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historia, misterio y las mejores alcachofas de España

historia, misterio y las mejores alcachofas de España
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  • Publishedabril 13, 2026



Hace nueve siglos, un judío de Tudela emprendió uno de los viajes más extraordinarios de la historia medieval. Benjamín de Tudela abandonó su ciudad natal rumbo a Extremo Oriente, recorrió casi doscientas ciudades de Europa, Asia y África y, a su regreso, dejó su memoria escrita en el Sefer Massaot –el Libro de los viajes–, obra que lo consagró como el primer gran viajero moderno de la cultura occidental. Hoy, quien llega a Tudela descubre que la ciudad conserva la misma capacidad de asombro que debió estimular su espíritu aventurero: aquí conviven una un patrimonio fabuloso, una gastronomía que es pura poesía vegetal y eco de una historia en la que judíos, musulmanes y cristianos dejaron una huella que aún se siente en cada callejón, en cada piedra y en cada bocado.

A orillas del Ebro, en plena Ribera

Tudela se sitúa en un meandro del Ebro, a medio camino entre Pamplona y Zaragoza, en este territorio de transición donde el verde húmedo del norte da paso a la aridez ocre de las Bardenas Reales. Rodeado de huertos que producen frutas legendarias desde hace siglos, el capital de la ribera Navarra lleva en el río su origen y su carácter.

Vista panorámica de la ciudad de Tudela© Javier García Blanco

Fundada en el año 802 bajo dominación musulmana, Tudela fue durante siglos una de las ciudades más dinámicas del valle del Ebro. Pero es la convivencia de las culturas árabe, judía y cristiana lo que realmente ha forjado su carácter: durante cuatro siglos, musulmanes, judíos y mozárabes compartieron estas calles en una mezcla que dejó un patrimonio artístico y patrimonial sin precedentes. De esta época dorada surgen personalidades que marcarán la historia: el poeta Yehudah Halevi, cuyas elegías a Jerusalén se encuentran entre las cumbres de la poesía hebrea; el polígrafo Abraham Ibn Ezra –astrónomo, gramático y filósofo– al que algunos llaman “el Leonardo da Vinci de Tudela”; y el citado Benjamín de Tudela, cuyo Sefer Massaot Sigue siendo una fuente esencial para comprender el mundo medieval. Cuando los cristianos tomaron la ciudad enriquecieron este patrimonio y lo elevaron en piedra hasta dejarnos una joya del arte peninsular.

Un laberinto de maravillas

la visita a centro histórico de Tudela, declarado conjunto histórico, inevitablemente debería comenzar con Catedral de Santa María. Construida a partir de 1180 sobre la antigua mezquita mayor, combina elementos románicos y góticos en una síntesis declarada Monumento Nacional desde 1884. Sus tres fachadas merecen una serena contemplación: la Puerta de la VirgenEL Puerta Santa María y sobre todo lo espectacular Cobertura de pruebauna obra escultórica excepcional en la que 122 dovelas narran con sorprendente detalle el Génesis y el Juicio Final.

Columna de la Catedral de Tudela© Javier García Blanco
Columna de la Catedral de Tudela
Claustro de la Catedral© Javier García Blanco
Precioso claustro románico de la Catedral

El interior guarda aún más sorpresas. Él claustro románicocon sus capiteles históricos, es uno de los espacios más ricos del edificio, y en su sala judía se conserva una de las pruebas materiales del pasado hebreo de la ciudad: una antigua manta con los nombres de familias convertidas. “De ahí viene la expresión tirar de la manta”, explica la guía Amaya durante los recorridos. Otra joya del templo es la virgen blancauna escultura policromada del siglo XII, de casi dos metros de altura, que permaneció oculta durante siglos, hasta que en 1930 apareció casualmente detrás del altar mayor. El Palais Décanal, anexo a la catedral, alberga el Museo de Tudeladonde una notable colección de orfebrería comparte espacio con una obra atribuida al taller de Jerónimo Bosch: El juicio final.

Altar de la Catedral de Tudela  © Javier García Blanco
Altar de la catedral
Catedral de Tudela © Javier García Blanco
coro de la catedral

A unos pasos, una visita a los palacios de la ciudad revela la prosperidad que vivió Tudela tras la Reconquista. el de Marqués de San Adriánen la calle Magallón, está considerado el mejor palacio renacentista de Navarra: su mural en grisalla con las doce gracias y el soberbio alero de madera tallada atribuido al maestro Esteban de Obray justifican con creces esta reputación. Muy cerca, el Palacio del Marqués de Huarte –sede de la Biblioteca y Archivo Municipal–, tiene una fachada barroca ricamente decorada y una doble escalera imperial que muchos consideran la más bella de Navarra. Completa el triangulo Casa del almirantecuya fachada plateresca es uno de los emblemas más reconocibles de la ciudad.

Palacio del Marqués de San Adrián© Javier García Blanco
Exterior del palacio del Marqués de San Adrián.
Palacio del Marqués de San Adrián© Javier García Blanco
Detalle de las pinturas que decoran las escaleras del palacio del Marqués de San Adrián.

El corazón social de Tudela late en el Plaza de los FuerosEspacio rectangular con balcones continuos y fachadas uniformes construido entre 1687 y 1691 sobre el lecho del río. Queiles. Arenas antiguas, escenario de la Bajada del Ángel durante la Semana Santa y las fiestas patronales en honor a Santa Ana, ningún otro lugar refleja mejor el carácter abierto y vital de los tudelanos. La casa del relojquien preside el espacio, ha sido testigo de toda la historia reciente de la ciudad.

Casa Almirante Tudela © Javier García Blanco
Fachada de la Casa del Almirante.
Casa del almirante © Javier García Blanco
Casa del Almirante.

No muy lejos de allí, el Iglesia de Santa María Magdalena Su esbelta torre románica -una de las pocas que se conservan en Navarra- asoma hacia las aguas del Ebro. Al anochecer, cuando la luz se vuelve anaranjada y su sombra se extiende por las calles circundantes, la imagen roza lo irreal. Desde allí es recomendable acercarse al Puente del Ebro: con sus 17 arcos apuntados y sus 360 metros de longitud, Emblema y escudo de la ciudad desde la Edad Media, ofrece una de las vistas panorámicas más hermosas del centro histórico. Quien quiera ampliar la perspectiva puede subir a Cerro Santa Bárbara –donde se estableció el primer asentamiento de Tudela, luego la ciudadela árabe y más tarde el castillo cristiano– o visitar el Gira por Montrealun edificio defensivo del siglo XIII que alberga desde 2003 el primer cuarto oscuro de Navarra, con proyecciones de 360 ​​grados en tiempo real de la ciudad y su entorno.

Iglesia de la Magdalena © Javier García Blanco
Iglesia de Santa María Magdalena
Iglesia de Santa María Magdalena© Javier García Blanco
Tímpano de la iglesia Sainte-Marie-Madeleine.

La huella del pasado judío – Tudela forma parte de Red de barrios judíos en España– también se ve en los nombres de las calles, como Plaza del Barrio Judío. Benjamín de Tudela recorrió estas mismas calles antes de emprender su viaje, y por ellas pasaron también los descendientes de las familias hebreas que, tras la expulsión de 1492, encontraron refugio temporal en el Reino de Navarra hasta que en 1498 se decretó definitivamente su destierro o conversión forzosa.

Benjamín Tudela © Javier García Blanco
Escultura en homenaje a Benjamín de Tudela.

El jardín que alimentó a tres culturas

Si hay algo que define a Tudela por encima de todo -por cortesía de su catedral y sus palacios- es su huerta. Las vegas que el Ebro ha creado a lo largo de los siglos, en particular la Mejana -esa tierra aluvial donde el río deposita sus mejores regalos-, han producido hortalizas de extraordinaria calidad y sabor desde la época musulmana. Alcachofas con Indicación Geográfica Protegida, borraja con tallo tierno y hoja fragante, cardos con una sutileza que atrae al paladar, cabezas de lechuga de una delicadeza inigualable… La lista podría ser larga, porque en Tudela la huerta es una filosofía de vida, casi una religión.

Esta devoción colectiva toma su expresión más festiva en el Fiestas de verdurasel evento gastronómico más importante de Navarra y el primero de España dedicado exclusivamente a los productos de la huerta. El festival, que comenzó en 1986 como un modesto concurso de sopa, se ha convertido en un evento nacional. Cada año, con la llegada de la primavera, se desarrollan decenas de eventos por toda la Ribera Navarra: rutas gastronómicas con menús y brochetas de verduras, concursos, talleres de cocina, actividades infantiles, degustaciones, maridajes de cervezas… Este año, Las fiestas tendrán lugar del 17 de abril al 3 de mayo.

Imagen multimedia© Shutterstock

Aunque estas fechas son un buen momento para visitar la ciudad, la gastronomía de Tudela se puede –y se debe– disfrutar en cualquier época del año. Las verduras cambian según la temporada, pero siempre hay algo extraordinario en el mercado, en las cartas de los restaurantes, en las brochetas de los bares del centro histórico.

Dos restaurantes ilustran claramente la riqueza del panorama gastronómico local. El primero es treinta y trescon tres generaciones de historia familiar a sus espaldas. Todo empezó en 1952 en un comedor de la estación de Gallur, donde vivía la abuela del actual propietario, ricardo gilcocinaba sus recetas. El padre continuó la tradición y Ricardo la heredó y la elevó a una nueva dimensión: pionero en la creación del primer Menú degustación de verduras españolas, Trabaja desde hace años con su propia red de agricultores locales que cada mañana le suministran los mejores productos de Mejana. El resultado es una cocina que respeta y exalta el auténtico sabor de la tierra: salmorejo con tomates de la zona, pochas de Tudela con compota de codornices, corona de alcachofas fritas con hígado…

El segundo es Topero, el restaurante del chef José Aguado, Tudelano se formó en la Escuela de Hostelería Luis Irizar de San Sebastián y trabajó en las cocinas de Arzak, el Kursaal de Martín Berasategui y el restaurante Rodero de Pamplona antes de regresar a su país natal para abrir su propio proyecto. También aquí las verduras son las protagonistas –alcachofas fritas con guarnición de mejillones y gambas, borrajas con salsa de setas a la plancha, tallos de acelgas tempurados con sus hojas–, pero la carta se extiende a los grandes clásicos de la cocina navarra y vasca: cocochas de bacalao con su pil pil y setas, filete de vaca vieja a la parrilla… Cocina honesta, con productos impecables.que entiende la tradición como punto de partida.

El viaje que nunca termina

Al anochecer, cuando el sol poniente tiñe de oro las piedras de la catedral y el puente del Ebro proyecta su sombra sobre las aguas del río, es fácil imaginar Benjamín de Tudela recorre estas mismas calles antes de iniciar su viaje hacia Oriente. Casi nueve siglos después, la ciudad que lo vio nacer sigue siendo un mundo en sí mismo: un lugar donde conviven la novela y el Renacimiento, donde las huertas nutren el cuerpo y el espíritu, y donde cada piedra tiene algo que contar sobre la convivencia –no siempre fácil– de culturas que se necesitaban unas a otras. Por supuesto, Tudela no es uno de esos destinos que gritan su importancia a los cuatro vientos. Prefiere guardar sus secretos para aquellos que tengan la curiosidad de descubrirlos. Y para quien lo hace, la recompensa es extraordinaria: la sensación de haber descubierto uno de esos lugares que cambia, de forma sutil pero definitiva, la forma de ver el mundo.

El Ebro que atraviesa Tudela.© Javier García Blanco
El Ebro que atraviesa la ciudad.
Mural de arte urbano en el centro de Tudela.© Javier García Blanco
Mural de arte urbano en el centro de la ciudad.
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