El Real Madrid firma una victoria de mínimos en un Mestalla en llamas
Hace no tantos años, el Valencia-Real Madrid era uno de los partidos más apetecibles de la Liga, una rivalidad histórica con capítulos gloriosos de fútbol. Anoche, sin embargo, era tentador coger el mando de la televisión para ver qué estaban ofreciendo los Juegos Olímpicos de Invierno o para consultar cómo iba el escrutinio electoral de Aragón.
[–>[–>[–>El Valencia es hoy, y desde hace tiempo, un eterno polvorín que amenaza derrumbe y este Real Madrid no está para grandes exhibiciones. Al contrario, está para muy pocos trotes. Si en la anterior jornada se salvó gracias a un penalti de Mbappé en el minuto 100, en Mestalla salvó los tres puntos gracias a una arrancada de Carreras. Con eso, y el gol de rigor de Mbappé en el descuento con todo ya vendido, le bastó para derribar a este Valencia hipotenso, pero no le servirá en retos de mayor envergadura. Que, para desgracia ché, son casi todos.
[–> [–>[–>[–>[–>[–>Una alineación intervenida
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Florentino Pérez designó a Arbeloa como apagafuegos porque sabe que siempre va a ser hombre fiel y permeable a sus deseos. Algunos son evidentes, otros los va descubriendo sobre la marcha. Como ejemplo, durante esta última semana el técnico recibió los suficientes mensajes indirectos como para entender que en las alturas no había gustado que Valverde y Camavinga jugaran de laterales contra el Rayo.
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Mensaje captado, en Mestalla, aprovechando la ausencia de Bellingham, Rodrygo y Vinícius, ambos fueron titulares en el centro del campo, dejando los laterales para dos especialistas: Carreras… y David Jiménez. Una sorpresa la primera titularidad del canterano, que confirma que Carvajal, pese a llevar más de un mes de alta, no está listo para competir, y que Trent tampoco termina de espantar las dolencias que le martirizan en su primer año en Madrid.
[–>[–>[–>Cumplir el deseo presidencial de acumular en el centro del campo a Valverde, Tchoauméni y Camavinga empujó a Güler hacia la banda derecha, en un partido propicio, ausente Bellingham, para darle galones en la mediapunta. Esa disposición, junto al armazón defensivo que ordenó Corberán con un férreo 4-5-1 y la dificultad endémica de este Madrid para generar fútbol provocaron que las posesiones blancas tendieran siempre a la intrascendencia.
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Mbappé no puede hacerlo todo
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El partido del Real Madrid solo cobraba sentido cuando el balón llegaba a Mbappé y el francés gozaba de medio segundo para pensar, como en una jugada en la que asistió a David Jiménez y que acabó con la única parada comprometida de Dimitrievski en la primera mitad. El problema, claro, es que Mbappé siempre tenía a dos o tres defensores a su alrededor, consciente el Valencia de que su prioridad para sacar rendimiento a la noche era anular al pichichi de la Liga.
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[–>Arbeloa aprovechó el descanso para… Nada. Algo les diría a sus futbolistas, claro (se supone, vaya), pero no se notó. Regresó del vestuario el mismo Madrid que pretendía derribar a la poblada defensa ché con pases al pie, sin un solo desmarque que le generara la más mínima inquietud y sin el comodín de que Vinícius busque la guerra (la que sea) por su cuenta.
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Carreras salva la noche blanca
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Hasta que, de repente, en el minuto 65, le salió al brasileño un improbable imitador. Carreras arrancó en la banda, vio espacio para avanzar y se plantó a trompicones en el área, desatascando el marcador con el disparo mordido con su pierna derecha que Dimitrievski no logró alcanzar. Fue más un castigo a la racanería del Valencia que un premio al desempeño de los blancos.
[–>[–>[–>Reaccionaron de inmediato los locales con una jugada rápida en la que Beltrán envió el balón al poste de un Courtois que hasta ese momento había vivido la más plácida de las noches. Superado ese susto, el Madrid se mentalizó para jugar con los nervios de un Valencia necesitado, que solo goza de un punto de renta con respecto al descenso.
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Pañuelos blancos en Mestalla
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Pasaron los de Arbeloa a ser los incómodos invitados a la casa de una familia desavenida, con Mestalla sacando a relucir sus pañuelos blancos cuando Corberán sacó del campo al Beltrán, el mejor valencianista de la noche. El gol de Mbappé en el descuento apenas sirvió para que los aficionados se fueran del campo un poco antes de tiempo.
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