humo, ladrillo y un vial sobre la Historia
Oviedo vive un momento estelar: pocas ciudades pueden presumir de ocultar un informe que apunta a posibles restos arqueológicos del palacio de Alfonso II justo en el lugar donde se quiere abrir una carretera de alta capacidad. El PP, siempre diligente en estas tareas, actúa como si la historia fuese un bache más que tapar. Nada que una excavadora no pueda resolver.
[–>[–>[–>El PSOE, responsable de la Consejería de Cultura y Patrimonio, aporta su particular talento: la inmovilidad absoluta. Ni exige excavaciones, ni frena el vial, ni se inmuta ante la ocultación del informe. Una consejería que no protege el patrimonio es como un médico que teme al fonendoscopio: decorativa, pero inútil.
[–> [–>[–>Y en esta coreografía del despropósito irrumpe Gaspar Llamazares, convertido en el trovador del asfalto. El mismo que antaño predicaba participación ciudadana ahora insulta a los movimientos sociales y nos llama «espacio marginal». Qué curioso: la izquierda que se indigna más con la ciudadanía que con el PP. IU, bajo su batuta, ha pasado de fiscalizar al poder a servirle de telonera.
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Su defensa de la operación Calatrava merece capítulo aparte. Comprar las deudas a un fondo buitre con dinero público, perdonarles el IBI y entregar el edificio a una universidad privada. Y Llamazares, lejos de escandalizarse, lo celebra como si fuera un acto de justicia social. Una izquierda que aplaude una transferencia de renta a manos privadas debería revisar si aún recuerda qué significan las palabras «público» y «bien común».
[–>[–>[–>Mientras tanto, el concejal Cuesta se niega a permitir excavaciones arqueológicas preliminares, como si el artículo 323 del Código Penal fuera un cuento infantil. El PP acelera, el PSOE bosteza, IU aplaude, y el patrimonio queda atrapado entre un vial, un fondo buitre y un silencio administrativo que huele a complicidad.
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Lo más triste es que en otras ciudades sí han entendido cómo tratar su memoria. La Fábrica de Armas de Toledo es hoy un campus universitario vibrante, no una moneda de cambio para meter carreteras. Tuve la ocasión de verlo con mis propios ojos. La de Sevilla se ha convertido en un motor cultural, no en un solar para especular ni en un pretexto para levantar mil viviendas. Allí, la historia se integra; aquí se entierra.
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[–>Salvemos La Vega, y muchas ciudadanas insisten en lo elemental: antes de destruir, investiguen; antes de regalar, valoren; antes de insultar, escuchen. Pero PP, PSOE e IU parecen haber encontrado su único punto de acuerdo: la arqueología de la amnesia. Y en esa disciplina, desde luego, son auténticos maestros. n
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