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Elsa Punset: “No se puede vivir con las alas rotas”

Elsa Punset: “No se puede vivir con las alas rotas”
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  • Publishedenero 28, 2026

Escritor, filósofo y una de las grandes voces de la inteligencia emocional en el mundo hispanohablante, Elsa Punset ha estado apoyando a millones de lectores durante años en el delicado arte de comprender y vivir más plenamente.

Con alas para volar, su obra más íntima Aún hoy, utiliza una historia real, la del cuidado inesperado de un pequeño gorrión, para reflexionar sobre la heridas de la infanciala segunda mitad de la vida, la autenticidadalegría y la urgente necesidad de reconectar con la naturaleza, con los demás y con uno mismo. Hablamos con ella sobre parar, escuchar el cuerpo, dejar ir lo que ya no es y atrévete a extender tus alas incluso cuando la vida se complica.

alas para volar Es un libro diferente a los anteriores, más narrativo y delicado. ¿Qué te inspiró a escribir este libro y en qué momento crucial surgió?

Nació después de un momento personal difícil. Hacía cinco años que no publicaba y hace dos veranos regresé a mi casa en Galicia sin ganas de escribir. Hay etapas en la vida en las que te sientes vacío, aunque no te pase nada extraordinario, y en las que tienes que bajar al pozo, para volver a echar raíces. Nos pasa a todos. Estaba muy cansada, sentía un cansancio profundo y la necesidad de parar de verdad, de no producir, de no explicar nada, sólo de estar y pensar en lo que había pasado en los últimos años.

– Y en este verano de pausa y silencio aparece un pequeño gorrión que acaba convirtiéndose en el corazón del libro. ¿Cómo fue este encuentro y qué despertó en ti?

Pues mira, mi casa en Galicia era una frutería antigua, toda de cristal, y un día vi gente parada delante de la puerta. Al salir, vi un gorrión caído sobre el felpudo. La gente lo miró, dijo “pobrecito” y se fue. Sin embargo, no pude quedarme ahí. No fue una decisión racional, fue casi instintiva. Así que ese verano centré mi misión (en lugar de cuidarme a mí misma) en cuidar a este gorrión de apenas siete días, a medio desplumar y totalmente dependiente.

Elsa Punset

– Cuidarlo te obligó a detenerte y cambiar tu enfoque. ¿Qué te aportó esta intensa e inusual experiencia?

Él me dio mucho más de lo que yo le di. Fue un encuentro casual pero muy lindo. Me recordó que es muy fácil vivir con las alas rotas, acostumbrarse a una vida pequeña y resignada, pero que no se puede vivir así. Sabía muy claramente quién era: un gorrión. Tenía que volar, cantar, comer y comportarse como tal. Esta claridad, esta voluntad en medio de una enorme fragilidad, fue para mí una lección brutal. Establecimos una relación muy intensa, yo como la «madre gorrión» como mejor sabía, y él me enseñó a decir no, a escuchar sus señales, a aferrarme a la vida con una determinación que había olvidado y me inspiró a convertir esta pequeña historia en alas para volar donde explico cómo los humanos tropezamos, caemos y cómo desde esta vulnerabilidad podemos salir adelante.

– A partir de esta historia, introduces uno de los grandes temas del libro: la infancia. ¿Por qué le parece tan importante observarlo para comprender nuestra vida adulta?

Porque vivimos gran parte de nuestras vidas en piloto automático. La mayoría de los humanos somos ese niño o niña que fuimos y que permanece con nosotros por mucho tiempo. Tus padres caen sobre ti como un accidente climático: obtienes lo que obtienes, con luces y sombras. Y estos padres te enseñan todo: valores, cómo interactuar, cómo afrontar los conflictos, pero sobre todo algo esencial: si mereces ser amado o no. Este niño que hay en ti crece por fuera, pero sigue tomando decisiones por ti, incluso cuando seas adulto.

-Y por eso hablas de “superar la infancia” y convertirnos en nuestro propio padre y madre. ¿Qué significa realmente este proceso?

Significa mirar a ese niño a los ojos y decirle: «Gracias por traerme aquí, sobreviviste, hiciste lo que pudiste, pero ahora estoy a cargo». » Superar la niñez significa dejar de buscar afuera lo que ahora debemos guardar dentro. Esto te permite comprender mejor a tus padres, comprender el equipaje que trajeron, aceptar lo que fueron capaces de dar y también dejar de repetir patrones inconscientemente.

– También cita a James Hollis cuando dice que «la primera mitad de la vida es un error gigantesco e inevitable». ¿Por qué esta idea es tan liberadora?

Porque eso explica por qué no volveríamos allí, salvo con la cara que tenemos ahora. La primera mitad de nuestra vida es un error inevitable porque es la única forma de aprender. Los seres humanos cambiamos cuando algo nos duele y nos duele vivir, aunque no suceda nada extraordinario: hay pérdidas constantes, pequeñas renuncias, despedidas dolorosas. Pero lo bueno es que en la segunda mitad de la vida podrás vivir de forma más profunda, más libre y más auténtica, si te atreves a dejar de vivir con miedo.

Elsa Punset

– Hablas mucho de autenticidad, pero también de la dificultad de mantenerla. ¿Qué es lo que realmente nos impide vivir en armonía con quienes somos?

La inconsistencia. Creemos que somos lo que pensamos o lo que decimos, pero en realidad somos lo que hacemos todos los días. La autenticidad se trata de salvar la distancia entre quién eres, lo que te importa, tus valores y tu forma de vivir. Esto es muy difícil porque requiere sacrificio, decir no, abandonar la lealtad y tomar decisiones incómodas. Por eso admiro tanto a las personas que son coherentes, aunque sé que pagan un alto precio por serlo… como Jane Goodall, Pepe Múgica, Teresa de Calcuta, que forman parte de esta corriente humana que lucha por lo que cree.

– En el libro usted dice que una vida más fácil generalmente se construye a partir de decisiones difíciles. En esta segunda etapa de tu vida, ¿hubo alguna decisión que te resultó especialmente difícil y que crees que valió la pena?

Sí, sobre todo aprende a decir que no. Siempre he sido una persona muy cariñosa y leal, y lo más difícil para mí fue aceptar que no podía seguir en ciertos lugares o con ciertas personas. Recuerdo una idea de Carl Jung que me impactó mucho: decía que a veces la vida es como un campo de batalla y que hay que dejar a alguien atrás para seguir avanzando. Dejar ir o alejarse sin odiar es muy difícil, pero necesario. En última instancia, la vida es un reinicio constante y aprender a dejarlo ir es una de las decisiones más difíciles… y más valiosas.

– En Wings to Fly también hablas del “camino que no está aquí” y de las señales que a veces ignoramos. ¿Cómo podemos aprender a reconocerlos antes de que el cuerpo necesite gritar?

De hecho, se trata de luchar contra la tendencia del cerebro a encerrarte en una vida de supervivencia resignada y a vivir en cámara lenta y con las alas rotas. El cuerpo sabe antes que la mente y te avisa cuando “no está ahí”. Primero murmura: malestar, un nudo en el estómago, una contractura, una sensación de vacío. Si no lo escuchas, termina gritando. La mente es una gran mentirosa, busca excusas, racionaliza. El cuerpo es mucho más directo. Escucharlo a tiempo te ahorra mucho sufrimiento y te permite corregir el rumbo antes.

-La alegría aparece como una brújula imprescindible en el libro. ¿Por qué crees que hoy nos resulta tan difícil comunicarnos con ella?

Vivimos en una sociedad centrada en el placer inmediato, repetitivo y adictivo. Pero la alegría es otra cosa: es presencia, creatividad, conexión, curiosidad. Y luego está la felicidad, que tiene que ver con el propósito y la perspectiva de la vida. Una buena vida debe equilibrar la diversión, la alegría y la felicidad. El problema es que nos quedamos estancados sólo en el placer.

– También reivindicas amistad y conexiones en una época marcada por la soledad.

Estamos viviendo una epidemia de soledad a pesar de la hiperconectividad. Necesitamos amigos, mirarnos a los ojos, sentir intimidad, pertenecer. A veces sólo hace falta atreverse a decir: “¿Quieres ser mi amigo?” Complicamos demasiado las cosas, cuando en realidad es algo profundamente humano y muy necesario para la salud emocional.

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-Para concluir, después de todo lo que ofreces en Wings to Fly, ¿qué significa para ti vivir una buena vida?

Vivir una buena vida significa escuchar tus señales, cuidar tus conexiones, conectar con la naturaleza y atreverte a vivir de forma auténtica. No se trata de resignarse a una vida de simple supervivencia, sino de permitirse extender las alas. Porque, en última instancia, no se puede vivir con las alas rotas.



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