«¿En qué año estamos? ¿en 1960?
Hubo un día en que Bad Bunny se fue de Oviedo con las uñas sin pintar y un cabreo considerable. Y hubo otro —este domingo— en que plantó un Puerto Rico entero en mitad de la Super Bowl y puso a bailar a medio planeta. Entre una escena y otra caben ocho años, millones de discos vendidos y un mensaje que, visto con perspectiva, ya estaba ahí cuando todo empezó: el de hacer lo que a uno le da la gana, aunque a algunos les chirríe.
[–>[–>[–>El día que Oviedo se coló en su Instagram
[–>[–>[–>
Julio de 2018. El puertorriqueño estaba en Asturias por su gira —había actuado en Gijón Life— y decidió pasar por un salón de estética ovetense para hacerse la manicura. Lo que parecía una parada más de artista de gira acabó convertido en fenómeno viral. Según contó él mismo en redes, le dijeron que no le hacían las uñas “porque soy hombre”, algo que denunció públicamente con ironía y enfado, preguntándose “en qué año estamos”. La publicación corrió como la pólvora: miles de comentarios y “me gusta” en cuestión de horas.
[–> [–>[–>[–>[–>[–>Desde el establecimiento replicaron que se le atendió con educación, que era un local orientado a mujeres y que incluso le facilitaron la dirección de otro centro unisex. También denunciaron el aluvión de llamadas, reseñas negativas y acoso por parte de fans tras la publicación del cantante, y se plantearon acciones legales. Él acabaría borrando los mensajes. Aquello quedó como anécdota para unos y como debate sobre género y estética para otros. Pero Oviedo, sin buscarlo, se convirtió por un día en escenario secundario de una discusión global.
[–>[–>[–>
Del “¿en qué año estamos?” al “América somos todos”
[–>[–>[–>
Fast forward a este domingo. Levi’s Stadium, millones de espectadores y un intermedio de la Super Bowl que ya es historia del espectáculo. Bad Bunny no solo cantó: montó un pueblecito boricua en medio del estadio, con colmado, casita, cocos y hasta los postes de la luz, guiño a los apagones de la isla. En doce minutos comprimió reguetón, salsa, mensaje político y orgullo cultural.
[–>[–>[–>[–>[–>[–>Sonaron Tití me preguntó y Yo perreo sola, apareció Lady Gaga para un cruce simbólico entre pop estadounidense y ritmo latino, desfiló Ricky Martin y acabaron ondeando banderas de todo el continente. La idea, clara: América es mucho más que Estados Unidos. Hubo fiesta, sí, pero también reivindicación, identidad y esa mezcla de provocación y naturalidad que define su carrera.
[–>[–>[–>
La coherencia de un tipo que siempre fue a su bola
[–>[–>[–>
Visto desde aquí, desde la esquina noroeste del mapa donde un día le dijeron que no a una manicura, la película tiene hasta guion redondo. Aquel artista que se reía indignado de que le negaran pintarse las uñas por ser hombre es el mismo que hoy canta Yo perreo sola, defiende la libertad de expresión estética y convierte un espectáculo deportivo en altavoz cultural.
[–>[–>
[–>Oviedo fue una nota a pie de página en su biografía, pero también una foto fija de un momento en que las normas —las de un local concreto o las de una industria entera— chocaban con una generación que ya no pide permiso para ser como es. Ocho años después, con el mundo mirando, Bad Bunny respondió a aquella pregunta lanzada al aire en 2018.
[–>[–>[–>
Sí, Benito, estamos en otro año. Y se nota.
[–>[–>[–>
Suscríbete para seguir leyendo
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí