¿Es seguro conservar el pescado en envases de plástico? Esto dice un nuevo estudio
Cuando compramos un filete de salmón o merluza fresco en el supermercado, nuestra prioridad suele ser mantener la cadena de frío para evitar la presencia de bacterias. Sin embargo, generalmente no pensamos en la posible contaminación de estos alimentos debido al uso de … Envases para conservar alimentos. Cuando guardamos pescado en nuestro frigorífico o congelador, el aditivos químicos para plásticoslos compuestos destinados a dar flexibilidad o durabilidad al recipiente pueden migrar desde dicho recipiente al alimento.
Los plásticos no son materiales inertes. Están hechos de polímeros a los que se les añaden más de 12.000 productos químicos diferentes, como plastificantes, bisfenoles, protectores solares y retardantes de llama. Estos compuestos pueden llegar a los peces a través de tres vías diferentes: a través de la contaminación de mares y océanos, a través del procesamiento de alimentos y a través de su conservación en diferentes tipos de envases.
Hay estudios que concluyen que estos compuestos no son inofensivos, mostrando toxicidad a largo plazo en humanos, especialmente por su posible relación con alteraciones metabólicas y efectos reproductivos. Por ejemplo, existe amplia evidencia científica que demuestra la toxicidad de plastificantes como los ftalatos. En respuesta, los fabricantes recurren cada vez más al uso de plastificantes alternativos, aunque investigaciones recientes sugieren que muchos de ellos tampoco están exentos de riesgos para la salud.
Investigación pionera en condiciones domésticas reales
Hasta ahora, la mayoría de los estudios sobre contaminantes en alimentos analizaban el producto directamente después de su compra, ignorando los procesos de almacenamiento o cocción. Por el contrario, las pruebas para evaluar los posibles riesgos debidos a la migración del envase a los alimentos se llevan a cabo mediante simulaciones de alimentos de laboratorio que no captan la complejidad de una matriz real.
Un estudio reciente realizado por el Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC), en colaboración con la Universidad de Florencia, y publicado en la revista “Environment International”, ha modificado este enfoque.
En esta investigación, analizamos por primera vez la transferencia de cuatro familias de productos químicos, incluidos ftalatos, ésteres organofosforados, bisfenoles y plastificantes alternativos a los ftalatos, desde envases comunes al pescado en condiciones reales de almacenamiento doméstico. Lo evaluamos en especies de alto consumo en España como salmón, atún y merluza cuando se almacenan en dos escenarios habituales: en frigorífico (+4 ºC durante 48 horas) y en congelador (-18 ºC durante 30 días).
Los envases analizados abarcaron desde las clásicas bandejas de poliestireno y film plástico hasta bolsas para congelador con cierre zip-lock y bandejas y bolsas compostables.
Ni siquiera el congelador detiene la migración
En trabajos anteriores ya hemos demostrado que cocinar alimentos envasados en plástico podría aumentar la transferencia de plastificantes. Por otro lado, los resultados presentados en este estudio demuestran que el frío no constituye una barrera infranqueable. Aunque las bajas temperaturas generalmente ralentizan los procesos, el tiempo de contacto es un factor clave que favorece la migración de estos compuestos.
Por ejemplo, el compuesto ftalato de dihexilo (DHexP) mostró una migración significativa solo en muestras congeladas, lo que sugiere que dejar el pescado en contacto con el plástico durante semanas aumenta la probabilidad de transferencia.
Además, la migración no es igual para todos los peces, sino que depende de muchos factores. En el pescado azul (salmón), los aditivos más lipófilos (que se disuelven bien en la grasa), como el plastificante alternativo DEHA, han mostrado una mayor migración, con tasas de hasta el 95-98%. Por el contrario, en pescados magros y más ricos en agua, como la merluza, se han detectado mayores transferencias de bisfenoles, como el bisfenol A (BPA), que tiene mayor solubilidad en agua.
Esta distinción es crucial para comprender el riesgo: la contaminación del pescado con aditivos que se acumulan en el músculo depende de muchos factores, por lo que es fundamental considerar todos los escenarios posibles.
Las bandejas compostables también suponen un riesgo
Además, las bandejas compostables a base de celulosa contienen mayores niveles de plastificantes, por lo que la cantidad de compuestos que migran es mayor que la de los plásticos convencionales. De hecho, los niveles de riesgo más altos en el estudio se asociaron con la merluza congelada en estas bandejas alternativas.
Las bandejas compostables, particularmente las basadas en celulosa, se han erigido como alternativas sostenibles fabricadas a partir de materiales renovables y además permiten su recuperación mediante compostaje al final de su vida útil. Sin embargo, estos materiales aún pueden contener sustancias que pueden migrar a los alimentos.
El peligro de estos compuestos es que muchos son disruptores endocrinos. Esto significa que imitan nuestras hormonas y pueden causar efectos crónicos a largo plazo en la salud, como infertilidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer. No producen toxicidad aguda inmediata, sino que actúan silenciosamente mediante pequeñas dosis diarias acumuladas.
Bebés y niños: los más vulnerables
El estudio evaluó la exposición a estos aditivos por ingestión en bebés, niños y adultos, combinando datos de concentración después de la migración de aditivos al pescado con datos oficiales sobre el consumo de pescado en España. La evaluación destacó un mayor riesgo para los menores. Debido a su menor peso corporal, los bebés y los niños están hasta diez veces más expuestos que los adultos a estas toxinas.
La mayoría de los compuestos no presentaban ningún riesgo, excepto bisfenol A: los niveles detectados en el pescado tras su almacenamiento superan en muchos casos los nuevos límites de seguridad establecidos por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), que en 2023 redujo 20.000 veces el umbral de ingestión segura de este compuesto debido a su potencial tóxico.
Hacia una regulación más estricta
Es importante destacar que el pescado es un alimento sano y necesario en nuestra dieta. El problema no es la comida, sino la falta de regulaciones ambiciosas que regulen la presencia de estos químicos en la cadena de suministro.
La nueva ley de residuos española, aprobada en 2022, ya prohibía el uso de ftalatos y bisfenol A en los envases. Sin embargo, los resultados de este estudio sugieren que esta legislación no se respeta al detectar la presencia de estos compuestos en los envases comercializados en España en 2025.
Por otro lado, la Unión Europea ha aprobado un reglamento en 2024 para limitar el BPA en los envases de alimentos (vigente desde enero de 2025), y que otorga un período transitorio de 36 meses para su aplicación definitiva.
Es imprescindible seguir una inspección para verificar el cumplimiento de estas normas. Asimismo, es necesario seguir evaluando nuevos aditivos que sustituyan a los prohibidos, porque muchas veces no disponemos de datos suficientes sobre su seguridad.
A medida que los consumidores avanzan en las políticas, podemos tomar medidas simples como reducir el tiempo de contacto con el plástico, priorizar los recipientes de vidrio para el almacenamiento y evitar recalentar alimentos en recipientes de plástico o bolsas para cocinar porque el calor aumenta exponencialmente la migración de estas sustancias.
Pero el verdadero desafío es político y global: debemos producir productos cotidianos con la idea de que eventualmente podrían terminar en nuestros platos.
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.
*Ethel Eljarrat. Profesor investigador del Departamento de Química Ambiental, Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA – CSIC).
María Victoria Barbieri. Investigador postdoctoral, Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA – CSIC).
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