“Es una montaña única; no importa cuántas veces la escales, nunca es la misma pared»
Ana Isabel Martínez (León, 26 de julio de 1963) es profesora de Música y Geografía e Historia en secundaria y bachillerato en el Colegio Marista San José de León. Esta profesional polifacética combina la docencia con una dilatada trayectoria en el alpinismo internacional. Vicepresidenta de la Federación de Deportes de Montaña, Escalada y Senderismo de Castilla y León desde 2024, ostenta el récord femenino de ascensiones al Picu Urriellu (Naranjo de Bulnes) con 106 escaladas. Suma, además, expediciones en los cuatro continentes: ha recorrido de los Alpes a los Dolomitas pasando por las cordilleras del Pamir en Asia, las grandes rutas de Alaska o Bolivia o el Alto Atlas marroquí. En su currículo figura que es exdirectora de la Escuela de Escalada de San Andrés del Rabanedo y organizadora de competiciones de escalada en categorías infantil y juvenil. En la categoría de membresías: es miembro de la Escuela Castellana y Leonesa de Alta Montaña (desde 1988) y del Grupo de Alta Montaña de la Real Sociedad Española de Alpinismo Peñalara.Suma reconocmientos y, en la faceta divulgativa, varias publicaciones: es coatura de libros especializados como «Montañas de Castilla y León», «1904 Picu Urriellu 2021» y «Ciento y Picos». Actualmente ejerce como asesora experta en temas de mujer y montaña.Ayer participó en la tercera sesión de las V Jornadas de montaña de Avilés.
[–>[–>[–>-Ha subido el Urriellu más de cien veces: ¿qué le sigue llamando de esta montaña para volver una y otra vez?
[–> [–>[–>-Subir al Urriellu más de cien veces no es una cuestión de repetición, sino de descubrimiento constante. Para mí es una montaña única; no importa cuántas veces la escales, nunca es la misma pared. Lo que me impulsa a volver es esa combinación mágica de factores: el ambiente alpino, que es siempre cambiante; los compañeros de cordada, que aportan una energía distinta en cada ascenso; y, sobre todo, la luz, que transforma la roca de manera diferente en cada jornada. Además, está el factor humano: cómo te sientes ese día y cómo afrontas cada dificultad hace que cada escalada sea una experiencia irrepetible. Al final, el Urriellu no es solo una cima, es un escenario donde cada ascenso cuenta una historia nueva.
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-¿Recuerda la primera vez que lo escaló? ¿En qué se parece y en qué se diferencia de la Ana Isabel de hoy?
[–>[–>[–>-Recuerdo mi primera vez con absoluta nitidez porque fue, literalmente, la primera vez que subí una montaña en mi vida. Fue una experiencia tan intensa que me marcó para siempre; el Urriellu me atrapó entre sus paredes desde ese instante. En aquel entonces no tenía equipo, ni técnica, y casi diría que ni sentido común para afrontar ese reto, aunque tuve la suerte de ir acompañada por César de Prado, que ya era un escalador competente. Si comparo a aquella Ana Isabel con la de hoy, la esencia es la misma: sigo sintiendo la misma ilusión y esa emoción en cada escalada. La gran diferencia es el contenido de mi mochila: empecé con una mochila llena de ignorancia y, con los años, la he ido llenando de experiencia acumulada en las montañas del mundo. Hoy, además, mi mirada es más profunda. Me apasionan las epopeyas vividas en estas paredes y, especialmente, me inspiran aquellas pioneras que subieron este gigante de piedra sin apenas recursos, venciendo obstáculos no solo físicos, sino también psicológicos y sociales. Escalando hoy, rindo también un homenaje a su legado.
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-Después de tantas ascensiones, ¿sigue sintiendo miedo o nervios antes de empezar una vía?
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[–>-Sí, por supuesto. Siempre existe esa tensión previa, especialmente según la dificultad de la vía que vaya a afrontar. Sin embargo, he aprendido que ese sentimiento de alerta, ese punto intermedio entre los nervios y el miedo, es en realidad un instinto de supervivencia esencial. Lejos de bloquearme, esa sensación me prepara: pone todas mis capacidades a punto y me mantiene en un estado de concentración absoluta. En la montaña, el miedo es un aliado que te recuerda el respeto que le debes al entorno y te obliga a dar lo mejor de ti misma con la máxima seguridad.
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-¿Cómo ha cambiado el montañismo en general y la escalada en particular, y el papel de la mujer en ella, desde que usted empezó hasta ahora?
[–>[–>[–>-El montañismo ha vivido una transformación profunda. Cuando empecé, la aventura era el componente central de cualquier actividad: hoy, a veces parece desdibujado. Antes, el conocimiento siempre iba por delante del objetivo: no te enfrentabas a retos que no estuvieran a tu nivel y se valoraba enormemente la experiencia y el consejo de los mayores. Existía un compañerismo innato y no sufríamos la masificación actual. Hoy, la montaña es un reflejo de nuestra sociedad, aunque afortunadamente aún quedan reductos donde sobreviven esos valores humanos. En cuanto al papel de la mujer, el cambio es motivo de orgullo. Hemos pasado de una presencia casi anecdótica a una realidad donde las mujeres participan activamente en todas las facetas de la montaña. Ver este crecimiento es muy gratificante; antes éramos la excepción y hoy somos una parte esencial del tejido montañero.
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«En la montaña, el miedo es un aliado que te recuerda el respeto que le debes al entorno y te obliga a dar lo mejor de ti misma con la máxima seguridad»
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-¿Tiene alguna vía o ascensión en el Urriello que considere especialmente significativa a nivel personal?
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Más que una vía concreta, lo que considero significativo es el aprendizaje que cada una me ha dejado. La primera fue reveladora porque me enseñó que la escalada, aunque tiene un componente físico innegable, es sobre todo un ejercicio de control mental y emocional.Pero lo que realmente hace que cada ascensión sea especial es el vínculo con los compañeros de cordada. Pocas actividades exigen un nivel de compromiso tan absoluto: literalmente, la vida del otro está en tus manos. Esa responsabilidad crea lazos de una profundidad única; el grado de confianza y lealtad que se forja al final de una cuerda hace que los amigos que te da la montaña sean, normalmente, para toda la vida.
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-El Everest, por citar una cumbre muy conocida, sufre masificación. ¿Cree que el Urriello podría ser un pico de masas si no se controla de alguna manera?
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Espero sinceramente que no lleguemos a ese punto, aunque es innegable que el entorno del refugio ya sufre cierta saturación en verano. Para quienes concebimos la montaña como un espacio de soledad y aventura, resulta difícil asimilar la necesidad de reservar plaza con meses de antelación o encontrarnos con esa masificación en los senderos. Sin embargo, la pared del Urriellu es distinta: aunque hoy escala más gente, la propia verticalidad de la montaña hace su propia selección técnica. Aun así, no debemos olvidar que la montaña es un medio tan bello como frágil: no tiene capacidad infinita para absorber el impacto humano. Debemos ser conscientes de que proteger su esencia implica entender que no es un escenario de consumo masivo, sino un espacio natural que requiere respeto y límites.
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– ¿Qué le ha enseñado la montaña que no se pueda aprender fuera de ella?
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-Para mí, la montaña ha sido mi verdadera escuela de vida. No se trata solo de deporte, el Urriellu y las grandes cimas del mundo han forjado mi carácter de una manera que dudo hubiera logrado en otro lugar. La montaña te enseña, a veces de forma implacable, el valor de la paciencia y la resiliencia: a saber, esperar el momento adecuado y a resistir cuando las condiciones son duras. Pero, sobre todo, me ha regalado valiosas curas de humildad. Aunque en el momento de una retirada o de una dificultad extrema se sufre, esas son las experiencias que más te enseñan a conocer tus límites y a respetarlos. Sinceramente, no sería la misma persona, ni tendría la misma perspectiva del mundo, sin todo lo que he vivido entre estas paredes.
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«El grado de confianza y lealtad que se forja al final de una cuerda hace que los amigos que te da la montaña sean, normalmente, para toda la vida»
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-¿Qué consejo le daría a las mujeres que empiezan ahora a hacer cumbres? ¿Cómo se prepara usted antes de una ascensión?
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-Mi principal consejo para las mujeres que empiezan es que aprendan a escucharse a sí mismas. Es vital que los retos que se propongan sean desafíos propios, nacidos de su deseo real, y no impuestos por modas, redes sociales o por la presión del entorno. A veces perseguimos cimas por «fama” o proximidad sin estar capacitadas o sin que realmente nos motiven. No hay prisa: la montaña es tan diversa que siempre hay una actividad ideal para cada persona y cada momento. En cuanto a mi preparación, soy muy disciplinada. Durante la semana entreno en el gimnasio y el rocódromo para mantener la forma técnica y física. Y, por supuesto, cada fin de semana que puedo, salgo a la montaña. Allí me adapto siempre a lo que mi cuerpo y las condiciones meteorológicas permiten en ese momento; la verdadera maestría también consiste en saber adaptar el objetivo a la realidad.
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-Además de Picos de Europa ha “pateado” otros muchos rincones: ¿próximo objetivo?
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-Como suelo decir, siempre habrá una montaña esperándome para recibirme en sus dominios y deleitarme con su belleza y su verdad. Mi próximo objetivo no es una cima concreta con un nombre y una altitud, sino el compromiso de seguir explorando y ascendiendo mientras mi mente y mi cuerpo me lo permitan. Mi meta es la continuidad: mantener viva esa conexión con la naturaleza y seguir encontrando en cada rincón del mundo, sea en Picos de Europa o en cualquier otro continente, esa autenticidad que solo se halla en las alturas.
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