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El socialista Seguro gana la presidencia de Portugal frente a André Ventura

El socialista Seguro gana la presidencia de Portugal frente a André Ventura
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  • Publishedfebrero 8, 2026




Antonio José Seguro ganó las elecciones presidenciales portuguesas con el 70% de los votos, superando André Venturaque alcanzó cerca del 30% según las primeras proyecciones. El resultado confirmaría un giro significativo en el equilibrio político del país y marca, al mismo tiempo, el final de una etapa: la despedida de Marcelo Rebelo de Sousa, un presidente que durante una década moldeó el cargo con una impronta muy personal, cercana y, en muchas ocasiones, deliberadamente impredecible. Claro, tal vez fue el candidato menos favorecido al principiose benefició de la fragmentación de todo el espacio político a su derecha, poblado por candidatos que pasaron la primera vuelta de la campaña en una guerra fratricida en la que se aniquilaron entre sí, olvidándose del socialista que, discreto y alejado de polémicas, acabó uniendo a toda la izquierda e incluso a parte de la derecha moderada, lo que le aseguró la victoria tanto en la primera como en la segunda vuelta.

La victoria de Seguro no fue sólo el resultado de una campaña electoral, sino también de la culminación de un proceso de erosión del anterior modelo presidencial y de una ciudadanía que, aun valorando la estabilidad, daba claros signos de cansancio. Frente a él, Ventura consolidó un electorado firme, ruidoso y movilizado, aunque insuficiente para romper el techo que aún limita a la derecha populista en Portugal.

Marcelo Rebelo de Sousa deja Belém después de dos mandatos marcados por una hiperpresidencialización del espacio público. Fue un presidente omnipresente, un comentarista permanente de la realidad nacional y una figura mediática casi diaria. Su estilo –más emotivo que institucional, más pedagógico que distante– redefinió la relación entre el Presidente y los ciudadanos. Como él mismo recordó en múltiples ocasiones, “el Presidente no es de un partido, es de todos, de todos, de todos”, frase que se convirtió en su marca registrada y la justificación de su presencia constante en el terreno.

Durante sus años en el cargo, Marcelo fue árbitro en tiempos de mayorías frágilesgarante de la estabilidad durante el «geringonça» y figura clave en la gestión simbólica de la pandemia. Supo leer los estados de ánimo del país, aunque no siempre logró traducir esa empatía en coherencia estratégica. Su presidencia osciló entre aplausos por la cercanía y críticas por una cierta banalización del cargo.

La campaña que ahora termina estuvo profundamente marcada por los acontecimientos de su última semana. Las fuertes tormentas que azotaron varias regiones del país alteraron radicalmente el ritmo político, obligando a cancelar eventos, redirigir mensajes y devolver el foco a la protección civil y la respuesta del Estado. En este contexto, el tono de la campaña cambió: menos confrontación ideológica, más llamados a la responsabilidad y la unidad.

Marcelo, aún presidente en funciones, apareció entonces en un papel casi crepuscular, recordando que «la democracia también se mide en los momentos difíciles, cuando la prioridad es cuidar a las personas». Su presencia durante esos días reforzó la sensación de cierre de ciclo: un presidente que se despide en medio de una crisis, como tantas veces lo había hecho antes.

Este cambio de ritmo favoreció a António José Seguro, cuya campaña se basó en la idea de previsibilidad, sobriedad y reconciliación institucional. Frente al estilo combativo de Ventura, Seguro apareció como la encarnación de una presidencia menos impulsada por los medios y más silenciosa, una promesa de retorno a la normalidad constitucional después de años de excepcionalidad emocional.

El resultado final deja abiertas varias preguntas. ¿Podrá Seguro ejercer autoridad moral sin caer en la invisibilidad? ¿Podrá dialogar con un Parlamento fragmentado y una sociedad cada vez más polarizada? Y, sobre todo, ¿qué espacio ocupará Marcelo Rebelo de Sousa una vez que abandone el Palacio de Belém? El propio Marcelo ha sido claro sobre su futuro. Ha repetido que no volverá a la primera línea política y que su intención es volver a la vida académica y al comentario jurídico. «Hay un tiempo para entrar y un tiempo para salir», dijo recientemente, destacando que la democracia también se fortalece diciendo adiós. Aun así, pocos dudan de que su voz seguirá presente, directa o indirectamente, en el debate público.

Portugal entra ahora en una nueva fase. La elección de António José Seguro no es sólo un cambio personal, sino también un redefinición del rol presidencial. Después de diez años de un presidente que hablaba todos los días, el país parece haber optado por uno que escuchará más de lo que comenta. Si esto se interpretará como una fortaleza o una ausencia, los próximos años lo dirán.

De momento, las encuestas han hablado. Y con ellos, llega a su fin una de las presidencias más singulares de la democracia portuguesa y se abre una época de expectativas contenidas, cifras aún por completar y un país que, entre tormentas reales y políticas, busca nuevamente el equilibrio.



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