Inmortalidad fiscal – Anna Grau
Acabo de leer aquí mismo, en estas páginas, dos noticias que, colocadas una al lado de la otra, dan mucho que pensar. Primero vi la noticia de que En Silicon Valley, la fiebre del Industria de la longevidadLa industria de la longevidad. Casi casi inmortalidadporque el marketing dice que lo que proponen es nada más y nada menos que “hackear la muerte”. Para retrasarlo lo más posible, quién sabe si hacerlo opcional… porque ¿quién puede permitirse el lujo de la inmortalidad?
Entonces leo la noticia de que nuestro gobierno siempre creativo pretende dar todas las facilidades –por no decir empujones- a los jubilados para que dejen de serlo, al menos a tiempo parcial, y, oh colmo de la felicidad, conviértete… ¡autónomo! La idea, por supuesto, es pagar menos pensiones y cobrar más cotizaciones. Ya se sabe que decir que el sistema de pensiones está en las últimas es un fuerte tabú. Se sabe desde hace décadas, pero no se puede decir. Y menos ahora.
No me negarán que las dos noticias juntas potencian varios vértigo. ¿Es la idea de que los ricos son físicamente inmortales y los pobres sólo fiscalmente? ¿Vivir más es aceptable para qué sistema? La socialdemocracia enfrenta desafíos formidables a medida que la esperanza de vida se dispara mientras la esperanza de nuestros gobernantes en materia de decencia se desploma. ¿No pagamos por los servicios sino para mantener lubricada la multitudinaria industria política que los gestiona?
Si esto sigue así, a partir de cierta edad la gente tendrá que pensar, como decimos en Cataluña, y decidir si la longevidad es una ganga o una cruz. Si la ciencia nos permite sumar años, pero la política reduce nuestra calidad de vida, ¿qué panorama nos espera? Ser cada vez más dependiente de un Estado que ya no puede con su alma ni con sus promesas?
¿De la redistribución social de la riqueza a la de la longevidad? Cualquiera que haya trabajado por cuenta propia en España, aunque sea cinco minutos, sabe lo que es sufrir y sabe ¿El sentimiento de impotencia de pagar y pagar y pagar qué? Una jubilación «activa» o «flexible», como quiera llamarla, puede estar bien para quienes tienen la inmensa suerte de amar su trabajo. Disfrutar de algo parecido a una vocación. Para aquellos que no han hecho nada más que trabajar duro y sudar para pagar las facturas, prepárense. Que la batalla apenas comienza. Nunca el Estado nos exprimió tanto y nos dejó tan solostan inmensamente solos con nuestra fragilidad. Ese al que parece que le quieren exprimir hasta la última gota.
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