ESTADOS UNIDOS | La economía de Venezuela, en el limbo y dependiente de la estrategia de Trump
Diosdado Cabello, el número dos del madurismo hasta el 3 de enero, ha asegurado que Venezuela se encuentra «en paz» debido a que el Estado aún «tiene el monopolio y pleno control de las armas«. Más allá de lo verificable de certeza, contrastada con el anuncio de Donald Trump sobre la suspensión de un segundo ataque debido a que ambos países «están trabajando conjuntamente, especialmente en la reconstrucción, de una forma mucho mayor, mejor y más moderna, de su infraestructura de petróleo y gas», nada se dice desde Washington ni Caracas sobre la economía diaria. La incertidumbre sobre el futuro se palpa en las calles y las transacciones con el dólar que tras el secuestro de Nicolás Maduro ha llegado a rozar los 900 bolívares, casi el triple de la cotización oficial de 311,88 bolívares. La brecha cambiaria siempre ha sido política pero hasta el 3 de enero era tolerada por un Estado que había abrazado la dolarización de hecho para contener los precios y, de esta manera, favorecer la recuperación de la actividad durante el último bienio. A finales de diciembre, cuando Maduro bailaba sobre los escenarios, convencido de que Trump era un bocazas y no iba a suceder nada, el dólar en el mercado negro costaba 500 bolívares. El impacto inflacionario del desmadre político no solo tiene que ver por estas horas con los movimientos de la moneda norteamericana sino con el instinto acaparador de muchos venezolanos, temerosos de que lo que solían encontrar en los supermercados en los dos últimos años de relativa recuperación, vuelva a esfumarse.
[–>[–>[–>La era del madurismo tiene cifras concretas que dan cuenta sobre las enormes dificultades que ha atravesado ese país en los momentos más álgidos del conflicto interno. El PIB cayó un 75% entre 2014 y 2020, el año de la pandemia. Mejoró en 2024 y 2025 debido a la actividad de la norteamericana Chevron, tolerada por Joe Biden. Desde finales de 2017 y a lo largo de cuatro años, los venezolanos vivieron bajo el azote de la hiperinflación, con tasas de 130.060% en 2018, de 9.585,5% en 2019, de 2.959,8% en 2020 y de 686,4% en 2021, según las generosas cifras del Banco Central que investigadores independientes elevan de manera significativa. La oposición asegura que el coste de la vida de 2025 ha sido del 600%.
[–> [–>[–>Durante el presente siglo tuvieron lugar tres reconversiones monetarias, dos de las cuales fueron hechas bajo el Gobierno de Nicolás Maduro. En 2018 le quitaron cinco ceros al bolívar y tres años más tarde, otros seis. Con las eliminaciones de la presidencia de Hugo Chávez, se llega a los 14 ceros. Si el llamado bolívar soberano no se ha pulverizado más en los años siguientes se debió a la mejora de la economía y, a su vez, el imperio del dólar en las actividades cotidianas. No faltan los analistas que se preguntan si a partir de los recientes hechos y la imposición de Trump a Venezuela de importar solo productos norteamericanos a cambio de su petróleo no se pasará de una dolarización tolerada a otra formal.
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Deuda e inversiones
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Otra duda de peso tiene que ver con el rol del Estado en la contención social. Maduro la regulaba con la entrega de alimentos subsidiados y bonos que elevaban a 160 dólares los beneficios de los sectores menos favorecidos. Nadie sabe qué sucederá con esas políticas en un país donde, de acuerdo con el Programa Mundial de Alimentos (PMA) el 15% de la población (unos cuatro millones de personas) necesita asistencia alimentaria urgente, y casi el 40% experimenta inseguridad alimentaria moderada o severa.
[–>[–>[–>José Guerra, un exdiputado y directivo del Observatorio Venezolano de Finanzas, sostiene que Venezuela «necesita un Plan Marshall» como el que EEUU aplicó en Europa para su reconstrucción tras la Segunda Guerra Mundial. A su criterio, se requerirían al menos cuatro años de una sostenida inversión de 70.000 millones de dólares para recuperar los niveles previos de producción petrolera. No alcanza con Chevron y PDVSA, y por eso Trump se propone discutir ese asunto con otras multinacionales, no solo norteamericanas. El país acumula una deuda externa de al menos 170.000 millones de dólares. Buena parte de ese pasivo es de la petrolera estatal. Los bonos de PDVSA acaban de subir de manera considerable y también cayó el riesgo del país para tomar crédito. Trump acaba de anunciar que administrará la renta petrolera para que los acreedores no la devoren. Pero las definiciones sobre los gastos domésticos del Estado por ahora no se han escuchado. No faltan aquellos que temen que en algún momento la palabra «ajuste», tan cara al argentino Javier Milei, podría comenzar a formar parte del lenguaje de los funcionarios de la «presidenta encargada», Delcy Rodríguez.
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El factor China
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«Para el pueblo venezolano hay algo seguro: si antes no lo sabían, ahora lo saben. Trump vino a liberar su petróleo, no a su gente. Lamento decirlo, pero el sábado pasado fue el ‘Día O (oil)’, no el ‘Día D’«, dijo Thomas L. Friedman en The New York Times. Lo que se vislumbra como una casi completa dependencia de EEUU, salvo un acto de rebeldía de Rodríguez que por ahora está lejos del horizonte, promete impactos en las relaciones que Venezuela mantenía con uno de los principales compradores de su petróleo, China. Ella se reunió el pasado jueves con el embajador del gigante asiático, Lan Hu. La «presidenta encargada» le transmitió el «sincero agradecimiento por su condena al secuestro» de Maduro y Cilia Flores, «así como a las agresiones contra Venezuela». Es un verdadero misterio lo que han conversado sobre la continuidad de los acuerdos económicos bilaterales, teniendo en cuenta de que la política a largo plazo de Washington es desplazar a Pekín de una región donde ha alcanzado un notable predominio.
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[–>La hoja de ruta que Trump se propone diseñar para Venezuela no es ajena a la disputa que mantiene con China por la hegemonía. A Álvaro Machado Dias, columnista del diario Folha de Sao Paulo no le pasó por alto el hecho de que el Gobierno chino había prohibido en 2024 las exportaciones de galio, germanio y antimonio a Estados Unidos, que son esenciales para los semiconductores. Cuatro meses después, añadió siete tierras raras, lo que llevó a los estadounidenses a retroceder en la guerra arancelaria. «Hace un mes, la Administración Trump lanzó la iniciativa Pax Silica para asegurar estas cadenas, el talón de Aquiles de la geopolítica de la IA. Venezuela tiene coltán, oro, bauxita y reservas de tierras raras aún sin cartografiar«. Parte de esos minerales se encuentran en el Arco Minero del Orinoco, actualmente explotados por grupos ilegales y compradores chinos. El pasado lunes, mientras las acciones Chevron subía un 5% con la promesa de reconstruir la industria petrolera venezolana, las acciones de USA Rare Earth se dispararon un 14%.
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