Extranjeros en el mercado de trabajo español
Rafael Puyol es presidente de UNIR
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España está experimentado una significativa transformación de su mercado laboral debido a la mayor presencia de mujeres, de personas sénior y sobre todo de inmigrantes, los cuales han ocupado el 90 % de los nuevos empleos creados en los dos últimos años. Algunos valoran positivamente este acaparamiento; otros lo critican con el argumento de que los foráneos quitan puestos de trabajo a los españoles y eso no se debería permitir. ¿Qué hay de cierto en esta afirmación?. Pretendo ofrecer algunas claves del trabajo de los extranjeros en España y al mismo tiempo intentar responder a esa pregunta.
[–>[–>[–>La progresiva «extranjerización» de nuestro mercado laboral es una realidad incuestionable . El número de activos foráneos (básicamente entre 16 y 69 años) ha pasado de 3,1 a 4,2 millones entre 2021 y 2025 y su participación en la población activa total ha crecido 3 puntos porcentuales hasta alcanzar el 17 % actual. Además tienen mejores tasas de actividad y empleo que los españoles, es decir que sobre el total de personas en edad de trabajar los porcentajes de extranjeros activos (quieren trabajar aunque algunos puedan estar desocupados) o que están empleados (trabajan realmente) son superiores a los de los españoles. Y es que el trabajo es la finalidad prioritaria por la que vienen a España.
[–> [–>[–>Mejores tasas de actividad y ocupación, pero peores índices de desempleo con una tasa de 15,2 para los extranjeros y de 9,4 para los españoles. En términos relativos, hay más extranjeros que españoles que quieren trabajar, pero hay también bastantes más que no lo consiguen.
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Y ¿Y a qué se dedican básicamente los extranjeros? A cuatro grandes sectores en los que ocupan una parte sustantiva de los empleos ofertados: el servicio doméstico, en el que más del 70 % de los puestos son desempeñados por extranjeros, en especial mujeres de América latina; la hostelería (50 % de los empleos ejercidos por extranjeros); la construcción y la agricultura (más del 30 % cada una). Son oficios que en la clasificación de ocupaciones responden a la condición de «elementales», que no exigen un tipo especial de cualificación. Un nivel que no posee una buena parte de los inmigrantes ya que más del 40 % solo ha logrado un rango de estudios equivalente a la Educación primaria o primera etapa de la secundaria. Ciertamente hay un 28 % de titulados superiores (frente a un 40 % de los españoles) algunos de los cuales ejercen oficios relacionados con su nivel de cualificación, pero otros desempeñan ocupaciones por debajo de su capacitación. Como a muchos titulados españoles , la «sobrecualificación» afecta también a los licenciados superiores extranjeros. Los largos y penosos procesos de reconocimiento de los títulos explican, en buena parte, esta situación.
[–>[–>[–>Los extranjeros son fundamentalmente asalariados que trabajan en el sector privado. Ello aclara su reducida presencia en ámbitos como la Educación, la Administración, la Defensa o la Seguridad Social, donde la mayoría de los empleos pertenecen a la función pública, lo cual impide la entrada a quienes no están nacionalizados.
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La concentración de los extranjeros en oficios de menor competencia que son frecuentemente los trabajos más duros y más penosos se reflejan en el salario percibido. La base media de cotización de los españoles (diciembre de 2024) es de 2.275 euros frente a los 1.585 de los oriundos de América Latina, los 1.554 de los nacionales de África y los 1.500 de los procedentes de Asia.
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[–>Por su origen, la mayor parte de los activos y ocupados procede de América Latina con un 43 % del total de trabajadores. Le siguen después los países de la Unión Europea con un cuarto de los activos y ocupados. Los demás países de Europa aportan un 8 % y el resto (africanos y asiáticos principalmente un 25 % de los oficios.
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Por comunidades autónomas, la mayoría de los laborantes foráneos (un 68 %) se reparte por tan solo cuatro territorios: Cataluña, Madrid, el País Valenciano y Andalucía. En esas regiones se concentra también la mayor parte de los parados. En Asturias las cifras son modestas ya que el Principado solo reúne al 1 % de los activos, ocupados y parados extranjeros de toda España.
[–>[–>[–>El trabajo de los inmigrantes en nuestro país tiene luces y sombras. Crece y eso es bueno para ellos y para nosotros y tienen mejores tasas de actividad y ocupación que los nativos. Desempeñan oficios de baja cualificación porque el nivel educativo de una buena parte es moderado. Los de mejor preparación están afectados por el subempleo y todos poseen índices de paro superiores a los de los españoles. Por esas actividades perciben sueldos más bajos que los autóctonos, especialmente los africanos y asiáticos. Están en mejor situación los europeos y latinoamericanos quienes, por otra parte, reúnen 2/3 del total de trabajadores.
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Tras esta visión de conjunto, estamos en condiciones de responder a la afirmación sostenida por algunos de que los extranjeros quitan puestos de trabajo a los españoles. En esto, como en tantas otras cosas, no se puede ser maximalista. Quizás en algunos casos esto sea así, pero no en la mayoría de las situaciones. Los extranjeros no quitan empleos a los españoles sino que desempeñan los que éstos ya no quieren ejercer. A veces me pregunto que sucedería si no tuviéramos latinoamericanos, europeos del este o marroquíes que cuidasen de nuestros mayores, construyeran nuestros edificios, sirvieran en los bares y restaurantes, ayudaran en nuestras casas o trabajaran en el campo. No todos los inmigrantes son vagos, maleantes o delincuentes. Los hay, sin duda, pero la inmensa mayoría viene a trabajar y creo, sinceramente, que debemos felicitarnos por ello porque gracias a esas personas el país se abastece de trabajadores imprescindibles. Persígase a los malhechores, pero no se criminalice a quienes su único delito es bregar para sacar adelante a sus familias.
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