Keiko Fujimori, la hija predilecta que quiere ser presidenta de Perú en nombre del padre
«Como no tienen nada más que decir, me insultan, me atacan». Keiko Sofía Fujimori Higuchi sabe lo que es cargar el peso de sus apellidos. Lo hace no obstante con orgullo, y por eso suele hablar en nombre del padre y su espíritu, aunque buena parte de los peruanos no lo consideren necesariamente un santo. Hija mayor del exautócrata Alberto Fujimori, va más allá de la reivindicación de un pasado, la década de los 90: quiere a su modo reeditarla. Confía en que el cuarto intento de alcanzar la presidencia pondrá fin a una historia electoral de fracasos en la segunda vuelta.
[–>[–>[–>Nacida el 25 de mayo de 1975 en Lima, Keiko, como la llaman sus seguidores, entró al mundo político por la puerta de la urgencia. Sus padres se separaron en medio de un culebrón mediático. Fujimori informó de la destitución de la Primera Dama a través de un mensaje televisado. Ella denunció haber sido secuestrada por Vladimiro Montesinos, el Rasputín del presidente que, al divorciarse, le asignó el lugar institucional de Higuchi a la hija mayor.
[–> [–>[–>Alternó la función de Primera Dama con los estudios en una universidad de Estados Unidos, pagada, según reveló el propio Montesinos ante la Fiscalía de la Nación, con dinero público que administraba el tenebroso Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) a su cargo. A la «niña mimada» de «el Chino«, como llamaban al mandatario, pese a su origen japonés, le tocó presenciar su primavera y el invierno político. El autócrata huyó a fines de 2000 a Japón en medio de grandes manifestaciones en su contra. Comunicó su dimisión a la presidencia a través de un fax. La candidata se graduó en Administración de Empresas, pero el ejercicio de la profesión fue la política y al apellido como emprendimiento empresarial en sí mismo. Keiko extendió el linaje como un blasón en sucesivas elecciones presidenciales a partir de 2011. Perdió ante Ollanta Humala, Pedro Pablo Kuczynski y Pedro Castillo. Ahora quiere revertir esas amarguras frente a Roberto Sánchez.
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Gran influencia
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Con los años, mientras su padre estaba preso por la responsabilidad en graves violaciones a los derechos humanos, fue acumulando experiencia como parlamentaria y gestora del partido que lidera, Fuerza Popular. Se convirtió en la principal figura de la oposición y algo más: logró que el fujimorismo gobernara en los hechos sin ser Gobierno al tener enorme influencia en todos los poderes del Estado. Solo le ha faltado acceder al Palacio Pizarro. Su cuarto intento electoral estuvo cerca de frustrarse porque Fujimori y una treintena de militantes y abogados tuvieron que afrontar un juicio por el caso Odebrecht en 2024, como se llamó la financiación ilegal de la política por medio de una constructora brasileña. El Tribunal Constitucional acudió en su ayuda. El juicio por lavado de activos ha quedado en el limbo.
[–>[–>[–>A lo largo de esta campaña ha exaltado una vez más al padre ausente y se comprometió a seguir su senda en temas económicos y de seguridad. Así como Alberto Fujimori aplicó la «mano dura» contra el grupo armado Sendero Luminoso, ella prometió ejercerla contra la delincuencia que asola las grandes ciudades. «Para derrotar al terrorismo no se necesitó aplicar la pena de muerte, y creo que ahora tampoco. Lo que sí creo es que vamos a tener que salir del Pacto de San José«, dijo sobre los compromisos del país con la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
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Keiko prometió además un Gobierno de «tecnócratas», con los mejores especialistas. «No miraremos el color político». Y además, se ha presentado como la abanderada de la «reconciliación». Siempre sonriendo, con un rictus imperturbable, tan parecido al de su padre.
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