ESTADOS UNIDOS | Trump podría ampliar las bases y desplegar más soldados en Groenlandia, pero prefiere desafiar a los aliados
¿Para qué desafiar a los aliados con una intervención militar en Groenlandia, territorio autónomo de Dinamarca y parte de la OTAN, si Estados Unidos puede consensuar una mayor presencia de sus soldados en la inmensa ártica? La pregunta planea sobre Copenhague, sus socios europeos y la sede de la Alianza en Bruselas. Un ataque de EEUU sería «el fin de la OTAN», ha advertido la primera ministra danesa, la socialdemócrata Mette Frederiksen, quien cuenta con el respaldo de sus socios europeos y también de Canadá.
[–>[–>[–>Donald Trump insiste a diario en su obsesión por hacerse con el control de la isla, sea por la vía negociada o por la fuerza. La opción militar es chocante si se tiene en cuenta que Estados Unidos no solo no ha agotado sus posibilidades de despliegue en Groenlandia, sino que incluso lo ha reducido a mínimos: de los cerca de 10.000 soldados que estacionó ahí durante la Guerra Fría ha pasado al centenar y medio actualmente en servicio en su única pero estratégica base en territorio groenlandés, Pituffik, en el noroeste de la isla y a 3.757 kilómetros de Moscú.
[–> [–>[–>Desproporción defensiva
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«Nadie combatirá militarmente a Estados Unidos por Groenlandia», ha afirmado Stephen Miller, jefe adjunto de gabinete de Trump y pieza clave en su equipo de seguridad. Su esposa, Katie Miller, exasesora del presidente, puso el dedo en la llaga poco después de la captura de Nicolás Maduro, al colgar un mensaje en X con el mapa de Groenlandia estampado con la bandera de EEUU y la palabra «pronto». Aludía a la teórica materialización del propósito de Trump de hacerse con la isla.
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Dinamarca está obligada por una normativa militar, vigente desde 1952, a defender la isla en caso de una agresión militar. Groenlandia tiene un régimen autonómico que, desde 2009, incluye su derecho a la autodeterminación. Pero estas competencias no incluyen ni política exterior ni defensa.
[–>[–>[–>Frederiksen ha apostado por el rearme, de acuerdo al dictado de Trump y por su propia convicción proatlantista. Prevé una inversión militar de unos 19.400 millones de euros hasta 2033, lo que incluye generosos pedidos a la industria armamentística estadounidense. Al prometido refuerzo defensivo del ártico destinará en los próximos años 4.200 millones de dólares, destinados a la compra de 16 F-35, dos buques patrulla, aviones de vigilancia marítima, un radar, un sistema de drones y más efectivos sobre el terreno.
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Pero un país de seis millones de habitantes –incluidos los 57.000 de Groenlandia–, con servicio militar obligatorio para hombres y mujeres y un Ejército de 17.300 soldados, no está capacitado para confrontarse a una superpotencia. Groenlandia, con 2,1 millones de kilómetros cuadrados, un 80% de los cuales cubiertos de hielo, tiene ahora entre 250 y 300 soldados daneses en su territorio. El llamado Comando Ártico tiene su cuartel central en Nuuk, la capital. Junto al Comando Ártico hay una unidad especial polar, la histórica Patrulla Sirius, con una dotación de 14 soldados que reciben instrucción en condiciones extremas, se desplazan en trineos tirados por perros y en una zona que en invierno está a -40 grados.
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[–>Cheque en blanco a EEUU
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Trump ha acusado a Dinamarca de negligir la defensa de Groenlandia en una región donde ejercen ya un creciente dominio China y Rusia. Sustenta en la inferioridad danesa la necesidad de tomar las riendas sobre Groenlandia. Pero no aclara por qué no hace uso del cheque en blanco que prácticamente tiene para aumentar sus capacidades. El Tratado de Defensa de Groenlandia firmado entre ambos países en 1951, actualizado en 2004 y luego en 2023, autoriza a EEUU a desplegar bases en todo el territorio groenlandés. «Estados Unidos podría ampliar sus bases en territorio groenlandés con el acuerdo de daneses y groenlandeses. No hay problema alguno», recuerda el experto en la región ártica de la Fundación Ciencia y Política (SWP) de Berlín, Michael Paul.
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Fruto del acuerdo de 1951 fue la implantación de la base militar estadounidense de Thule, que en 2023 se rebautizó como Pituffik. Su misión consiste en supervisar el espacio aéreo y detectar la presencia de aeronaves o misiles balísticos. Su dotación actual está entre los 150 y los 200 soldados estadounidenses, más centenares de empleados civiles y un oficial danés, a modo de enlace.
[–>[–>[–>Pretensiones históricas y desprecio actual
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Trump exhibe su desprecio al derecho internacional o a sus aliados europeos. Hace valer la ley del más fuerte y parece compartir la desafiante certeza de su asesor Miller de que nadie responderá militarmente a una agresión de su poderoso Ejército.
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Para el Pentágono, Groenlandia es ‘suya’, en parte porque asumió su defensa durante la Segunda Guerra Mundial, con Dinamarca bajo la ocupación nazi. En tiempos de la Guerra Fría llegó a tener 10.000 soldados en la isla, pero fue transfiriendo progresivamente sus instalaciones militares a Dinamarca, con excepción de Pituffik.
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Geográficamente, la isla pertenece al continente americano. Para Copenhague pesan sus 600 años de historia compartida bajo diferentes estatus, incluido el periodo colonial que terminó en 1953.
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Los intentos de Estados Unidos por hacerse con la isla son también históricos. Se suele recordar un par de precedentes de adquisiciones territoriales estadounidenses: la compra a Rusia de Alaska en 1867 y la de las actuales Islas Vírgenes, que Dinamarca vendió en 1917. Un año después de la capitulación nazi, el presidente Harry Truman ofreció a Dinamarca 100 millones de dólares por Groenlandia.
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Trump lanzó su propia oferta de compra en 2019, durante su primer mandato. Frederiksen respondió ya que la isla no estaba en venta. Tras su victoria de 2024, Trump retomó su obsesión. Pocos días antes de asumir el cargo, se produjo una provocadora visita a la isla de su hijo, Donald Trump Jr. Ya desde la Casa Blanca, Trump prometió «billones para hacerlos ricos» a los groenlandeses. Y envió a su vicepresidente, JD Vance, de visita a Pituffik. Las provocaciones han sido constantes. La respuesta de Frederiksen y del presidente autonómico, Jens Frederik Nielsen, es la misma: Groenlandia no está en venta.
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