digital”.
En realidad, basta con apagar el móvil para experimentar un viaje completamente diferente. Vuelta a las guías en papel, que ofrecen contexto a nuestros viajes y nos ofrecen una perspectiva global del destino. Vuelta a charlar con la población local en lugar de preguntar a la IA. Y vuelta a compartir directamente experiencias con otros viajeros. Viajar sin móvil, sin redes, sin conexión, puede ser el antídoto perfecto contra el agotamiento digital que se ha convertido en un problema mundial de salud mental. Muchos destinos, hoteles y experiencias viajeras ya se publicitan con este reclamo, pero también podemos encontrar propuestas a la vuelta de la esquina.
Hay regiones enteras y rincones con dificultades de cobertura (¡perfectos para desconectar!), muchos de ellos en la llamada España vaciada. Encontramos monasterios, reservas naturales o alojamientos que ya prohíben expresamente el uso de dispositivos o invitan a dejarlos en una caja al llegar. A cambio ofertan retiros de yoga, de nutrición ecológica, juegos de mesa, caminatas o simplemente volver a la conversación cara a cara.
Estos son algunos sitios donde encontraremos las vacaciones desconectadas que estamos buscando. ¿Lo probamos? Descubriremos que no es necesario tener wifi a todas horas y en todas partes.
Los faros: isla de Vierge, Bretaña
Los faros de todo el mundo suelen ser lugares donde la única conexión posible es con la naturaleza. Algunos se han transformado en alojamientos que invitan a olvidarnos de aparatos y redes sociales. Como el faro de isla Vierge, en Bretaña, en la costa de Plouguerneau. Se trata de un alojamiento ecológico, hecho con materias primas locales y decorado en tonos suaves para acompañar el descanso. Cuando se van los visitantes de día, nos convertiremos en los únicos ocupantes de la isla. Y también podemos ser aprendices de meteorólogos, tomando los datos del tiempo desde la cúpula de cristal en lo alto del faro. Allí nos espera un baúl didáctico con todo lo necesario, incluyendo unos buenos prismáticos, todo por cortesía del Conservatorio del Litoral. Estaremos entretenidos, pero, sobre todo, redescubriremos el placer de escuchar el mar y de escucharnos a nosotros mismos.

Sin salir de España encontraremos también otros faros donde es posible desconectar. Como el Faro de Lariño, en Carnota (Galicia), que se promociona como un “hotel emocional”, o el Faro de Fisterra, en el mítico cabo gallego donde “termina el mundo·, un lugar emblemático para desconectar, o el Faro de Punta Cumplida, en la salvaje costa de Barlovento de la Isla de La Palma, un faro del siglo XIX, restaurado, en medio del Atlántico, con tres suites exclusivas donde el mayor de los lujos es escuchar el murmullo del océano como telón de fondo.
Clubs de viajeros para desconectar
Además de destinos y alojamientos, cada vez surgen más experiencias diseñadas en todo el mundo para grupos que desean conectar en el silencio, prohibiendo para ello el uso de móviles o cualquier dispositivo. En lugar de eso, ofrecen caminatas, juegos en grupo, aprender a tejer o simplemente conversar y recuperar el placer de la tertulia. Son proyectos como The Offline Club que reúne experiencias en muchas ciudades (en Madrid y en Barcelona, entre ellas). Más específica, casi a modo de “agencia de viajes especializada” es Longevity Escapes que propone viajes digital detox, retiros de yoga, nutrición ecológica, curas emocionales, sanación holística, reset metabólico, termoterapia… y toda clase de propuestas para lograr la desconexión digital.
Encuentro con la naturaleza salvaje en las Islas de Norte
No hace falta ser Robinson Crusoe, pero las islas de todo el planeta son lugares perfectos para desconectar, sobre todo en las que están en lugares remotos con climas exigentes. Sin salir de Europa hay dos propuestas que nos invitan a la desconexión digital. En el extremo más septentrional del continente, las islas Lofoten (Noruega), nos permitirán reconectar con la naturaleza más salvaje, entre fiordos espectaculares y pueblos de pescadores que apenas han cambiado. En muchos de sus alojamientos apenas hay cobertura, y la belleza de las noches árticas, con el espectáculo insuperable de sus auroras boreales, nos alejarán las tentaciones de conectar.

Otra isla que nos hará olvidar las redes, la IA y cualquier tentación tecnológica es la isla de Skye, en el norte de Escocia, conocida como la Isla de las Hadas, aunque desde 1995 no es isla: está unida a suelo británico por un puente que une las poblaciones de Kyleakin y Kyle of Lochalsh. Sirvió de inspiración durante siglos a viajeros, escritores y pintores y todavía hoy lo único que hay que hacer aquí es leer al calor de una buena chimenea, pasear por sus espectaculares acantilados, observar las aves, recorrer carreteras entre montañas cubiertas por la bruma, o detenerse en pequeños pueblecitos donde apenas llega la conexión. Y mientras disfrutamos de la naturaleza, conocer de primera mano las leyendas ancestrales propias del lugar, en alguno de sus castillos.
Monasterios y otros retiros espirituales: cuidar cuerpo, mente y espíritu en silencio
Esto de sanar con el silencio ya lo inventaron los monasterios cristianos hace muchos siglos y también los refugios espirituales de otras muchas religiones. Silencio, contemplación, meditación… lecturas. Todavía hoy los monasterios garantizan la desconexión digital lejos de las pantallas y se supone que un poco más cerca del cielo. Por ejemplo, en el Monasterio del Paular, cerca de Madrid, en el Valle del Lozoya. O en el Monasterio de Montserrat (Barcelona), un retiro espiritual con zonas sin cobertura, el de Poblet, que también acoge también visitantes en su hospedería, igual que la hospedería de la Abadía de Silos en Burgos. En Ávila está el albergue teresiano de la Casa Natal de Santa Teresa. Y hay muchos otros, que monasterios no faltan en toda España. Hay que tener en cuenta que unos son para hombres, otros para mujeres y algunos mixtos. Conviene consultar antes.

Si preferimos conectar con otras espiritualidades, hay varios centro sy monasterios budistas sin salir de España, como Dag Shang Kagyu (Huesca), Sakya Tashi Ling (Barcelona) y O Sel Ling (Granada), que ofrecen retiros donde la tecnología pasa a un segundo plano. Y para los que prefieren la espiritualidad zen, pueden encontrar el centro Shobogenji (Zaragoza), con estrictas normas de silencio.
Además, están de moda por toda España los retiros de yoga, más o menos lujosos, y las experiencias espirituales, que tienen como uno de sus ingredientes imprescindibles el dejar los móviles apagado por unos días. Algunas de estos retiros tienen lugar en alojamientos singulares, que van desde las cabañas aisladas a los hoteles burbuja en medio de la naturaleza. Un ejemplo: Masqui, una masía restaurada del siglo XIX en el Parque Natural de la Sierra de Mariola, en Alicante, donde prometen una experiencia holística completa, con yoga y meditación, terapias energéticas y tratamientos ayurvédicos, además de cocina ecológica natural.
Viajar para reconectar contigo mismo: silencio, naturaleza y autenticidad
Los Monasterios de Meteora, en Grecia, suspendidos sobre unas rocas de difícil acceso, son una de las mejores oportunidades para la desconexión el retiro espiritual total. El problema es que al Monte Athos solo pueden acceder los hombres. Aún así, cada año llegan de todo el mundo viajeros dispuestos a alojarse en hospederías locales y vivir por unos días el ritmo monacal estricto y tranquilo, al margen total de la tecnología moderna. Solo oración y trabajo manual, como hace siglos.
Sin llegar tan lejos, hay muchas posibilidades de retiros holísticos, que trabajan para asegurar un bienestar integral: no solo consiste en dejar de usar los móviles, sino de reconectar con la naturaleza y con uno mismo a través de la meditación, la alimentación consciente, el yoga y otras prácticas. Por ejemplo, en la Hospedería del Silencio, en Robledillo de la Jara (sierra de Gredos) que tiene un completo programa que incluye la desconexión, meditación, baños de bosque, etc. O en Tierra del Agua, en Asturias, en el Parque Natural de Redes, con propuestas de silencio y descanso similares.

Otras experiencias de desconexión digital las encontramos en hoteles-spa de cinco estrellas, como el Hotel Monasterio de Boltaña, a los pies del parque nacional de Ordesa y Monteperdido, o en rincones remotos de nuestra geografía, como el bellísimo Valle del Silencio, en León, que como promete su nombre, es el refugio perfecto para huir del ruido entre monasterios y cenobios milenarios, caminos solitarios y pueblos de piedra.
Fuera de España, podemos hacer una escapada a las Islas Eolias, en Italia, a las que se accede solo en barco, para disfrutar de una cobertura limitada y una vida isleña auténtica. Y más fácil todavía: una escapada al desierto de Merzouga, en Marruecos, con noches estrelladas en haimas y sin apenas cobertura para disfrutar entre las dunas infinitas del desierto.
Hoteles desconectados o con zonas ‘tech-free’
Muchos hoteles, tanto los que están en medio de la naturaleza como los urbanos, ya se han dado cuenta de que hay huéspedes que necesitan desconectarse durante toda su estancia o por lo menos, a ratos. Hay algunas cadenas, como Vincci Hoteles, que ofrecen a los clientes un paquete Digital Detox, para que se entreguen los dispositivos electrónicos al hacer el check in. Similar es la propuesta del resort Barcelo Sancti Petri Spa de Chiclana, que junto con un paquete de beneficios en la alimentación o propuestas antiestres, propone la desintoxicación del móvil por unos días.
“Sin wifi ni cobertura”: este es también un buen reclamo para visitar algunas zonas de nuestra geografía que, por su baja población o su aislamiento, tienen una mala, escasa o inexistente cobertura. En esta España donde faltan infraestructuras, sobran motivos para visitarla, sobre todo, para descansar, contactar con la naturaleza y olvidarse de móviles y redes sociales. Hay zonas especialmente aisladas, como Umbralejo, uno de los llamados pueblos negros de Guadalajara, deshabitado, o algunos pueblos de la sierra de Teruel, como Miravete de la Sierra, en los que la desconexión está asegurada. Y lo mismo pasa en muchos hoteles y casas rurales de estas zonas que animan a hacer de sus carencias una ventaja para nuestras vacaciones. Algunos ejemplos: Casas del Salto (Guadalajara), Mas Els Terrats, en Susqueda, Girona, o La Gándara, en Burgos.
Desconectar bajo tierra, en plan troglodita…
A veces no está mal meterse bajo tierra para desconectarse. Cada vez hay más alojamientos en cuevas, que son perfectas para quienes buscan ante todo tranquilidad, sobre todo en el sureste de la península donde han sido un alojamiento tradicional, fresco y aislado. Las cuevas suelen tener baja o nula cobertura y esto ayuda a ofrecer un descanso real. Por ejemplo, en las Cuevas de Guadix, en el Geoparque de Granada, que son un modelo de arquitectura sostenible o Xuq Lomas de Ruvira, en Jorquera, en Albacete, en la Casa Túnel Nido de Águilas en Alcalá del Júcar, en Albacete, o en las Cuevas de Kabila, en Nenalúa (Granada).
… O en alta mar
Si nos cuesta desconectar voluntariamente, una opción puede ser embarcarnos con un patrón profesional rumbo a alta mar. Allí hay tecnologías para la conexión, pero por satélite, que es un servicio caro y accesible solo a los tripulantes de los barcos. Lo normal es que la conexión básica se mantenga hasta unas 15 o 20 millas naúticas de la costa (28 a 37 km), pero a partir de allí, hacia dentro, la cobertura se va degradando hasta desaparecer. Podremos llegar a lugares poco accesibles por otros medios y disfrutar de paso de unas vacaciones digital detox.

Montañas y playas sin móviles
Los parques naturales son una opción perfecta. El aislamiento suele estar garantizado por la propia geografía. La mayoría de los parques en España están en zonas de difícil orografía (valles profundos, altas montañas, densos bosques, barrancos…) y además sus zonas rurales suelen estar muy dispersas en su interior, así que no es fácil ni rentable la conectividad. También hay algunos parques naturales concreto donde la desconexión es una garantía, como el parque nacional de Ordesa y Monteperdido, el parque nacional de los Picos de Europa, el parque natural de Sierra de Grazalema o el parque natural de la Sierra Norte de Guadalajara.
Al margen de ellos, las zonas de montaña son verdaderos agujeros negros tecnológicos y la desconexión puede ser total, incluso en zonas turísticas, como la Ruta del Cares, una de las caminatas más famosas, siguiendo un desfiladero de 12 kilómetros entre León y Asturias. Lo mejor es aprovechar para disfrutar del paisaje sin sacar el móvil del bolsillo, ni para hacer una foto. Y lo mismo en las rutas para llegar al mítico Naranjo de Bulnes, en Picos de Europa.

También hay playas que han preferido la desconexión tecnológica total, para que se puedan disfrutar en silencio. Por ejemplo, en la Cala Baster, en Formentera, donde no hay señal, o en las mallorquinas calas de Figuera y Marmols, por su difícil entorno natural. En Cádiz también hay playas con nula cobertura y lo mismo en el parque natural del Cabo de Gata, en Almería, en las calas más vírgenes y de difícil acceso. En Asturias, la playa del Silencio lo dice todo en su nombre, igual que la famosa playa de Gulpiyuri, un monumento nacional que es una playa sin mar, aislada y sin conexión.
Otros destinos donde el wifi no llega (y tampoco lo necesitas)
Y hay que recordar que en todo el planeta quedan muchísimas zonas sin conexión digital, incluso sin apartarnos mucho de las zonas más turísticas. Es el caso del parque nacional Torres del Paine (Chile), principal reclamo de la infinita Patagonia, que en todo momento nos recuerda nuestra pequeñez frente a la inmensidad de la naturaleza. No hay wifi, hay montones de senderos y los glaciares y las montañas nos recuerdan que puede ser algo bellísimo vivir al margen del mundo digital.
Otro ejemplo también turístico es la Isla Holbox, en México, en el norte de la península de Yucatán, en el estado mexicano de Quintana Roo, que a pesar de estar en una zona cada vez con más viajeros, se mantiene sin coches, tranquila y casi sin cobertura, para poder disfrutar de sus aguas turquesas.
Y están los desiertos: incluso los de fácil acceso, como el de Wadi Rum, Jordania, permiten la desconexión total entre sus dunas doradas, bajo un cielo estrellado o compartiendo té con los beduinos.

Fuera de los circuitos turísticos, hay lugares que viven sin wifi por otros motivos, generalmente políticos o de subdesarrollo. Por ejemplo, en el Valle del Omo, en Etiopía, donde se vive sin internet y siguiendo los modos de vida tradicionales, o en algunas islas remotas de Filipinas o Indonesia, con acceso muy limitado, incluso aunque tengan cierta infraestructura turística. Lo mismo pasa en comunidades indígenas aisladas en América del Sur o Nueva Guinea, que han elegido no tener acceso a la red.

La lejanía hace que tampoco haya conexión en la remota isla de Pascua, en Socotra, un archipiélago del Índico donde ni siguiera hay electricidad, o en la Antártida, donde la conexión depende de satélites, que se utilizan solo para fines esenciales.
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