Entendemos que hay intereses detrás (de la ayuda de EEUU e Israel), pero estamos dispuestos a pagar el precio
La noche del viernes, Maxi Arash, iraní de 67 años exiliado en España, no despegaba el ojo de las noticias. Para los que estaban pendientes de su país noche y día, el ataque inminente les quitaba el sueño hacía semanas. «De repente llegó la noticia que llevábamos 47 años esperando: que al final lo has conseguido; que lo hemos conseguido todos los iraníes», relata. Primero, mensajes de amigos y familiares en Irán hablando de explosiones; después, una cascada de notificaciones de noticias de última hora. «Todo explotó. Los teléfonos empezaron a sonar, los mensajes, las redes… No te puedo describir el sentimiento que nos recorría el cuerpo», explica a EL PERIÓDICO.
[–>[–>[–>«Por fin alguien, se llame a Trump o Netanyahu, nos echa una mano«, apenas puede contener la emoción. Para Arash, lo ocurrido se lee desde una experiencia de décadas. «La gente lleva 47 años sufriendo. Nadie puede imaginarse qué es recibir una llamada de un familiar o un amigo diciendo que ha sido detenido», afirma.
[–> [–>[–>Los teléfonos sonaron este sábado, en cambio, por un motivo bien diferente a mediodía del sábado: «era como si fuera Nochevieja, la gente se felicitaba«. Un miembro de la comunidad, dueño de un restaurante, pidió reunir banderas y pancartas para preparar un espacio de encuentro y que la comunidad iraní en diáspora pudiera juntarse a celebrarlo.
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Exiliados iraníes expresan su apoyo a la intervención militar de EE.UU. e Israel, este 28 de febrero de 2026, en Madrid / Cedida
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Sin internet, sin noticias de la familia
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Para Shohreh Rezaie, de 63 años, también iraní en España, el sábado fue, sobre todo, incertidumbre. Cuando supo que había empezado la guerra intentó contactar con su familia pero, para entonces el Gobierno ya había cortado internet después del ataque del sábado.
[–>[–>[–>Sus primas, en Irán, le hablaban con tristeza en sus conversaciones habituales, antes del ataque del sábado. Le decían que no veían ninguna salida, «ningún camino para llegar a la libertad», recuerda en conversación con este diario. Esa desazón sólo se incrementó con la represión de las protestas recientes, las más de 40.000 muertos, incluidos menores, y los más de 20.000 jóvenes que continúan detenidos bajo riesgo de tortura.
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Rezaie, que lleva 20 años en Madrid, critica la falta de mecanismos eficaces cuando, en su opinión, se producen violaciones graves de derechos. «Cuando un gobierno viola los derechos de sus ciudadanos, pierde su legitimidad y la comunidad internacional debería tener la capacidad de prevenirlo», sostiene, y lamenta que los derechos humanos queden subordinados a intereses políticos. «Me preocupa ver a la gente de mi país sufriendo», añade.
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[–>«Llevamos 47 años de sufrimiento. Espero que lleguen mejores días. Mi esperanza es que mi país alcance la libertad y la seguridad», enfatiza.
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«Una fiesta agridulce»
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En la Costa del Sol, Arash participa desde hace tiempo en movilizaciones vinculadas al movimiento Mujer, Vida, Libertad, que surgió tras la muerte de Mahsa Aminí, de 22 años,a manos de la policía moral, por no llevar el velo cubriendo todo el cabello. Explica que la comunidad iraní en Fuengirola, Marbella y Málaga mantiene concentraciones semanales, y que este fin de semana el impacto del ataque elevó la actividad y la asistencia. La celebración se alargó hasta las dos de la madrugada y repitieron el domingo.
[–>[–>[–>Arash admite que la celebración estuvo atravesada por el duelo. «Fue una fiesta agridulce, la gente reía, y de repente, lloraba», cuenta. Y es que, mientras cantaban, les acompañaban pancartas con fotos de jóvenes fallecidos en las protestas, a quienes llaman «flores», y les dedicaban las canciones que sonaban.
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También evoca relatos que la diáspora ha ido conociendo en estos años: heridos sacados de hospitales, familias obligadas a pagar por la munición para recuperar los cuerpos, y sanitarios amenazados o detenidos por atender a manifestantes. «47 años de un régimen que no ha hecho más que llevar a este país a la Edad Media», sostiene. “No hay palabras para describir ese sufrimiento”.
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Dispuestos a pagar el precio
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Para Arash, no es un tabú hablar sobre lo que Trump puede esperar de su entrada en Irán. «Comprendemos claramente que ni EEUU ni nadie nos ayuda simplemente para derrocar al régimen. Entendemos que hay intereses detrás. Pero estamos dispuestos a pagar el precio. Lo que queremos es deshacernos de estos asesinos”, excalama. Y remata: «Da igual el precio que haya que pagar: todo el mundo está dispuesto».
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Arash señala que, entre la diáspora, también circula la expectativa de una transición política. Menciona la propuesta del príncipe heredero, en el exilio en EEUU, Reza Pahlaví, de encabezar un periodo transitorio y convocar elecciones libres para que la población decida entre república o una monarquía parlamentaria, «como aquí [España] o en Suecia», y evitar que el país «vuelva a caer en la misma trampa totalitaria».
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