El público sabe desde que entra que va a presenciar algo distinto
José Luis García Aguado (Bruselas, 1971) es el coordinador de los conciertos «Encaja2». Tras 141 eventos a lo largo de los años a través de una decena larga de programaciones semestrales, el ciclo regresa, una vez más, a llenar la caja escénica del teatro Jovellanos con público y músicos, dando la espalda al patio de butacas con una propuesta única avalada por Radio 3, que se encarga de su grabación. Para el responsable de las actuaciones esta disposición es «un golpe de efecto» a la que se suma una «presión acústica», por la cercanía entre asistentes y artistas, a la que la gente no está acostumbrada y que se extenderá en esta ocasión del 18 de enero al 3 de junio.
[–>[–>[–>¿Qué propuesta se va a encontrar el público en este semestre?
[–> [–>[–>En este semestral tenemos programadas ocho grabaciones. Es una selección representativa de disciplinas que comparten una manera muy artesanal de entender y de crear la música. A diferencia de la música comercial, que maneja presupuestos elevados y procesos industriales, aquí los artistas trabajan con herramientas más rudimentarias. Todo se lleva a cabo con tiempo, vocación y mucho cariño para obtener resultados picando piedra. Ese es el nexo común de todas las propuestas que han pasado y pasarán por «Encaja2».
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¿Qué criterios han pesado más a la hora de programar?
[–>[–>[–>Siempre buscamos que Asturias esté representada; es fundamental tener un artista de nuestra comunidad. Más allá de los géneros, nos interesan las dinámicas e intensidades. Por un lado, el costumbrismo y la revisitación del folklore es una parte importante de nuestra programación, con ejemplos como Ana Rossi o «Casapalma». Pero en el otro extremo del arco buscamos propuestas que son más inquietas o que tienen más aristas, como «Sal del Coche». Esas propuestas más extremas multiplican la intensidad cuando el público, sentado y concentrado en un teatro, se ve obligado a estar totalmente pendiente de lo que propone el artista.
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¿Cómo reacciona la gente a la disposición del formato?
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[–>Es un golpe de efecto. Desde que entran, el público percibe que va a presenciar algo distinto. Al estar el artista y el espectador al mismo nivel, en la misma planta, se crea una atmósfera única. Es curioso observar a quienes vienen por primera vez, porque enseguida miran hacia arriba, a aquella parte del teatro que nunca se ve ya que nos pasamos media vida ocultando las cosas al público.
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Los conciertos duran unos 40 minutos.
[–>[–>[–>El proyecto nació en pandemia, cuando el espacio y el tiempo estaban limitados. Con el tiempo, se ha convertido en nuestro estándar e ideal para consumir en YouTube. No podemos competir con la inmediatez absoluta de los reels, ni lo pretendemos. Aun así, 40 minutos son un altavoz potente para que artistas que no suelen tener el foco de atención se den a conocer.
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¿Cómo se gestiona la convivencia entre el sonido del directo y la grabación para Radio 3?
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Gracias a los medios del teatro Jovellanos, podemos independizar ambos mundos. Separamos la señal y un equipo se encarga del audio para el público y otro de la grabación, que se procesa a posteriori en el estudio. Al final, ponemos el mismo mimo y esmero en los dos mundos, asegurando que el proceso de grabación no afecte a la experiencia de la caja escénica.
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Tras 141 conciertos, ¿hay algo que le siga sorprendiendo?
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Me sorprende que nunca eres capaz de adelantar el perfil del público. A veces programamos algo vanguardista esperando un perfil más joven o más moderno y te encuentras con personas de todas las edades. Y nunca nadie ha abandonado la butaca. Incluso cuando programamos artistas con una presión acústica a la que la gente no está acostumbrada.
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¿Alguna asignatura pendiente?
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El formato actual tiene una identidad muy reconocida. Ves una foto y sabes que es «Encaja2». No obstante, nos atrae el reto de llevar este espíritu a un espacio que no esté pensado para conciertos, en el exterior. Sería como una ‘caja sin caja’. Lo que nunca cambiará es nuestra vocación. Conocemos los pormenores de un grupo cuando se sube a una furgoneta y se desplaza 600 kilómetros para tocar 40 minutos. Nuestro objetivo es que, al cruzar las puertas del teatro, tanto el público como el artista se encuentren en un entorno acogedor.
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