Economia

Fortaleza y Recife, las ciudades anfibias de Brasil entre dunas, carnaval y sabor colonial

Fortaleza y Recife, las ciudades anfibias de Brasil entre dunas, carnaval y sabor colonial
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  • Publishedjulio 3, 2026



El Noreste de Brasil invita a perderse. A dejar pasar el tiempo, a sentir la brisa del océano y dejarse mecer por ella, a disfrutar de las playas, de la buena mesa y de sus gentes. A vivir. Al margen del bullicio de las grandes urbes del sur, esta zona alberga dos joyas bañadas en el salitre del mar: Fortaleza, en el estado de Ceará, y Recife, la capital de Pernambuco.

El viaje entre ambas urbes es también un recorrido entre dos formas complementarias de entender Brasil. Una, marcada por las playas infinitas, las dunas y el carácter relajado de la llamada tierra alencarina; la otra, por la historia colonial, el mestizaje cultural y el ritmo frenético del frevo. Juntas ofrecen una de las experiencias más completas del país.

Fortaleza, donde el mar lo gobierna todo

Con más de 30 kilómetros de litoral urbano, Fortaleza es una ciudad construida mirando al océano. Un Río de Janeiro de bolsillo. Sus playas de Iracema, Meireles y Mucuripe articulan la vida cotidiana de una capital moderna que ha logrado convertirse en uno de los principales destinos turísticos de Brasil sin perder su identidad.

Atardecer en la bahía de Fortaleza (Ceará) Humberto Montero

La figura de la india Iracema, protagonista de la novela homónima escrita por José de Alencar, preside el paseo marítimo de Beira Mar, la arteria en la que se vive en Fortaleza y donde todo pasa. Salpicada por heladerías, tiendas y boutiques, restaurantes y chiringüitos, allí puede degustar desde queso frito, a agua de coco helada o una Baden-Baden para revivir cuando el calor aprieta. Allí también se encuentra la popular Feirinha da Orla, un mercado al aire libre donde artesanos de todo Ceará exhiben sus productos elaborados con materiales locales. Y donde puede comprar todo lo necesario para un día de playa, desde bañadores y bikinis a chanclas a un precio más que interesante, o camisetas de todos los equipos de fútbol del mundo.

playa de Recife
playa de Recife Embratur

A pocos metros se levanta el Hotel Gran Marquise, uno de los establecimientos de referencia de la ciudad, situado frente al mar y con una azotea muy concurrida. A unos pasos, el restaurante Illa Mare ofrece una primera inmersión en la gastronomía cearense, dominada por pescados, mariscos y productos de la tierra. Alojarse en la zona equivale a una inmersión en la realidad diaria de esta ciudad de 2,5 millones de habitantes.

Casas coloridas cerca del Muelle de los Ingleses en el centro histórico de Fortaleza
Casas coloridas cerca del Muelle de los Ingleses en el centro histórico de Fortaleza Humberto Montero

La visita al centro histórico conduce hasta la Catedral Metropolitana de Fortaleza, una de las mayores de Brasil. Junto a ella se encuentra el lugar donde se levantó la fortificación que acabaría dando nombre a la ciudad: la Fortaleza de Nuestra Señora de la Asunción, construida por los portugueses sobre el fuerte que levantaron en 1649 los holandeses.

Muelle de los Ingleses (Fortaleza)
Muelle de los Ingleses (Fortaleza) Humberto Montero

La cultura local aparece también en espacios menos conocidos, como el taller Ciclo Gravura, dedicado a la preservación de las técnicas tradicionales de grabado. Y para entender el peso del mar en la economía local basta acercarse a la Colonia Z-8, la histórica cofradía de pescadores de Fortaleza, actualmente presidida por una mujer. Y ya que dispone de una bahía inmensa frente a sus ojos, conviene dar un paseo en piragua desde el Club Náutico, mejor temprano a la mañana.

Artesanías en el Mercado de Fortaleza, cerca de la Catedral
Artesanías en el Mercado de Fortaleza, cerca de la Catedral Humberto Montero

Entre forró, jangadas y fiestas juninas

Cuando cae la noche, Fortaleza cambia de ritmo y Beira Mar entra en ebullición con centenares de locales haciendo deporte o pasando el rato. Pero el epicentro de la fiesta es el célebre Pirata Bar, donde los lunes y viernes se celebran multitudinarias sesiones de forró, el género musical más representativo del Noreste.

Bar en Canoa Quebrada (Ceará)
Bar en Canoa Quebrada (Ceará) Humberto Montero

Nacido en las zonas rurales de la región, el forró mezcla influencias europeas, africanas e indígenas con un ritmo en el que mandan la percusión de la zabumba y el acordeón. Su importancia cultural es enorme y alcanza su máxima expresión durante las fiestas juninas, una de las celebraciones más populares de Brasil, dedicadas a San Antonio (13 de junio), San Juan (24 de junio) y San Pedro (29 de junio). Durante esas semanas las ciudades se llenan de bailes, música y platos elaborados con maíz, mandioca y frijoles.

Entre los dulces típicos destaca el brigadeiro, elaborado con leche condensada y cacao, omnipresente en celebraciones familiares y festividades.

La ruta de las falésias

A unas dos horas por carretera desde Fortaleza comienza uno de los paisajes más espectaculares del litoral brasileño: la ruta de las falésias.

Las falésias son grandes acantilados de arena y arcilla moldeados durante miles de años por la erosión del viento y el mar. Sus tonalidades rojizas, anaranjadas y ocres crean escenarios que parecen irreales.

Centro de Canoa Quebrada (Ceará)
Centro de Canoa Quebrada (Ceará) Humberto Montero

El mejor ejemplo es Canoa Quebrada, antiguo pueblo pesquero que comenzó a atraer viajeros internacionales en los años sesenta. Según la tradición local, el nombre surgió cuando algunos visitantes observaron embarcaciones abandonadas sobre la playa y comenzaron a referirse al lugar como la «canoa quebrada».

Hoy es uno de los destinos más emblemáticos de Ceará. Desde allí parten excursiones en «buggy» que recorren las falésias y las dunas costeras. El trayecto, que cuesta alrededor de 100 reales por persona -unos 16 euros al cambio actual-, permite contemplar algunos de los paisajes más escénicos de la zona. Visite Aracati o Aratu se dedican a esta actividad.

Mercado en el centro de Fortaleza
Mercado en el centro de Fortaleza Humberto Montero

Aquí podrá comprobar como se estiran las horas. Tras una mañana de aventura y playa, el almuerzo en el restaurante Sal e Mar invita a una sobremesa hasta el atardecer después de un almuerzo abundante y delicioso basado en producto local. Regentado por Adelaida Freires, este emporio gastronómico sobre los riscos de arena de la playa ofrece el traslado gratuito a muchos visitantes alojados en Canoa Quebrada. Imperdible.

Más al norte, Morro Branco ofrece otro espectáculo geológico singular: un auténtico laberinto natural esculpido por la erosión entre dunas móviles y acantilados multicolores.

Canto Verde, turismo alternativo

Lejos de los grandes complejos turísticos aparece una realidad diferente en la playa de Canto Verde, una comunidad pesquera convertida en referencia del turismo sostenible en Brasil.

Integrada en una reserva ambiental de unas 29.000 hectáreas entre tierra y mar, la zona protege extensos cocoteros, lagunas de agua dulce y salada y áreas de reproducción de tortugas marinas. Entre junio y julio tiene lugar el desove, mientras que entre septiembre y octubre las crías emprenden su camino hacia el océano.

Playa de Cantoverde (Ceará)
Playa de Cantoverde (Ceará) Humberto Montero

La actividad pesquera sigue siendo fundamental. Unas 80 embarcaciones y cerca de 200 pescadores trabajan en estas aguas utilizando las tradicionales jangadas, embarcaciones de vela características del Noreste brasileño. Entre mayo y octubre la pesca de langosta ocupa buena parte de la actividad local, mientras que durante el resto del año se capturan decenas de especies diferentes.

Recife, la Venecia brasileña

Si Fortaleza mira al mar, Recife parece surgir directamente del agua. Conocida como la «Venecia brasileña», la capital de Pernambuco se desarrolló entre ríos, puentes, canales, manglares e islas, hasta el punto de ser descrita habitualmente como una ciudad anfibia.

La historia está presente en cada rincón. Durante 24 años estuvo bajo dominio holandés, una herencia visible aún hoy en su urbanismo y en algunos de sus edificios históricos. También fue hogar de una importante comunidad sefardí que fundó la Sinagoga Kahal Zur Israel, considerada la primera sinagoga de América.

Uno de los canales de Recife
Uno de los canales de Recife Humberto Montero

El barrio de Recife Antiguo concentra buena parte de este legado. Sus calles empedradas conducen al Cais do Sertão, un extraordinario museo dedicado a la cultura nordestina y a la figura de Luiz Gonzaga, mientras que el Paço do Frevo explica el origen y evolución del ritmo más emblemático de Pernambuco.

El frevo nació a finales del siglo XIX como resultado de la mezcla entre marchas militares, polcas europeas y movimientos inspirados en la capoeira. Hoy es Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad y constituye la banda sonora de uno de los carnavales más auténticos de Brasil. Las pequeñas sombrillas multicolores que portan los bailarines son ya uno de los símbolos universales de Recife.

Bailarín de frevo, el ritmo de Pernambuco
Bailarín de frevo, el ritmo de Pernambuco Humberto Montero

Un paseo por la calle Bom Jesus permite descubrir la convivencia de culturas que caracteriza a la ciudad antes de embarcar en un catamarán para contemplar desde el agua el perfil histórico de la urbe. Desde allí se observan algunos de los edificios más representativos de la Plaza de la República, como el Palacio de Justicia, el Teatro Santa Isabel y el Palacio del Gobierno, además del monumental baobab africano que se ha convertido en uno de los árboles más fotografiados de la ciudad.

La jornada puede concluir con una degustación de té mate con limón y una porción del tradicional bizcocho Souza Leão, una de las joyas de la repostería pernambucana.

Olinda, el carnaval más auténtico

Pero la joya de Recife está a unos kilómetros. Olinda, declarada Patrimonio Mundial por la UNE en 1982, fue la primera capital de Pernambuco y conserva uno de los conjuntos coloniales mejor preservados de Iberoamérica. Sus calles empedradas ascienden por siete colinas, una característica que suele compararse con Lisboa y Roma.

Iglesia del Carmen en Olinda
Iglesia del Carmen en Olinda Humberto Montero

En la parte alta se encuentran algunas de las 22 iglesias históricas de la ciudad, entre ellas Nuestra Señora del Carmen, considerada la primera iglesia carmelita de Brasil, además de San Benito y otros templos donde se percibe la convivencia entre el catolicismo y tradiciones afrobrasileñas como el candomblé y prácticas indígenas vinculadas a la Jurema.

Pero Olinda es, sobre todo, carnaval. Aquí la fiesta sigue siendo esencialmente callejera. Los famosos muñecos gigantes, encabezados por el Homem da Meia-Noite, recorren callejuelas estrechas mientras miles de personas bailan frevo con sus sombrillas de colores.

Panorámica de Olinda
Panorámica de Olinda Embratur

El sabor de Pernambuco

La gastronomía es otro de los grandes argumentos del viaje. En Fortaleza destacan restaurantes como el mencionado Illa Mare y Aconchego, mientras que en Recife y Olinda sobresalen direcciones como Chica Pitanga, Oficina do Sabor donde también es conveniente una sobremesa tras degustar entre otras delicias el afamado Jerimum Maramanga, o Bargaço, en el mismo Novotel.

La cocina pernambucana refleja siglos de mestizaje cultural. A las influencias indígenas, portuguesas y africanas se sumaron aportaciones holandesas y francesas. El resultado es una gastronomía rica y diversa en la que conviven platos marineros sofisticados con recetas populares.

Centro de Recife, junta a la sinagoga
Centro de Recife, junta a la sinagoga Humberto Montero

Entre las especialidades imprescindibles figuran la mandioca con carne seca, los guisos tradicionales y el célebre bolo de rolo, considerado uno de los grandes iconos gastronómicos de Brasil.

Con el estómago agradecido, ya solo le queda relajarse y dejarse embriagar del sabor brasileño.

Más allá de las ciudades

Fortaleza y Recife son también excelentes puertas de entrada para descubrir otros tesoros del Nordeste. Desde la primera se alcanzan playas como Cumbuco, paraíso del kitesurf y el windsurf; Lagoinha, una de las postales más fotografiadas de Ceará; o Capim Açu, refugio de naturaleza intacta.

Desde Recife se accede fácilmente a Porto de Galinhas, famosa por sus piscinas naturales y arrecifes coralinos; Maracaípe, donde habitan caballitos de mar; la espectacular playa de Carneiros; o el archipiélago de Fernando de Noronha, uno de los santuarios ecológicos más valiosos de Brasil.

Entre dunas y manglares, jangadas y catamaranes, frevo y forró, Fortaleza y Recife ofrecen mucho más que unas vacaciones de sol y playa. Son dos maneras de entender el Noreste brasileño, una región donde la historia, la naturaleza y la cultura siguen latiendo con una intensidad difícil de encontrar en otros lares.



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