Es muy peligroso pasar de cuatro carriles a dos en menos de diez metros
«Es una trampa mortal, pero, antes, era mucho peor«. La variante de Avilés volvió a quedar este jueves en disparadero tras el accidente mortal en el que perdió la vida el avilesino de 31 años Adrián Alcántara. El siniestro implicó al Peugeot 306 en el que viajaba la víctima y a un Volkswagen Tiguan ocupado por un padre y un hijo, de 45 y 11 años, que resultaron heridos leves. La tragedia eleva a 62 el número de víctimas mortales desde la apertura de un tramo que nació para expulsar el tráfico del centro de Avilés, Salinas y Piedras Blancas y que, sin embargo, arrastra desde hace décadas la condición de punto negro de la comarca.
[–>[–>[–>La actual N-632 sustituyó al viejo trazado que atravesaba el casco urbano de Avilés y continuaba hacia Castrillón por Raíces Nuevo, Salinas, Piedras Blancas y Vegarrozadas. La conocida como variante de Avilés se inauguró el 5 de noviembre de 1991 como un ramal desde la entonces autopista A-8, hoy AI-81, hasta Vegarrozadas, evitando el paso por esos núcleos. El nuevo vial asumió la denominación de N-632 y el recorrido antiguo pasó a llamarse N-632a. Sobre el papel, era una infraestructura moderna, pensada para agilizar la circulación y descargar de tráfico las travesías urbanas.
[–> [–>[–>Vía rápida y peligrosa
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En sus inicios tuvo categoría de vía rápida. No contaba con cruces al mismo nivel, estaba vallada y disponía de tres enlaces principales: Los Canapés, la intersección con la AS-237 que sirve de acceso al sur de Avilés, y el enlace con el antiguo recorrido hacia Salinas y Piedras Blancas. Pero el diseño pronto empezó a mostrar carencias. Los altos niveles de tráfico, las curvas pronunciadas, la iluminación insuficientes y la configuración de algunos ramales convirtieron la carretera en un escenario propicio para los accidentes. Los Canapés y Vegarrozadas no ofrecían todas las conexiones posibles, y la vía empezó a acumular una siniestralidad muy por encima de lo normal.
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La sucesión de accidentes obligó a la administración a tomar catas en el asunto. En el año 2000, la variante perdió la categoría de vía rápida y quedó como carretera nacional convencional. Se extendió una capa de asfalto drenante en casi todo el recorrido, salvo en el viaducto de Las Coruxas; se rebajó la velocidad a 80 kilómetros por hora y se estableció la prohibición de adelantamientos en los aproximadamente once kilómetros del trayecto, con la excepción de los tramos de doble carril. La apertura de la autovía A-8, en 2005, redujo parte de la presión viaria sobre la variante y mejoró los índices de siniestralidad. Años después, el límite volvió a 100 kilómetros por hora, hasta quedar fijado en 90 en 2019 por la normativa estatal para carreteras convencionales.
[–>[–>[–>Los operadores eliminan los límites en 100 para poner los límites en 90. / Archivo
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Hablan los usuarios
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Pese a esas mejoras, quienes la utilizan a diario siguen viendo riesgos estructurales. Iván López, responsable de Transporte por Carretera de UGT en Asturias además de edil socialista de Castrillón, define la vía como una «trampa mortal» por una razón muy concreta: «Una carretera sin separación en la que te cruzas a noventa, como poco, con los coches que vienen de frente es un peligro». López considera que el problema se agrava en las entradas y salidas de los carriles de aceleración, donde los vehículos se incorporan o abandonan la vía en un entorno de mucha velocidad y poco margen de reacción.
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Esa misma preocupación la comparte Francisco Miguel Pieiga, taxista de Piedras Blancas, que pone el foco en los tramos en los que los carriles de adelantamiento de ambos sentidos terminan prácticamente a la vez. A su juicio, ahí se concentra buena parte del conflicto: «Es muy peligroso pasar de cuatro carriles a dos en menos de diez metros». Pieiga explica que al final de esos carriles coinciden vehículos que vienen en paralelo, unos tratando de ganar posición y otros obligados a incorporarse al carril principal. A esa tensión suma otro factor: la mala visibilidad nocturna y la sensación de que los radares no siempre disuaden. «Muchas veces no funcionan y hay gente que se toma demasiadas licencias», lamenta.
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[–>Carlos Peláez, presidente de la Cooperativa Radio Taxi de Avilés, recuerda que la variante fue mucho más peligrosa en sus primeros años, hasta el punto de que «algunos no se lo pueden ni imaginar», pero advierte de que todavía conserva tramos delicados. Le preocupa especialmente la velocidad en dirección Avilés, sobre todo en la subida que da acceso a la salida de Salinas, una zona con incorporaciones complicadas. También reclama una mejora del firme, considera que no le vendría mal «una capina de asfalto», porque hay baches que aumentan la incomodidad y pueden agravar situaciones de riesgo.
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Uno de los accidentes registrados durante todos estos años. / Archivo
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Peláez amplía el diagnóstico al conjunto de la movilidad comarcal. Sostiene que la variante «quedó pequeña de nacimiento» y soporta niveles de tráfico para los que no estaba preparada, lo que mantiene a la variante sometida a una presión constante. Además, señala otro punto que inquieta a muchos conductores profesionales: la carretera de La Plata, alternativa, precisamente, a la variante para ir de Avilés a Castrillón. «Está en un estado lamentable y cualquier día tenemos otra desgracia», advierte.
[–>[–>[–>[–>[–>[–>Rubén Arcos, vecino de Piedras Blancas, resume una escena habitual para muchos usuarios: frenazos bruscos ante los radares y aceleraciones posteriores cuando se supera la zona de control. El conflicto, explica, se multiplica al final de los carriles, cuando el vehículo que debe incorporarse se encuentra en paralelo con otro que circula por el carril principal. «Eso da muchos problemas», señala.
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Más de tres décadas después de su inauguración, la variante ha dejado atrás los años en que acumulaba accidentes a un ritmo insoportable. Pero la muerte de Adrián Alcántara vuelve a abrir la herida de una carretera con 62 fallecidos y deja en el aire una pregunta incómoda: si el problema se resuelve solo con más control de la velocidad o si toca revisar a fondo el trazado de una vía que muchos usuarios siguen percibiendo como un peligro cotidiano.
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