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El jefe de la OCHA dice que si en el mundo hay ya billonarios también se puede evitar la hambruna y la enfermedad

El jefe de la OCHA dice que si en el mundo hay ya billonarios también se puede evitar la hambruna y la enfermedad
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  • Publishedjunio 20, 2026



Archivo – El Secretario General Adjunto de Asuntos Humanitarios de la ONU y Jefe de OCHA, Tom Fletcher

– Michael Kappeler/dpa – Archivo

MADRID, 20 de junio (EUROPA PRESS)-

El secretario general adjunto de Asuntos Humanitarios de la ONU y jefe de OCAH, Tom Fletcher, tiene claro que lo único que se necesita para acabar con el hambre, las enfermedades y los desplazamientos es «voluntad política» en un mundo donde ya hay multimillonarios y advierte de que la indiferencia ante el sufrimiento en muchas partes del mundo «no sale gratis».

«Nuestro mensaje es claro: un mundo que puede convertir a millonarios en multimillonarios también tiene los recursos para evitar la hambruna, las enfermedades y los desplazamientos», afirma Fletcher en una entrevista con Europa Press apenas unos días después de que Elon Musk se convirtiera en el primer multimillonario del mundo.

«Lo que falta es voluntad política y una solidaridad sostenida con las personas menos afortunadas», denuncia. La ONU ha hecho cálculos y para cumplir ese objetivo se necesitaría el equivalente a tres días y medio de gasto global en armamento y defensa, la mitad de las bonificaciones anuales que cobran en Wall Street o el 5% de lo que se gasta cada año en refrescos carbonatados.

Sin embargo, esa solidaridad no está ahí y en los últimos años, los fondos que los países destinan a ayuda humanitaria han ido disminuyendo claramente, con el consiguiente impacto que esto tiene en el trabajo que realizan las agencias de la ONU y ONG y en sus beneficiarios, que ven reducida o retirada la ayuda que reciben. «Nos vemos obligados a tomar decisiones devastadoras sobre a quién podemos servir y a quién no», admite Fletcher.

Para este año, la ONU hizo un llamamiento solicitando 33,6 mil millones de dólares (unos 29,2 mil millones de euros) para ayudar a los 135 millones de personas necesitadas de asistencia en todo el mundo, dando prioridad a 87 millones de personas que «se enfrentan a las crisis más graves y a las amenazas más apremiantes», para lo que pidió 23 mil millones de dólares (unos 20 mil millones de euros). «Hemos tenido que priorizar con mucho rigor no porque hayan disminuido las necesidades sino porque han disminuido los recursos», explica.

En lo que va de año, se ha atendido a 24 millones de personas y se han recibido o están en camino más de 10.000 millones de dólares (unos 8.700 millones de euros). «La ayuda llega a millones de personas, se salvan vidas, se alimenta a las familias, se previenen enfermedades», reconoce Fletcher, pero subraya que «decenas de millones de personas siguen esperando».

NO HAY AJUSTE PARA LA INDIFERENCIA

Tal como están las cosas, admite que le preocupa que «nos estemos acostumbrando a lo que es inaceptable». «Vivimos en una época marcada por la fuerza, la brutalidad, la impunidad y, con demasiada frecuencia, un sentimiento decreciente de responsabilidad mutua». Sin embargo, advierte, «la historia nos demuestra que la indiferencia no viene gratis».

«Las crisis tienen efectos dominó que van más allá de las fronteras nacionales. El movimiento humanitario actúa como una red de seguridad global de último recurso y, en un mundo fracturado e inestable, no sólo es lo moralmente correcto sino también lo estratégicamente inteligente», afirma Fletcher.

En los 18 meses que lleva en el cargo, el jefe de OCHA ha visitado «muchas de las crisis más brutales e inhumanas» como Gaza, Sudán y Ucrania. «Una de las partes más difíciles de mi trabajo es conocer gente que pregunta si alguien sabe qué les está pasando». «Nuestra respuesta tiene que ser sí: humanidad significa negarse a permitir que comunidades enteras se vuelvan invisibles», subraya.

LAS CRISIS LOCALES SE VUELVEN REGIONALES Y GLOBALES

De cara al futuro, señala que lo que le preocupa es que «las crisis choquen cada vez más entre sí». «Los conflictos, las crisis climáticas, la inestabilidad económica, los desplazamientos y las enfermedades no son amenazas aisladas, sino que se refuerzan mutuamente», subraya, advirtiendo que en el mundo actual «una crisis local puede convertirse mañana rápidamente en una crisis regional o global».

Así, llama la atención sobre el hecho de que «la próxima gran crisis humanitaria puede no surgir de un solo evento, sino de múltiples presiones que afectan a las comunidades vulnerables al mismo tiempo». Y por eso defiende que hay que «invertir en prevención, diplomacia y acción temprana».

«Tenemos que anticiparnos a las necesidades antes de que llegue la crisis», subraya Fletcher, para quien «la mejor respuesta humanitaria es la que nunca tenemos que lanzar porque primero se ha evitado el sufrimiento».

Aún así, Fletcher todavía tiene esperanzas. «Dondequiera que voy», dice, «veo una valentía extraordinaria: familias decididas a reconstruir y trabajadores humanitarios decididos a hacerlo con ellos, a menudo corriendo grandes riesgos personales, porque se niegan a darse por vencidos».

«La esperanza no es un optimismo ciego, la esperanza es una acción decidida. Es la elección de seguir apareciendo cuando más importa, para defender nuestra humanidad compartida y salvar las vidas que sabemos que podemos salvar», enfatiza.



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