INMIGRACIÓN EEUU | México en vez de Miami: los cubanos huyen hacia el sur tras el regreso de Trump
Desde el túnel de lavado donde José y Ernesto secan y pulen coches de turistas no se ven los grandes hoteles de Cancún. Tampoco el mar, aunque está a escasos kilómetros. En la vecina localidad de Alfredo V. Bonfil —nombrada en honor al líder campesino mexicano— ya nadie cultiva el campo y pocos son mexicanos: entre el pueblo y la costa se interponen la jungla impenetrable y la autopista que va al aeropuerto. Aquí, los recién llegados al país trabajan jornadas exhaustivas de 11 horas, en la trastienda del Caribe.
[–>[–>[–>Estos dos cubanos cambiaron los planes de ir a Miami por la costa mexicana, huyendo de la represión y la miseria del régimen comunista, y porque Estados Unidos, además del bloqueo económico, bloqueó también la salida hacia el norte. «Aún quiero ir a EEUU, pero cuando no esté Trump», resume José, de 43 años, que llegó aquí el verano pasado.
[–> [–>[–>José tardó 28 años en reunir los 5.000 dólares que las mafias le pedían para sacarlo de la isla. «Con un salario de un dólar al día, te demoras más de 5.000 días, teníamos que sobrevivir», cuenta. Para entonces, Trump ya había vuelto a la Casa Blanca y José temió gastarlo todo solo para ser deportado de inmediato. En lugar de eso, tomó un vuelo a Managua, Nicaragua, junto a otros 100 cubanos. Desde allí lo subieron hacia el norte, escondido durante tres días en un coche, atravesando Nicaragua y Honduras. En La Habana dejó a sus hijos con su madre. Les manda dinero y espera poder traerlos algún día. Quizá ya no a México, sino directamente a EEUU.
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Varados
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Con Trump de vuelta en la Casa Blanca y la frontera de EEUU cerrada, la entrada de migrantes en México cayó un 87% en 2025. Sin embargo, crecieron las solicitudes de regularización de quienes, varados, intentan estabilizarse. Y aunque los cubanos representan solo el 8% de los «encuentros migratorios» registrados por las autoridades mexicanas, según la Organización Internacional para las Migraciones, sus solicitudes son las que más han crecido.
[–>[–>[–>El salto se explica en parte por las deportaciones desde EEUU a México de nacionales de terceros países: de 13.000 expulsados, más de 4.300 eran cubanos, el grupo más numeroso. En 2024, solo 487 obtuvieron tarjeta de solicitante de asilo; en 2025, ocho de cada diez demandantes eran ya cubanos. En términos absolutos, la cifra sigue acotada: 3.870 personas esperan respuesta.
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«Lo que más ha aumentado son las regularizaciones y los casos de extranjeros deportados a México que quieren regresar a su país», explica la abogada migratoria Silvia Quevedo. Su despacho, Fidens, lleva actualmente 60 asuntos de cubanos en Cancún, Tijuana y Ciudad de México; solo tres le han dicho que quieren quedarse en el país. «La mayoría espera que se estabilicen las políticas en EEUU para poder volver a intentarlo», añade.
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[–>Nostalgia por Obama
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Ernesto, de 37 años, llegó a México en enero con un visado de turista que ya ha expirado. Se dedica a conciencia a cada coche, y se siente arropado por esta comunidad de cubanos, lejos de casa. Es licenciado en Derecho, aunque en Cuba trabajaba como conductor de guaguas (autobuses) turísticos. Evoca el acercamiento a Cuba del presidente Barack Obama. «Había mucho trabajo. Llegaban cruceros americanos a La Habana», recuerda.
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El espejismo duró poco: «Llegó el señor Trump y revolucionó Cuba; lo deshizo todo». La pandemia del covid 19 terminó de hundir el país. Los apagones se alargaron. Un paquete de pollo puede costar el doble que un salario mensual y los hospitales te piden que consigas tu propio hilo de sutura para poder operarte, explica. «No hay futuro para nadie. Ni para los jóvenes ni para nadie», resume.
[–>[–>[–>Octogenarios deportados
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Para los cubanos que llegan a México deportados por EEUU, volver a empezar es todavía más difícil: sin documentación, sin dinero y sin orientación. «Nosotros no formábamos parte de la ruta migratoria», explica Josué Leal, director del albergue Amparito, en Villahermosa, capital de Tabasco, estado limítrofe con Guatemala.
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Josué alerta de que están deportando a personas muy mayores, tras una vida entera en EEUU. Muchos tienen patologías crónicas y enfermedades graves. Josué cuenta la historia de un hombre cubano, octogenario con Párkinson e hipertensión no tratada y otro con diabetes descontrolada y una amputación. «Estos dos últimos días he estado yendo a citas al hospital, abriendo expedientes para adultos mayores que ahora son nuestra responsabilidad, porque no hay de otra», explica.
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El odio al cubano
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Andrés llegó de Cuba en 2019, antes que la mayoría de sus compatriotas. «No me fui por voluntad propia. Me fui porque la Seguridad del Estado amenazó a mi mamá», cuenta. El aparato del Estado se propuso impedirle terminar la licenciatura: le suspendieron hasta cinco veces los exámenes que llevaba preparados al dedillo. «Me querían callar la boca, pero yo no quería callarme». Cayó en depresión y las crisis de ansiedad lo llevaron al hospital. «Al final, mi mamá prefirió tenerme lejos antes que muerto», resume. Lo sacaron del país en cuanto pudieron.
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Su primera parada fue Nicaragua, pero fue peor. «Veía cómo la dictadura de Ortega actuaba como en Cuba, con sus camionetas grandes metiendo gente para adentro sin explicación», recuerda. Siguió hacia el norte, como seis años después haría José. Y, como él, en México, empezó «lavando carros». Ahora, es albañil en la construcción en la burbuja inmobiliaria incesante de la mal llamada Riviera Maya, nombre fabricado por los turoperadores estadounidenses para vender mejor el producto.
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Andrés estaba preparado para las jornadas extenuantes, lo que no esperaba era la hostilidad hacia el cubano, alimentada por rumores y vídeos virales que los acusan sin pruebas de robos, violaciones, del aumento del precio de la vivienda o de la falta de trabajo. «La gente no entiende lo que pasa en Cuba. Me preguntan por qué me fui si aquello estaba bien. Ustedes son unos malagradecidos, me dicen, les daban educación gratis», dice, y añade: «Muchos han comprado el discurso del régimen».
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«Sin temor a equivocarme, los que más sufren extorsión en México son los cubanos», afirma la abogada Silvia Quevedo, algo que corroboran organizaciones de derechos humanos. Les piden el doble por alquilar un cuarto y sufren secuestros exprés, porque asumen que tienen familia en EEUU que podrá enviarles dinero.
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Imagen de Playa Coral rodeada de sargazo, cerca de Cancún, estado de Quintana Roo (México) / Alonso Cupul / EFE
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Una vida provisional
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Ernesto no quiso tener hijos en Cuba, no en esas condiciones. «Esta conversación allá sería imposible», añade, y se excusa, debe volver al trabajo.
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Ahora, separado de su pareja por el exilio, espera que ella obtenga también visado de turista y pueda al menos visitarlo. A veces fantasea con ir a España, donde tiene un primo con una empresa de logística en Zaragoza, pero ese viaje pertenece a un futuro incierto. El presente le mantiene demasiado ocupado.
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