GATO ASTRONAUTA | El primer y único gato que ha viajado al espacio: la increíble historia de Félicitte
Todo el mundo conoce la historia de la perrita Laika, que acabó tristemente sus días en el espacio para experimentar los efectos de la falta de gravedad. Sin embargo, pocos conocen a Félicitte, una simpática gata que fue el primer y único felino que ha volado al espacio y, además, regresó con vida.
[–>[–>[–>En 1963, el Centro de Enseñanza e Investigación de Medicina Aeronáutica (CERMA) de Francia decidió que, a diferencia de la URSS, que mandó un perro, y a diferencia de Estados Unidos, que había mandado dos simios, el país galo elegiría otro animal: un gato.
[–> [–>[–>Pero ¿por qué un gato? Este animal era uno de los más usados en estudios de neurofisiología en aquella época, sobre todo para estudiar el sueño y la atención. Por dicho motivo, los científicos eligieron un animal cuyas características fisiológicas eran bien conocidas para probar su comportamiento durante un vuelo espacial.
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14 candidatos reclutados en la calle
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No fue precisamente complicado conseguir el gato. El CERMA fue a la caza y captura de felinos recorriendo las calles de París y capturó a 14 en total, cada uno de los cuales recibió un número de identificación.
[–>[–>[–>El gato-astronauta, listo para emprender el vuelo / Agencias
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Posteriormente, los animales fueron llevados a lo que puede considerarse un campo de entrenamiento, donde fueron instalados en reducidos habitáculos para simular las condiciones de estrechez y confinamiento de una nave espacial. También tuvieron que pasar la temible prueba de la ‘centrifugadora’, que sometían sus cuerpos a unas fuerzas G equivalentes a casi el doble de las que experimentaron los astronautas de la misión Apolo hacia la Luna.
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De los 14 gatos que habían sido previamente ‘reclutados’, solo seis pasaron a la ronda final de entrenamiento. Al final, el animal finalmente seleccionado resultó ser uno de pelaje blanco y negro, que tenía la identificación C341.
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[–>Lanzamiento desde el Sahara
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Su viaje a las estrellas (o, al menos, a la órbita terrestre) tuvo lugar el 18 de octubre de 1963, a las ocho de la mañana, cuando un cohete Véronique encendió sus motores desde la base de lanzamiento que Francia tenía entonces en el desierto del Sahara, en Argelia. Dentro iba el primer gato-astronauta de la historia.
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El cohete Véronique era realmente pequeño. Tanto que una persona podría abrazar su diámetro sin dificultad y pesaba menos que un coche todoterreno. Pero, al menos, tenía la capacidad de empuje suficiente para transportar su preciado pasajero más allá de la Tierra.
[–>[–>[–>El gato C341 iba encajado en un habitáculo diminuto, con nueve electrodos implantados en la cabeza y otros en las piernas. También había micrófonos para monitorizar su respiración y maullidos, así como dispositivos para registrar su ritmo cardíaco.
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Michel Viso, exjefe de exobiología del Centro Nacional de Estudios Espaciales (CNES), explicaba a los medios de comunicación, años después de esta proeza, que “el objetivo era comprender cómo funcionan los animales en microgravedad y sacar conclusiones sobre la fisiología y el conjunto de interacciones físico-químicas que ocurren dentro de su organismo”.
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Rebasó ampliamente la frontera del espacio
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El felino, tras 42 segundos de vuelo desde el despegue y tras soportar nada menos que 9,5 g de aceleración, logró quedar libre de gravedad, a una altura de 157 kilómetros, es decir, 57 kilómetros más allá de los 100 que se considera el inicio del espacio exterior. Permaneció allí durante apenas cinco minutos antes de iniciar la no menos accidentada reentrada en la atmósfera terrestre, con nuevas aceleraciones de infarto y despliegue de paracaídas.
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La gata, convertida ahora en heroína espacial, ya dejaría de ser nombrada con un simple código de números. En el CERMA decidieron buscarle un nombre de verdad para publicitar su gesta ante la prensa. Inicialmente se pensó en Félix, por el famoso personaje de dibujos animales, pero, dado que era hembra, se llamó Félicitte.
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Escultura dedicada a Félicitte en la Universidad Espacial de Estrasburgo / Marc Dossmann
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Ahora bien, pese a haber salido con vida de esta hazaña, Félicitte no terminó bien sus días. Solo dos meses después de haber culminado con éxito su viaje espacial, fue sacrificada para que los científicos pudieran examinar su cuerpo para comprobar si había recibido algún daño durante el mismo. Fue una muerte innecesaria, porque, como admitieron los propios científicos, el examen realizado no reveló ninguna información útil.
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Sin embargo, la pequeña gata no cayó totalmente en el olvido ni está huérfana de reconocimiento. Quien visite la Universidad Espacial Internacional de Estrasburgo verá una estatua de bronce que representa a Félicitte encaramada sobre la esfera terrestre, con la mirada puesta en el cielo. Según explica el portal IFLScience, fue necesario que pasaran muchos años tras su hazaña y una campaña reivindicativa en internet para lograr ese monumento, pero ahí está la pequeña Félicitte posando para la posteridad.
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