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Hasta los 17 he vivido en una casa de alquiler con mis padres y mis 3 hermanos. Dormíamos todos en la misma habitación

Hasta los 17 he vivido en una casa de alquiler con mis padres y mis 3 hermanos. Dormíamos todos en la misma habitación
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  • Publishedjulio 12, 2026



El público en general conoce bien los episodios más populares de Jesulin de Ubrique. Su etapa como torero aclamado en las plazas de toda España y convertido en un auténtico fenómeno de masas, idolatrado sobre todo por una inmensa legión de mujeres.

Sin embargo, detrás del ídolo de los medios que suscitó el delirio en los años noventa, y del rico terrateniente que hoy vive refugiado en la tranquilidad de su finca junto a María José Campanarioesconde una realidad que muchos ignoran: unos comienzos muy duros y una infancia marcada por la supervivencia.

Comprender la magnitud de la figura de Jesús Janeiro Bazán, nacido en Ubrique (Cádiz) un 9 de enero de hace 52 años, resulta imprescindible viajar hasta aquel punto de partida.

Un origen carente de lujos y alejado del papel estucado. El propio diestro desglosó esto cruda realidad durante una íntima confianza en un hotel de carretera de Extremadura al periodista Manuel Román.

Aquella tarde, mientras se ponía el traje ligero para acudir a la plaza de toros, el torero se desnudó emocionado recordando el asfixia infantil.

«Hasta los 17 años viví en un casa de alquiler con mis padres y mis tres hermanos. Una casa que sólo tenía sala, cocina y un habitación grande dónde dormimos todos», dijo el derecho con sorprendente honestidad.

En esa modesta casa, Humberto Janeiro y Carmen Bazán, junto con sus cuatro hijos (Humberto, Jesús, carmen y Vencedor), conformaban un núcleo familiar de seis personas obligadas a compartir no sólo el oxígeno de una misma habitación, sino también la absoluta falta de privacidad.

El hacinamiento era tal que obligó a Jesús a presenciar episodios profundamente incómodos que evidenciaban la crudeza de vivir sin espacio vital.

«Fíjate lo que voy a decirte«, continuaba relatando en aquella habitación de hotel extremeño, «que era yo mayorcito y al vivir así, tan estrechamente, recuerdo haber visto escenas de mis padres en la cama que ya, ya… ¡Vamos, que estaban haciendo el…! ¡Mis padres…! Tenía que agachar la cabeza y meterla bajo las sábanas…».

Esa asfixia espacial era, en el fondo, el reflejo de la asfixia económica. La infancia de Jesús no fue la de un niño normal. La madurez llamó a su puerta antes de tiempo, precipitada por la necesidad de dar de comer a una familia lastrada por los negocios ruinosos de un padre soñador, pero sin éxito financiero.

En este duro contexto, la tauromaquia no irrumpió en la vida del adolescente como una vocación artística o romántica, sino como una salida de emergencia.

Los orígenes de Jesulín de Ubriqe

La capa era su único salvavidas. Arriesgar la vida en los rings era el peaje a pagar para cumplir una promesa inquebrantableSaque a su familia de esa habitación y ajuste las cuentas del patriarca.

La historia posterior es ahora la memoria colectiva del país. A base de coraje, cornadas y un carisma irrepetible, aquel joven que se escondía bajo las sábanas logró amasar una inmensa fortuna y levantar Ambicionesun símbolo de su rotundo éxito.

Hoy, con la perspectiva del tiempo, Jesulin de Ubrique No niega sus orígenes. Aquella casa de alquiler en Cádiz sigue siendo la prueba más rotunda de que su mayor triunfo no fue liderar las filas del toreo, sino conseguir que su familia pudiera por fin dormir bajo su propio techo.



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