Ha dejado huella en la profesión
Apretó los dientes varias veces y buscó refugio en una sonrisa otras cuantas para tratar de contener la emoción, pero llegó un momento en el que Ramón Fernández-Mijares ya no pudo evitar que se le escapasen las lágrimas. El veterano abogado celebró este viernes en Oviedo sus cincuenta años de colegiado arropado por familiares, amigos y empleados de sus despachos durante una comida en la que el veterano letrado ovetense se pegó un buen atracón de recuerdos, afecto y emoción. «Estoy muy feliz de estar aquí con todos vosotros. Este es el mejor regalo que se puede recibir en un día tan importante para mía», dijo el abogado durante el discurso previo a la comida.
[–>[–>[–>Fernández-Mijares, presidiendo una alargada mesa, también echó la vista atrás para compartir con sus invitados algunos recuerdos de sus inicios. «El fiscal jefe en aquella época era Rafael Fernández y era el único que podía solicitar penas de muerte. Porque sí, hace tantos años que comencé en esto que todavía existía la pena de muerte», explicó el letrado. «Imaginaos como era aquello que al tribunal había que llevarle una caja de puros para que te tratasen bien. Yo, como era un ‘prubín’ que me acababa de colegiar y estaba empezando lo tenía más difícil que otros», añadió provocando las carcajadas de los presentes.
[–> [–>[–>[–>[–>[–>Ramón Fernández-Mijares es el mayor de doce hermanos. Le falta Amaya, fallecida en 1988 en un accidente de tráfico cuando acudía al Festival del Oricio de Bañugues, a la que siempre lleva en su corazón. Ayer tampoco estaba Pablo, el encargado del despacho que los Fernández-Mijares tienen en Las Palmas, ni Pelayo, que lleva el de Oviedo desde que Ramón colgó la toga. «No han podido venir porque están fuera, pero el resto estamos todos», afirmaba el protagonista orgulloso.
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Ramón Fernández-Mijares se ha ganado el cariño de los suyos por derecho. «Desde que faltan nuestros padres es el patriarca de la familia. Como hermano el mejor y como jefe un grande», decía su hermana mientras el letrado la cogía cariñosamente de la mano. «Fue la secretaria general del despacho durante muchos años y ahora lo es mi sobrina, Macarena Riu. Tuve la suerte de estar muchos años trabajando a su lado», presumía Ramón Fernández-Mijares.
[–>[–>[–>Soneto dedicado del decano
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El pequeño de la saga, Cristóbal Fernández-Mijares, tampoco quiso faltar en un día tan importante para su hermano. «Es un fenómeno, un ejemplo a seguir. Es un gran músico y mejor persona», dijo. Y es que el homenajeado es un apasionado de la música, tanto que llegó a tener en su casa más de un centenar de instrumentos diferentes y a montar incluso un pequeño grupo con antiguos tunos para interpretar piezas clásicas y música sudamericana. «Puede que acabemos cantando algo, quién sabe», advirtió el abogado.
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También estuvo en la comida el actual decano del Colegio de Abogados de Oviedo, Antonio González-Busto. «Ramón, has dejado una huella importante en la abogacía ovetense. Han sido muchas las personas las que se han formado en tu despacho y de eso tienes que estar muy orgulloso», afirmó el decano, que incluso le dedicó un soneto al homenajeado con versos como estos: De dolor nace la palabra duelo / con dolor muere la palabra amado / A tu lado camino, compañero / cómo pesa la cruz de tus pesares / Qué preciosa oración decir te quiero / al Dios que descendió de los altares / al Jesús que sonríe en el madero / porque en el paraíso hay un Mijares.
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