Estudiaba tan mal que mi padre me obligó a dejarlo para trabajar en una peluquería y duré solo 3 fines de semana
Marta Sánchez es, sin duda, una de las grandes voces del pop español y un ícono que ha marcado a varias generaciones.
Sin embargo, detrás de la inconfundible melena rubia, los éxitos internacionales y esa imagen de estrella que paralizó al país en los años 80 y 90, se esconde una infancia y uno adolescencia lleno de claroscuros, disciplina férrea y anécdotas que forjaron su carácter inquebrantable.
Hoy, a sus 60 años, el artista mira hacia atrás para describir cómo era crecer en una familia donde el arte corría por las venas, pero también exigencias extremas.
Criado en el vibrante Madrid de la años 70El destino de Marta parecía escrito desde la cuna. Hija del reconocido barítono asturiano Antonio Campo y patrocinado nada menos que por el legendario tenor Alfredo Krausla música clásica y la ópera eran el pan de cada día en su hogar.
«Sentí que este era mi camino.«, confesó al recordar aquellos primeros años rodeada de partituras.
Pero la realidad es que no todo fue idílico. Lejos de ser la alumna perfecta que su entorno esperaba, la joven Marta Estaba bastante disperso en las aulas.. Su malas notas Agotaron la paciencia de su padre, quien tomó una decisión drástica para darle una verdadera lección de vida.
«estudié tan mal que mi padre me dijo: ‘se acabó’. tu sales de la escuela«, dice la cantante con su habitual sinceridad. Por eso, su padre la obligó a ir a trabajar.
La experiencia en el mundo laboral ordinario, sin embargo, fue efímera: «Empecé a trabajar en una peluquería, lavando cabezas, y duré tres fines de semana. Le pedí perdón a mi padre y regresé a clases. Pero jamás dejé de pensar en la música», recuerda.
La educación en casa no era precisamente relajada. La propia Marta ha llegado a definir a sus padres como «bastante estrictos» y, en algunos aspectos, con formas de educar propias de otra época que hoy tacharíamos de «dictatoriales«.
Esa rigidez no solo se aplicaba al expediente académico, sino también a la apariencia física, un tema que marcó sus primeros años de juventud.
Su madre jugaba un papel muy controlador en lo que respectaba a la báscula y la alimentación. «Mi madre me decía que no engordara. Cuando me ponía a comer, porque siempre he sido muy glotona, me advertía que tuviese cuidado«, revela la intérprete de Soy yo.
La infancia de Marta Sánchez
El ascenso a la fama con el grupo. Olé Olé Trajo consigo un éxito abrumador, pero también tensiones a puerta cerrada. La transformación de aquella chica que cantaba en el salón de su casa a la mujer explosiva que acaparaba todos los cubre No fue fácil para su familia asimilarse.
A su padre, un hombre de estilo clásico y tradicional, no le gustó nada que su hija era considerada la gran simbolos sexuales de España.
A pesar de los roces, las estrictas pautas maternas respecto a su físico y el disgusto paterno por sus atrevidos outfits, Marta Sánchez Supo tomar el control de su vida. Aquella adolescente rebelde que apenas lograba lavarse la cabeza acabó convirtiéndose en una diva incombustible.
a su 60 añostotalmente reconciliada con su pasado, demuestra que esa educación, lejos de frenarla, le dio la fuerza necesaria para sobrevivir en la implacable industria musical.
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