Fuimos la generación más afortunada de España del último siglo, ahora no hay esperanza
José Elías es un empresario multimillonario, presidente de Audax Renovables y de La Sirena, además de accionista en otras compañías. Gracias a sus negocios, el de Badalona ha acumulado un gran patrimonio que lo sitúa en el puesto número 79 de la lista Forbes, con una fortuna superior a los 600 millones de euros.
[–>[–>[–>Su trayectoria lo ha convertido en un referente para quienes aspiran al éxito empresarial. En los últimos años se ha consolidado como ‘coach’ empresarial, participa en varias tertulias televisivas y comparte reflexiones sobre economía a través de sus redes sociales.
[–> [–>[–>Ahora, el multimillonario ha alzado la voz para denunciar la situación que viven las nuevas generaciones en España, especialmente en el acceso a la vivienda y a las oportunidades laborales. A través de la red social X (antes Twitter), compara su experiencia con la actual y es tajante: «Mi generación pudo comprarse un piso a los cuatro años de empezar a trabajar. La de ahora no tiene ni esperanza de conseguirlo».
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José Elías recuerda que creció con la idea de que el esfuerzo y los estudios garantizaban un futuro estable. «A mí mis padres me vendieron la moto: si te portas bien, estudias y te sacas una carrera, serás un hombre de provecho».
[–>[–>[–>El de Badalona siguió ese camino, aunque admite que contó con una gran ventaja: «Tuve la gran suerte de nacer en el boom del 76. Creo que fuimos la generación más afortunada de España del último siglo».
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«Vamos para atrás»
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Según el multimillonario, aquella generación no dudaba en aceptar cualquier trabajo y sacrificio, pero el esfuerzo tenía su recompensa: «Salíamos con ganas de trabajar como bellacos. No se nos caían los anillos por nada. Acababas llevando los cafés de tu jefe, currabas como el que más. Tenía un objetivo, un futuro, una ambición, una esperanza. Ahora yo creo que no hay esperanza y que vamos para atrás como los cangrejos».
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[–>En su opinión, el problema de fondo es que “el esfuerzo ya no garantiza nada”, y que la gente no va a trabajar como un «bellaco» si al final no obtiene una recompensa salarial: «Se ha perdido la cultura del esfuerzo porque hemos matado el incentivo. Y sin incentivo, se muere la ambición”.
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