esta es la empresa centenaria que devuelve a los turistas lo que se dejan en Barcelona
El pasado jueves Pepe Garrido y su sobrino Miquel Catena habían recorrido una veintena de hoteles de Barcelona recogiendo pertenencias en su mayoría olvidadas por los turistas. Se habían convertido, como cada día, en custodios de los preciados bienes de viajeros que confían en la centenaria agencia de transportes barcelonesa American Visitors & Transw. para que lleguen a salvo a sus casas. El universo de esos envíos es tan insólito como infinito: de un peluche de valor incalculable para el niño que no puede dormir sin él, hasta una joya con diamantes. Pero su arsenal de cajas también incluyen compras delicadas o abultadas que un visitante de alto standing no quiere acarrear en un aeropuerto.
[–>[–>[–>El origen de la empresa data de 1910, como un tentáculo de Viajes Marsans, que hacía posible el trasiego de baúles y preciadas pertenencias de quienes cruzaban el charco en barcos tipo Titanic, resume Garrido. Tras algunas vicisitudes, la agencia de transportes acabó en manos de la mujer de uno de los hermanos Marsans, que hizo amistad con la hermana y cuñado de Pepe, hasta el punto de hacerse cargo de la compañía en 1948. El negocio, que inicialmente trabajó con los dos únicos hoteles de lujo de la ciudad y las pensiones para viajeros de la calle Boqueria, fue ampliando horizontes en la medida en que la hotelería crecía poco a poco en la capital catalana.
[–> [–>[–>Pero fue a partir de 2008, tras comprar la agencia a su familia, cuando profundizó en esa infinita cantera de clientes de todo el mundo que a diario se alojan en establecimientos de la ciudad, además del envío de obras de arte. Junto a su sobrino Miquel y su mujer Cristina (contabilidad) tripulan una empresa familiar sin duda única por las características y «personalización» de servicios.
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Cuenta el empresario que están operativos las 24 horas del día y abarcan el proceso completo de un envío, desde los preámbulos que con muchas compañías tiene que hacer el cliente. American Visitors recoge el artículo, lo embala, prepara su documentación, etiquetas, gestiones de aduana y entrega al transportista elegido para hacer el proceso más cómodo, seguro y rápido hasta llegar a destino. En 36 horas en EEUU, en 24 en países europeos, y en 48 en el resto del mundo.
[–>[–>[–>De paquetitos de Lladró a artículos de lujo
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Cuenta Pepe que ya de pequeño dedicaba horas a hacer primorosamente paquetitos de suvenirs encargados sobre todo por viajeros americanos. «Muchas figuras de Lladró», rememora. Además de olvidos en hoteles, hacen portes por encargo de cosas que el viajero les encarga ya antes de marcharse. Por ejemplo, el resultado de una tarde de compras en Hermès o Louis Vuitton, si el comprador no quiere riesgos en su ruta aérea, ni lidiar con equipajes gigantes.
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Los tres responsables de Visitantes Americanos, en sus instalaciones de Sants-Montjuïc. / Belén González / EPC
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Pero lo más singular es su especialidad en esas pertenencias olvidadas con las prisas o el despiste. Su valor es dispar, y abarca desde habituales Airpods y teléfonos móviles, a pulseras de Cartier, relojes millonarios, ropa cara o piezas de simple valor sentimental, como el peluche de un niño, apunta Miquel. A veces son directamente maletas que un turista adinerado no quiere vigilar. Tío o sobrino (cuarta generación) acuden personalmente al hotel del que reciben el artículo, contactan con el propietario que lo ha autorizado, gestionan la devolución y el canal (exprés o estándard), lo preparan con mimo y lo hacen llegar a su destino a precios muy competitivos.
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[–>Guardianes durante el viaje
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Si el cliente lo pide y el bien custodiado es extraordinario, llegan a viajar con la pieza para su entrega en persona. Fue el caso hace unos días, con una llave de un coche de lujo que tuvieron que llevar en avión a un importante empresario a París.
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Pero los envíos no siempre salen de Barcelona. A veces también de Madrid, o de Andalucía. Incluso han viajado a Turín para recoger un maletín olvidado por un alto ejecutivo, en avión privado, entre un sinfín de anécdotas que ya se dilatan todo el año, porque ahora «siempre hay turismo». Cuanto más adinerado sea el viajero, más probable es que lleve artículos de valor y los reclame. O los compre. Este año, el 40% de esta vía del negocio es estadounidense, subrayan, con los cruceristas que se alojan en Barcelona como clientes destacados.
[–>[–>[–>No siempre son posesiones valiosas ni van a domicilio. «Es frecuente enviar a otra ciudad medicamentos, como insulina, que algún americano se deja en Barcelona mientras está en ruta por otras ciudades y no puede conseguirlo sin receta», explica Garrido, que más allá de la eficiencia apunta a la «confianza» como clave del negocio. «La gente quiere que sus cosas les lleguen bien». Una tarea que casi paralizaron los dos años de pandemia, hasta que volvieron al ruedo y aprovecharon para crecer trasladando su oficina a Sants-Montjuïc.
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Allí, aunque un 70% de la acción tiene que ver con el turismo, otro 30% va de la mano de galerías de arte y envíos incluso de obras a veces millonarias, que en ese caso preservan en otros puntos.
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